Industria de la moda sufre por la pandemia y se abre a cambios

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Ilustración: César Mejías

En Chile, los desfiles casi no han existido este año y el diseñador Nicanor Bravo es tajante: “Nuestra industria murió y no va a revivir por un tiempo más”. Pero en el mundo ven cambios sustantivos y permanentes. La diseñadora Lupe Gajardo vaticina un futuro sostenible.


Una escena que no fue: la diseñadora Lupe Gajardo quería celebrar 10 años de carrera con 1.500 invitados en la Factoría Italia, importantes marcas se habían sumado al evento, que tendría a 48 modelos en la pasarela. Programado para el 17 de marzo pasado, el festejo se canceló tres días antes, como un antesala a la crisis que la industria de la moda vive en Chile debido a la pandemia mundial.

Gajardo, quien también es vicepresidenta de Moda Chile -gremio que reúne cerca de 25 diseñadores de autor-, asegura que la situación para ellos venía “bastante compleja” desde el estallido social octubre, dadas las características de la moda: “El estallido fue duro para el rubro, porque se empieza a hablar de cosas esenciales, de valores, de consumo consciente, donde en general la moda queda generalmente ajena”.

Nicanor Bravo, diseñador argentino de alta costura con casi 20 años en Chile y uno de los favoritos de las celebridades, es tajante: “Nuestra industria murió y no va a revivir por un tiempo más”. Conocido por vestir a personalidades de la televisión chilena y también por participar como comentarista de la Gala del Festival de Viña del Mar, viene sumando una serie de cancelaciones de los eventos nocturnos que producían ingresos económicos: en la gala de los Copihue de Oro debía confeccionar dos vestidos, pero la alfombra roja se canceló y este viernes los premios se harán de modo austero y por streaming. En febrero pasado, la gala del Festival también fue cancelada por protestas ciudadanas. Y él dice que las cancelaciones también han sido de fiestas, premiaciones y matrimonios, que se han suspendido o han sido austeros.

En el caso del diseñador Sebastián del Real Ossa, desde el 16 de marzo que está sin trabajar. Momentáneamente, dejó de producir la colección otoño-invierno que pensaba lanzar y, si bien ha podido vender algunas prendas a través de internet, no ha sido suficiente. En algún minuto, pospusieron la cuarentena obligatoria en Ñuñoa, la comuna donde tiene instalado su taller, volviendo a trabajar, sin recibir clientela. “Ha sido bien complejo retomar, no se ha podido de frentón. Además, trabajo con gente mayor de edad, me parecía ridículo exponerlos a todo lo que está pasando”, sintetiza.

El escenario actual, con el distanciamiento social como medida principal, le impide llevar a cabo la rutina que tiene para confeccionar trajes: “Lo que me gusta es que la prenda destaque todo lo que tiene que destacar del cuerpo de la persona, y que esta se sienta lo más cómoda posible. Siempre va a haber algún contacto físico tomando con alfileres, tomando medidas, en directo contacto con las clientas y eso ahora es imposible”.

Buscando opciones

En términos económicos, cada diseñador ha buscado fórmulas para seguir trabajando. Lupe Gajardo comenzó en 2012 la proyección de su marca, por lo que los últimos tres meses ha seguido confeccionando para clientes internacionales. “He tenido ventas importantes en el exterior”, señala, apuntando a que “en septiembre” pueda reactivar su negocio, con la posible vuelta periódica de la vida nocturna.

Nicanor Bravo también ha buscado reinventarse, confeccionando mascarillas con el material que quedó en su taller y vendiendo ropa de marca, aunque ante su carrera de 30 años dedicados a la alta costura, frente a su situación actual, le hacen sentir un futuro “deprimente”. Incluso, para dar visibilidad a su marca, facilitó vestidos a “Bailando por un sueño”, programa de Canal 13 recientemente cancelado. Si bien no fueron utilizados ante las cámaras, el diseñador explica que el acuerdo con la producción fue solo por canje. “No creo que los diseñadores de la industria en alta costura se puedan reinventar, porque tampoco tienes una fábrica para hacer ropa más común y tampoco dan los números para hacerlo. Realmente, está bien complicado”, resume.

El coronavirus ha trastocado a la industria de la moda a nivel mundial. Gucci abandonó el concepto de temporadas, luego de que la casa italiana consideró que el calendario de pasarelas es un “ritual agotado”. Alessandro Michele, el director creativo de la marca, anunció que harán solo dos desfiles al año de colecciones que no serán estacionales.

Una definición de principios que también siguió Giorgio Armani, quien en febrero, durante la jornada final del Milan Fashion Week, que se hizo sin invitados, hizo una fuerte crítica del sector: “Estoy cansado de que me pregunten por las tendencias del momento. Las tendencias no son nada, no deben existir. La cosa más importante es vestir a las mujeres hoy evitando el ridículo, no discutir ‘qué cosa está de moda’. Dejemos de ser víctimas de este sistema”.

Cartas en el asunto

Para Sebastián del Real, la crisis de la moda era algo que “se venía venir”, ante un cambio de consciencia frente al consumo, siendo el tema medioambiental el que resuena en en la industria. “Había que tomar cartas en el asunto y las marcas no tomaron muchas decisiones hasta que vino la pandemia”, asegura. La industria de la moda produce alrededor de 1.200 millones de toneladas de emisiones de carbono al año, y durante algún tiempo ha estado bajo una enorme presión para ser más sustentable.

“La moda juega un papel representativo, porque la industria con el fast fashion y el retail, que ahí sí hay cifras, se evidencia que la gente está entendiendo que su decisión de compra tiene consecuencias y tiene poder”, dice Lupe Gajardo, viendo además que este período de cuarentena, si bien va a significar ralentizar el trabajo en términos económicos, a futuro podría ser más sostenible: “A nosotros, los diseñadores más chicos, nos otorga una oportunidad súper grande de más opciones frente al retail, porque nos puso la pata durante muchos años y todavía sigue. Eso es lo que va a cambiar, un consumo más consciente”.

Ambos diseñadores ven en la moda lenta o circular la opción para continuar en el oficio, donde van a primar dos temporadas al año, con propuestas atemporales de manera que la ropa no caduca, dando espacio a un closet inteligente. “Uno no necesita tanto para estar bien”, señala Ossa, explicando que mientras los compradores tengan una cantidad de prendas que sean combinables entre sí, estos mismos ayudan a que “la industria se detenga un poquito y se preocupe de generar más que productos de moda, sino a generar productos de calidad”.

Además, el diseñador hace hincapié en que con las cuarentenas, la gente está privilegiando un estilo de vida más cómodo, en la que si bien prima el uso de buzos o ropa más holgada de la cintura hacia abajo, la nueva forma de presentarse por videollamada está en los tops, chaquetas, abrigos, blusas o poleras, siendo esa lista de prendas una opción para que diseñadores puedan seguir vistiendo ante la nueva normalidad.

Mientras en Chile la industria aún no ve fechas ni posibles formas de seguir con la alta costura a través de internet, instituciones como la Camara della Moda en Milán ha confirmado que pretende que se realicen los desfiles de forma virtual en verano, convirtiéndose en la segunda pasarela en celebrarse en formato online si se lleva a cabo. Por ahora, acá, la moda seguirá en tiempo de transición.

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