Volver a las raíces, la revolución que viene




Pensar en diseño sin un contexto social y cultural es un sinsentido. Así como el diseño se ve influenciado por hechos económicos, políticos, culturales y artísticos, la sociedad y el contexto en el que se encuentra también se ven influenciados por los preceptos del diseño. En los últimos años hemos visto cómo en un mundo altamente globalizado e hiperconectado la diferenciación es una cualidad que se empezó a valorar en todos los ámbitos de la vida. Y, por supuesto, el diseño no es la excepción. La académica y experta en gestión de diseño Laura Novik lo explica así: “Estamos muy habituados a las tendencias, a que todo el mundo utilice los mismos objetos, esté vestido de la misma manera, más o menos con las mismas telas y marcas, por lo general con un tipo de vestimenta y materialidades que no hablan de nada, porque las narrativas son cada vez más homogéneas. En este contexto se da espacio a la posibilidad de que la gente tenga sensibilidades o conecte mejor con productos que tengan una historia propia y, en ese sentido, un textil hecho a mano, una madera tallada de manera artesanal o un cuero con un repujado comienzan a tener un valor altamente diferencial”.

Pero hasta antes de esta pandemia la idea de rescatar ciertos oficios no era del todo masiva. Sin embargo, ahora las cosas se ven de otra forma. “Muchos de los aprendizajes que nos ha traído esta experiencia nos llevan a nuestras raíces, a volver al origen. Quienes comenzaron a hacer cuarentenas extensas volvieron, por ejemplo, a cocinar, a hacer su propio pan. Otros se replantearon la necesidad de cuidar el medioambiente, porque vieron las consecuencias positivas que se producen en la naturaleza cuando los seres humanos dejamos de habitar por un tiempo las ciudades. Si uno observa estos fenómenos, es como que a la fuerza volvimos a mirar hacia atrás porque vimos en esa vida de comunidad, más sencilla, y en su capacidad de ser autosuficientes una opción para salir de esta crisis”, explica el psicólogo Fernando Duarte.

Y es que tiene que ver con mirar las cosas con perspectiva y volver a las fuentes. “Solemos pensar en que las soluciones están adelante y muchas veces es todo lo contrario, están atrás, en nuestras raíces. Me refiero a nuestros afectos, a los vínculos. A la familia. La música que calma, conecta y transporta. Tiene que ver con el arraigo, con aferrarse a un lugar propio, al origen. Y es que previo a la pandemia, donde todo era rápido y desechable, esta crisis vino a ser como un cable a tierra”, agrega Duarte.

Ravi Shankar Ratnam es un gurú indio, líder humanitario y embajador de paz que afirma que cuando partimos de nuestras raíces, de la fuente, florecen todas nuestras otras habilidades espontáneamente. Y es lo que ha vivido durante estos meses el diseñador Cristián González, dueño de la marca Sr. González. “Estas instancias de crisis nos sirven para valorar lo que hay acá, para abrir los ojos y darnos cuenta de lo que somos. Como marca hemos aprendido a trabajar con lo que tenemos en el taller, reinventándonos sin perder identidad. Y creemos que eso es lo importante; aprender y evolucionar”, dice. Cristián es hijo de modista y por tanto creció con ese oficio, viendo de cerca la dedicación que hay detrás de cada molde y prenda. “Por eso siempre he buscado sumarles un relato a mis colecciones, valorar el oficio de la confección, no hacer ropa por hacer”.

Esa visión la comparte el diseñador Christian Palacios, de Ceremonia. Como lo dice su nombre, para él los procesos de diseño y confección son un rito en el que se realiza una producción lenta y con mucha atención a la mano de obra y los detalles. “Si bien trabajamos con tecnología, como impresión 3D, siempre hay una idea y una persona detrás de cada prenda. Desarrollamos procesos artesanales, nunca producciones masivas, y trataremos siempre de utilizar tanto textiles como mano de obra nacionales”, cuenta.

Mirar hacia atrás

El diseñador industrial Alberto Vitelio trabaja en su taller sin horario definido. Se levanta y desayuna con tiempo, sin apuros. “Quienes me conocen saben que la cuarentena no me ha afectado, porque hace rato que hice esa reflexión. Decidí privilegiar esta vida más lenta que te hace darte cuenta de las cosas fundamentales. Me cuestiono comprarme más cosas de las que tengo, si es necesario”.

En ese sentido, Alberto le da un valor al origen como parte de esta nueva forma de vida. Dice que “es un punto fundamental en el trabajo de cada individuo, ya sea artístico o en el área en que esté. Porque todas las personas tenemos pensamientos y gustos distintos que generalmente están formados por algo que los originó, ya sean nuestros padres, nuestra familia, nuestra herencia de rituales o a nivel cultural. En mi caso, mi abuelo y mi padre eran soldadores, y yo aprendí esa técnica y la combiné con mi trabajo. Así conocí la conexión que existe entre la mano, el objeto y la creación. La fabricación en serie, en cambio, tiende a perder la emoción de la conexión humana”.

Esa conexión es la que motiva también a la joyera Margaret Greenhill. Cuenta que gracias a la pandemia tuvo la oportunidad de volver a vivir en medio de la naturaleza. “Poner mis pies entre el musgo, el agua y la montaña ha sido un potente catalizador en cuanto a la forma en que decidí vivir mi vida. Aprendí que ya no importa el lugar en que esté, el trabajo online me permite habitar en donde mi cuerpo y alma anhelan, sin tener que dejar a las personas que amo ni desconectarme de mis afectos. Durante esta cuarentena siento que por primera vez me conecté con mis necesidades y me hice cargo de ellas”.

La joyera Nicole Albagli ha vivido un proceso similar. “Mi oficio nace desde la naturaleza, que es el único lugar al que pertenezco. Siempre recolecté piedras de mar, siento que es un recurso puro, simple y perfecto. Por eso mi propuesta conjuga mi pasión, la naturaleza agreste y el diseño industrial, que es mi profesión. En ella busco poner en valor la belleza desde el origen”, cuenta, y dice que por la pandemia no ha podido ver el mar hace seis meses, lo que ha significado valorizarlo aun más. Como cuando uno tiene algo seguro y luego, de un día para otro, no está. Esa es la reflexión de muchos en estos tiempos, cuando no pueden ver a sus seres queridos y nutrirse de cosas simples.

Bayron Inostroza, desde que fundó su marca Ail Manufacture, en 2014, busca lo mismo: volver al origen. “He tratado de ser consciente y constante con ese trabajo, de demostrar que siempre detrás de un objeto o un producto hay un diseñador, un artesano, un tiempo”, dice. Alberto complementa: “Una de las enseñanzas de esta pandemia es que todos, y también el diseño y el arte, debemos ser mucho más conscientes. No podemos seguir siendo artistas desde nuestro taller o de nuestra casa. Tiene que haber algo detrás, una conexión con lo que pasa a nuestro alrededor y entregar un mensaje”. Y el contexto actual invita a que exista ese mensaje. Aquel que nos dice que es necesario volver a valorar las cosas simples.

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