El sexo débil: cómo se equipara la fuerza física

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Este no es un artículo para convencerte de que, en realidad, las mujeres no somos más débiles que los hombres, porque puede que de muchas maneras lo seamos. Ellos tienen la testosterona como aliada, una hormona que no solo les da más pelos en el cuerpo, les da también más músculos y hace que sea más fácil desarrollar masa muscular. En la práctica, si un hombre le pega un puñetazo a una mujer, a ella le va a doler bastante más a que si fuera ella quien lo propicia.

No es raro, entonces, que según datos del Instituto Nacional de Estadísticas 1 de cada 3 mujeres sufra algún tipo de violencia, o que, la Corporación Miles, lleve un recuento de 12 femicidios en lo que va del año. Pero, ¿tiene más fuerza quien golpea más fuerte?

"Bajo la piel, las mujeres guardamos una fuente de poder que la ciencia no ha podido entender por completo, y es que somos mejores sobrevivientes que los hombres", declara la periodista científica Angela Saini en la columna ¿El sexo más débil? para el medio inglés The Guardian. Y puede que Saini, quien anteriormente había postulado que nos llamaban el sexo débil porque los científicos históricamente han sido hombres machistas, tenga algo de razón. Claro, si es que no nos limitamos a quien puede golpear más fuerte la mesa de centro.

Sobrevivientes

Las mujeres vivimos, en promedio, cinco años más que los hombres. La comunidad científica no ha logrado dar con el motivo exacto, pero pareciera que los hábitos y la calidad de vida, además de ciertas condiciones cardiovasculares, juegan un rol importante. En 2011 un estudio de The Endocrine Society demostró que en la medida que los hombres envejecen y sus niveles de testosterona disminuyen, su masa muscular también disminuye, problema al que no se enfrenta la población femenina en la misma medida. No es un tema zanjado, pero pareciera que, en el camino, algo estamos haciendo mejor que ellos. Al menos en términos de sobrevivencia.

Pero hay un dato que es anterior a la vejez y que no se puede dejar pasar: En 2008, la Academia Nacional de Ciencia estadounidense publicó que estudiaron cifras neonatales de 15 países del mundo y descubrieron que los niños tienen un 20% más de probabilidades de morir antes de cumplir un año que las niñas. Incluso los números nos acompañan desde antes de nacer: los fetos varones tienen un 60% más de posibilidades de nacer prematuros.

Fortaleza por sobre fuerza

Hace un par de años fui invitada por una marca de belleza a Lago do Junco, en el norte de Brasil, para conocer una cooperativa que cosechaba y comercializaba aceite de babasú. Hablando con la comunidad, les pregunté qué hacían con el dinero que ganaban a partir del negocio, y me llamó la atención que la mayoría de las mujeres invertía en educarse y aprender nuevos oficios, mientras que muchos hombres se fueron del pueblo y abandonaron a sus familias para no volver.

Cuando les pregunté por qué querían aprender más cosas, me contestaban que entendían que era la única forma de darle una mejor vida a su familia. Y no se referían a lujos, sino que a la oportunidad de irse a estudiar para que no tuvieran que trabajar cosechando semillas. Otro punto que me sorprendió fue que las que cosechaban y hacían todo el trabajo de fuerza eran las mujeres, mientras que los hombres se dedicaban al negocio.

Más allá del mundo del babasú, pude sacar dos conclusiones sobre esta comunidad: que las que usaban la fuerza para trabajar eran las mujeres y que no les interesaba tener más o menos que los vecinos, sino que querían tener más para aprender más, y así darle más a los suyos.

Recordé ese viaje hablando con Matías Miranda, entrenador en Acción Crossfit, quien me contaba sobre las diferencias que veía entre hombres y mujeres a la hora de entrenar: "Pareciera que los hombres son más competitivos, siempre buscan ser el macho alfa y levantar más peso que el de al lado, mientras que las mujeres quieren superarse por ellas mismas, no para ser mejor que el resto".

"Ellas pueden resistir más los entrenamientos de fatiga y el dolor muscular, por lo que aguantan mejor los trabajos de repeticiones", explica Matías. "A los hombres también les gusta el trabajo intenso, pero tienen más fuerza que resistencia".

No es de extrañar, entonces, que veamos en algunas de las maratones más intensas a mujeres corriendo embarazadas o al poco tiempo de haber parido. En 2019, para los 42 kilómetros de Boston, una de las carreras más competitivas y difíciles de clasificar, una mujer con ocho de embarazos llegó a la meta pasadas las cinco horas. Hace algunas semanas, en tanto, se llevó a cabo la carrera que califica a los maratonistas estadounidenses a los Juegos Olímpicos, donde la atleta Stefanie Slekies terminó en poco más de tres horas, cuatro semanas después de haber tenido a su hija.

El entrenador de crossfit asegura que si una mujer y un hombre entrenan con la misma intensidad, será el hombre el que, como resultado, se vea y se sienta más fuerte. Pero es la mujer la que va a volver a entrenar al día siguiente, aunque no sea la que obtiene mejores resultados, porque su lucha es con ella misma.

Asimismo, a nivel amateur, los hombres son quienes corren más rápido, pero son ellas las que mantienen un ritmo más constante en las distancias más largas. Y van a la carrera aunque estén embarazadas, sabiendo que no van a ganar y que probablemente van a hacer su peor marca personal. Pero van a haber ido y eso es lo que vale. Porque como plantea Angela Saini, puede que no seamos más fuertes, pero somos las sobrevivientes.

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