Twitter vs. Elon Musk: las claves del juicio que viene

Foto: Reuters.

El Tribunal de Equidad de Delaware -instancia judicial en la que Twitter ha demandado al empresario sudafricano Elon Musk por anunciar que no cumplirá con su promesa de compra de esta red social- declaró que ya hay mes para el juicio: octubre. Aquí, los argumentos de ambas partes: un choque de gigantes que involucra prestigiosos estudios de abogados, inteligencia artificial y a miles de bots que viven en la red social.


Aunque por estos días decenas de fotógrafos han paparazzeado al multimillonario Elon Musk con un semblante muy relajado, pasando sus vacaciones en un exclusivo yate que navega las aguas que circundan la isla griega de Mykonos, de seguro ya habrá llegado a sus oídos la noticia: la justicia estadounidense determinó que el dueño de los gigantes tecnológicos Tesla y Space X deberá ir a juicio en octubre para resolver el polémico “asunto Twitter”.

El 12 de julio pasado, la compañía fundada por Jack Dorsey, Evan Williams y Biz Stone hace ya 16 años decidió demandar a Elon Musk, luego de que el empresario sudafricano anunciara, a comienzos de julio, que ya no cumpliría con la promesa de compra de Twitter: un compromiso publicitado con bombos y platillos el 14 de abril de este año, que involucraba una transacción por 44 mil millones de dólares y la intención de Musk de mejorar la red social, hacer desaparecer las cuentas “bot”, mejorar los algoritmos y volverla más atractiva en términos económicos para los inversionistas (él mismo era uno de ellos antes de hacer la oferta de compra).

“Este acuerdo no puede avanzar”, dijo Elon Musk en un tweet el 17 de mayo pasado, cuestionando la cifra que Twitter le había entregado sobre la cantidad de cuentas bot existentes en la red social.

Sin embargo, un mes después -el 17 de mayo- el magnate de 51 años usaba su cuenta de Twitter para acusar que los ejecutivos de esta red social se negaban a mostrar las pruebas necesarias para demostrar su afirmación de que menos del 5% de las cuentas eran falsas. Según Musk, esa cifra llegaba al 20% e incluso podrían ser más. “Este acuerdo no puede avanzar”, escribió, sin que antes Twitter demostrara que sus estimaciones eran reales.

Como Twitter declaró que ya se le había entregado toda la información necesaria, el 8 de julio pasado Musk anunció que se retractaba definitivamente de su intención de comprar la compañía. El problema es que, según Twitter, las cláusulas del contrato de promesa de compra no contemplan el poder rescindir el contrato por las causas expuestas por Elon Musk. Es más: en caso de que la operación no se concrete, el acuerdo estipula que Musk deberá pagar 1.000 millones de dólares a modo de indemnización. Sin embargo, Twitter cree que esa cifra debiera ser mucho más alta, que el magnate debe cumplir su promesa, y pronto, ya que cada día que pasa, dicen los abogados de la empresa, sus acciones se desvalorizan ante un escenario incierto.

En un principio, los abogados de Elon Musk pidieron la fijación del juicio para febrero del próximo año, con el fin de reunir evidencia que demostrara que la alta cantidad de cuentas bot de Twitter eran realmente un impedimento para concretar el negocio. Twitter, por su parte, quería que la audiencia fuera en septiembre.

El martes pasado, la jueza Kathaleen McCormick, del Tribunal de Equidad de Delaware -Estado que concentra una parte importante de las grandes empresas estadounidenses, ya que su política de impuestos les favorece- determinó que el proceso se llevará a cabo en octubre, durante cuatro jornadas, en una fecha que está por definir y que dependerá del acuerdo entre el tribunal y los abogados litigantes: dos de las firmas más importantes y ricas de Estados Unidos.

Twitter: 1 - Elon Musk: 0 (por ahora).

Anatomía de un escándalo

Ofrezco comprar el 100% de Twitter por US$54,20 por acción en efectivo, una prima del 54% respecto al día anterior a que comenzara a invertir en Twitter y una prima del 38% respecto del día anterior a que se anunciara públicamente mi inversión. Mi oferta es mi mejor y definitiva oferta y si no es aceptada, tendrá que reconsiderar mi posición como accionista. Twitter tiene un potencial extraordinario. Yo lo desbloquearé.

Esta es parte de la carta-oferta que Elon Musk le hizo llegar en abril pasado a Bret Taylor, presidente de la junta directiva de Twitter. El empresario -que cerró en 2020 el departamento de relaciones públicas de Tesla precisamente porque los periodistas, si querían hablar con él, podían contactarlo directamente a través de la red social- anunciaba grandes planes para la compañía; entre ellos, quintuplicar las ganancias, reducir en un 50% la dependencia de los avisos pagados y llegar a 931 millones de usuarios para 2028.

Luego del anuncio de demanda de Twitter hacia Elon Musk, las acciones de la red social bajaron en un 6%.

Para trabajar en todas esas áreas, dice hoy Musk, la credibilidad de la red social es fundamental; de ahí que considere válido su cuestionamiento sobre la cantidad de cuentas bot que Twitter dice tener. “Desde que se firmó el acuerdo han sido revelados nuevos hechos que ponen en duda las afirmaciones de Twitter ante la SEC de que menos del 5% de sus cuentas son falsas o spam”, ha dicho sobre lo informado por la red social, junto con poner en duda la forma en que los analistas de Twitter identifican las cuentas falsas, haciendo una prueba con 100 cuentas diarias -a juicio de Elon Musk, una cantidad demasiado baja- en vez de usar un sistema de rastreo mediante inteligencia artificial.

El abogado de cabecera del sudafricano, Alex Spiro, también ha dicho que Twitter se ha negado a los requerimientos de información por parte de su cliente.

Twitter, por su parte, se defiende alegando que todos los datos a su disposición, e incluso información sin procesar, se ha puesto a disposición del dueño de Tesla, por lo que no existe ninguna conducta fraudulenta o de mala fe que pudiera afectar la promesa de compra. Es más: acusan que Musk, a través de distintos tweets, se ha dedicado a autoboicotear su decisión con el fin de desprestigiar a la compañía.

En distintas columnas de opinión publicadas en medios como The New York Times o The Washington Post, analistas judiciales hablan de “un caso agudo de remordimiento” por parte de Elon Musk: el empresario se habría arrepentido de “casarse” con Twitter luego de que tanto las acciones de la red social como las de Tesla bajaran luego del anuncio.

Ese es el principal asunto a resolver en el juicio que enfrentará a ambas partes en octubre: ¿Aceptará la justicia el argumento de Elon Musk (es decir, considerar que Twitter ha incurrido en una acción perjudicial para Musk al entregarle la información sobre las cuentas bot) o determinará que, por lo bajo, deba pagar la indemnización a Twitter por 1.000 millones de dólares?

Duelo de titanes

El asunto, por cierto, trasciende mucho más allá las fronteras concernientes a los involucrados directos. Para comprar Twitter, Elon Musk -dueño de una fortuna de más de 200 mil millones de dólares, lo que lo convierte en el hombre más rico del mundo- ha debido pedir unos 25 mil millones a distintos bancos, quienes ahora dudan de si es conveniente ser parte de una transacción que el mismo titular del préstamo no quiere realizar. Incluso si ellos echaran pie atrás, si la justicia determina que la promesa de compra debe concretarse, Musk deberá conseguir a otros financistas.

Parag Agrawal, CEO de Twitter, le ha encargado a los abogados de la compañía llegar hasta el final; es decir, conseguir que Musk cumpla su compromiso de compra.

Sin embargo, nada está dicho ni cerrado. Ambas partes tienen poderosos estudios de abogados que los representan. Wachtell, Lipton, Rosen & Katz, firma especializada en derecho comercial y la más rentable de Estados Unidos, es la encargada de defender los intereses de Twitter. Ellos tendrán que ejecutar la misión encargada por el CEO de Twitter, Parag Agrawal: demostrar que la compañía sí entregó la información correcta sobre las cuentas de spam a Musk; sin embargo, el empresario sudafricano, con el paso de las semanas, fue haciendo peticiones “progresivamente irracionales”, como consta en el documento de la demanda. También se encargarán de hacerle ver a la justicia que Elon Musk, durante los meses antes de anunciar que se retractaría del compromiso, se dedicó a devaluar a la compañía por medio de distintas declaraciones, y tampoco hizo mayores esfuerzos por llegar a un acuerdo.

Por su parte, Skadden, Arps, Slate, Meagher -que el año pasado facturó más de 3.000 millones de dólares- tendrá como misión demostrar que Elon Musk no quiere rescindir el contrato de forma voluntaria, sino porque Twitter no le ha entregado información contundente sobre la cantidad de bots que dicen tener.

Qué ocurrirá en octubre es, por ahora, parte importante de las especulaciones de los medios de comunicación en Estados Unidos y en el mundo. Yair Listokin, vicedecano de la Facultad de Derecho de Yale, y Jonathan Zytnick, profesor del del Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown, publicaron hace unos días una columna en The New York Times donde afirman que, de seguir la tónica de la justicia de Delaware -especializada en derecho comercial y litigios entre empresas- Elon Musk deberá finalmente comprar Twitter: “Al ordenar al Sr. Musk que cumpla con los términos del contrato, el tribunal puede crear estabilidad y certeza para los futuros participantes en los contratos de fusión, al mismo tiempo que les da a las partes de este acuerdo espacio para negociar su salida si ambas ya no quieren seguir adelante con el acuerdo”, dice la columna.

Ambos creen que los mil millones de dólares de indemnización acordados en el contrato no alcanzarían para compensar a Twitter por el daño causado, y aunque es posible que ambas partes puedan llegar a un acuerdo intermedio que les permita seguir caminos separados, “a la luz de la evidencia que el mercado ha aplaudido en el pasado, el tribunal debería ordenar al Sr. Musk que cumpla el contrato que diseñó”, sentencian.

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