El sentir: Un país quebrado y unido a la vez

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Ilustración Sofía Valenzuela




Sobre su experiencia, habla nuestra lectora Valentina Oliva.

"Es difícil poner en palabras la batahola de emociones y pensamientos que se han venido a la cabeza en esta semana de estado de emergencia y toque de queda. Mirando hacia atrás, el tiempo en el que nuestras vidas se desarrollaban con total normalidad parece estar a años de distancia. Y es que quizás en el fondo sé que esa cotidianidad no volverá a ser como la conocía. El 18 de octubre de 2019 marcó un antes y un después en la historia de nuestro país y hemos visto cómo sectores totalmente opuestos y distantes de nuestra sociedad se han unido por una causa común: dignidad. Se unieron las barras bravas, las regiones, los diversos sectores socio económicos y gremios a tal punto que al parecer nada es imposible. Pero también hemos visto violencia y represión. La injusticia que buscamos combatir se sigue perpetuando a través del abuso de poder de las fuerzas especiales y de los militares al momento de ejercer sus métodos de control. Porque la desigualdad se hace patente cuando en Puente Alto la gente se tiene que organizar entre ellos para poder defender sus casas, mientras que un enorme despliegue de Carabineros detiene una manifestación pacífica en Plaza Italia. Hemos visto y oído montones de información esperanzadora y terrible. Hemos caceroleado hasta que saltan astillas de la cuchara de palo y hemos gritado hasta perder la voz. Y ahora, como si nada hubiese pasado, nos piden volver a la normalidad. ¿Qué normalidad? Ya no existe la normalidad como la conocíamos en una ciudad y en un país quebrado y unido a la vez. El miedo que siento de volver a la normalidad es que toda esta semana haya sido un sueño del que haya que despertar y seguir como si nada. Porque aún queda mucho por seguir luchando. Todavía duele el país en el que vivimos, y retomar la rutina es mantener vivo aquello que buscamos cambiar".

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