Mamá alejada de sus hijos: "El contacto virtual no reemplaza el físico"

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"Hace dos años decidí darme la oportunidad de cambiar completamente mi vida para seguir a mi pareja e irme con él a Texas, a más de 7.800 km de mis tres hijos. Ellos ya estaban en la universidad, unos terminando sus carreras y la menor empezando sus estudios, así que partí sola con la idea de formar una nueva vida en el extranjero pero siempre con la promesa de regresar frecuentemente a Chile y jamás perder el contacto y la relación cercana que tengo con ellos.

Desde que me fui, he tenido la posibilidad de viajar cuando he querido para despertar juntos en nuestro antiguo departamento en Ñuñoa, al punto que, durante estos dos años viviendo fuera, los he visitado todos los meses y mantenemos una comunicación constante por Facetime y WhatsApp.

En un principio, mi aprehensión por verlos regularmente era para asegurarme de que estuviesen bien sin mí. Ellos eran grandes, pero me preocupaba dejarlos solos en una casa haciéndose cargo de todo. Así que cuando viajaba a Chile a verlos, religiosamente una vez al mes, me quedaba una semana para ayudarlos a organizarse en los quehaceres del hogar y para aminorar la culpa que sentía de haberlos dejado por algo que sentía tan egoísta como querer empezar un nido nuevo sin ellos. En dos años, aprendieron a administrar una casa, manejar las finanzas, delegar roles y de esa manera ellos se fueron haciendo más autónomos y yo me fui haciendo menos necesaria.

Porque hubo algo que no cambió nunca, que es el amor profundo que siente una mamá por sus hijos y la necesidad del contacto físico y de estar presente. Por eso cuando se decretó alerta sanitaria a nivel global producto de la pandemia mi mayor temor fue por mis hijos y por no saber cuándo los volvería a ver. Mi último viaje a Chile fue en febrero y ya van más de 90 días en los que no nos vemos ni nos abrazamos. Nunca había pasado tanto tiempo distanciada de ellos y no sé cuánto tiempo más pasará hasta que nos volvamos a ver. Producto del virus los vuelos se encuentran suspendidos y las fronteras de muchos países cerradas hasta nuevo aviso.

Mis dos hijos mayores celebraron sus cumpleaños en cuarentena la semana pasada y no pude compartir ese momento con ellos. Estuve ahí a la distancia. Compré una torta yo también y cantamos juntos por video llamada. Y si bien todo eso ayuda, el contacto virtual no reemplaza el físico. Nada reemplaza el poder tocarlos, acostarse con ellos en las mañanas, cocinar entre todos, salir a caminar o ver series juntos.

Cuando decidí venirme a Estados Unidos conté con su apoyo porque se alegraron por mí. Sabían que era una decisión que me hacía feliz a pesar de que me tocaba dejarlos y que eso me dolía –y me duele hasta hoy– profundamente. Mi hija estará de cumpleaños en julio y con mi marido organizamos sus vacaciones para celebrar con ella en Chile y quedarnos dos meses allá. Arrendamos un lugar por Airbnb y tenemos todo planificado para hacer panoramas y recorrer pero con todo lo que está ocurriendo esos planes cada vez se ven más lejanos.

Yo todavía trato de visualizarme en Santiago, con mis niños en invierno regaloneándolos y haciendo todas las cosas que nos gusta hacer juntos. No puedo ponerme en el otro escenario. En ese de no saber cuándo nos volveremos a abrazar porque la verdad es que nada depende de nosotros".

Carmen Bles (50) es trabajadora social y mamá de tres.

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