El turbulento aterrizaje de Allamand

En los casi dos meses que lleva como canciller ha tenido que tomar varias definiciones. Ahora le toca zanjar la postura definitiva del gobierno respecto al Acuerdo de Escazú, en donde su apuesta, dicen en el gobierno, es que se firme con declaraciones interpretativas.




Solo habían pasado unas horas desde que concedió sus primeras entrevistas como canciller, cuando el lunes 17 de agosto Andrés Allamand recibió un llamado telefónico del Presidente Sebastián Piñera. “Que cada cual exprese su punto de vista, pero no me gusta que se extiendan en argumentaciones”, le dijo Piñera al exsenador. En ese diálogo, que duró unos minutos, el Mandatario discrepó en que profundizara en su postura en favor del Rechazo de cara al plebiscito del próximo 25 de octubre.

Si bien hasta ese entonces era conocido que Allamand era uno de los rostros del Rechazo, una de las instrucciones que dio el Jefe de Estado cuando arribó al gabinete era que se mantuviera la prescindencia respecto a referéndum, no obstante, el exparlamentario había dicho el día anterior que “el Apruebo es un camino que genera enorme incertidumbre”.

El tema provocó incomodidad en el gobierno, ya que la idea era evitar cualquier tipo de fricción al interior del gabinete. De hecho, ese malestar Piñera lo transmitió al comité político y terminó desembocando en una instrucción oficial para que los secretarios de Estado, si bien pudieran manifestar su postura, no la defendieran.

En el entorno del canciller, en todo caso, desdramatizan el episodio y dicen que fue algo propio de la relación Piñera-Allamand, quienes en privado se tratarían por sus nombres y con menos formalidades.

Así partió el arribo de Allamand a la Cancillería, el que ha sido turbulento debido a que ha tenido que ir tomando una serie de definiciones. En la primera reunión bilateral que tuvo con Piñera trazaron la hoja de ruta que va implementar la cartera en los meses restantes que quedan de gobierno, la que tiene al menos nueve ejes: la relación con los países vecinos, el fin de las presidencias de Chile en Prosur y Alianza del Pacífico, fortalecimiento agenda comercial, conectividad digital, retomar giras presidenciales, fortalecer imagen país y la posición respecto a candidaturas internacionales.

Primeras definiciones

Marcando un inmediato contraste con su antecesor Teodoro Ribera, quien era de la idea de que Chile no hiciera pública su postura, Allamand instó -junto a su par de Hacienda, Ignacio Briones- a Piñera a abordar públicamente que el gobierno era partidario de postergar las elecciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), argumentando que existe una tradición de que el presidente de ese organismo sea latinoamericano. Una definición que oficializó el 6 de agosto durante una sesión de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

De esta manera, el gobierno tomaba distancia del candidato de Estados Unidos, Mauricio Claver-Carone. Hasta ahí estaba todo bien. Piñera estuvo de acuerdo y se avanzó en esa línea. Sin embargo, Allamand fue un paso más allá y cuestionó públicamente a Claver-Carone luego de que éste criticara la decisión de Chile.

“Las agresivas declaraciones del señor Claver-Carone confirman que su elección sería muy inadecuada”, dijo Allamand el 11 de agosto. Sus dichos no cayeron bien al Jefe de Estado, porque, a su juicio, se había cruzado una línea al criticar directamente al candidato de Donald Trump, lo que podría traer repercusiones en las relaciones entre ambos países.

Pero más allá de ese hecho puntual, la estrategia de Chile se terminó complicando y la apuesta de Allamand falló. Esto, porque finalmente no hubo respaldo para aplazar esas elecciones, las que se terminaron realizando ayer y en las que Chile se abstuvo.

Si bien la estrategia fue respaldada de manera unánime por excancilleres de la centroizquierda y varios otros actores internacionales, algunos diplomáticos quedaron resentidos y calificaban en privado el episodio como un error, en el que se hizo quedar al país “solo y expuesto”. “No supimos leer la situación y se quiso caer bien a la oposición”, dice uno de ellos.

El dilema de Escazú

El miércoles en la tarde, un día después de exponer ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Allamand se reunió con Piñera; su par de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, y el asesor de asuntos internacionales del Presidente, Benjamín Salas, para intentar zanjar qué harán respecto del Acuerdo de Escazú, cuyo plazo para firmar se vence este 26 de septiembre, según lo establece el artículo 21 del tratado.

El gobierno decidió no firmarlo en 2018 -pese a que habían sido impulsores del tratado-, lo que generó un flanco de críticas desde movimientos medioambientales y la oposición, quienes han presionado para que Chile suscriba al acuerdo. Hasta ahora, Allamand ha dicho que el Ejecutivo mantiene su postura y que están trabajando en un documento para justificarla. Sin embargo, en privado, según fuentes de gobierno, el canciller ha impulsado la idea de firmar el acuerdo con declaraciones interpretativas.

De esta manera, Allamand apuesta a descomprimir las relaciones con sectores de la oposición y marcar un contraste con sus antecesores. Sin embargo, en la Cancillería recalcan que él solo ha instado a evaluar todas las alternativas a fondo para tomar una mejor decisión.

En la cita con Piñera, el canciller planteó su idea e incluso, según fuentes de gobierno, deslizó una apuesta aún más jugada: que se hagan las declaraciones y que se intenten que estas sean incorporadas al mismo tratado.

El viernes, de hecho, el canciller se reunió con el consejo de exministros de RR.EE. Ahí, volvió a exponer la postura del gobierno y varios de los presentes se quedaron con la sensación de que Allamand estaba haciendo las últimas jugadas para convencer al Mandatario de firmar el acuerdo. Sin embargo, el Jefe de Estado estaría con dudas, al igual que Medio Ambiente. Esto, porque, dentro de los análisis, comentan en el gobierno, ha surgido el riesgo de que tras firmar con declaraciones interpretativas podrían acusar a La Moneda de suscribir un pacto con “letra chica” o de darse una “vuelta de carnero”.

“Allamand se ve muy seguro, sin embargo, está aprendiendo que el canciller depende del Presidente y que hay decisiones en las cuales si se discrepa, uno se calla. Si fuera por Allamand, lo de Escazú se firma”, asegura un excanciller.

En este escenario es que en la Cancillería recalcan que hasta el momento solo 21 países han firmado el acuerdo y solo nueve de ellos lo han ratificado, y se requiere de 11 para que entre en vigencia. Y, ante el complejo contexto de realizar declaraciones que, a juicio del gobierno, resguarden los intereses del país, es que están trabajando en el texto para justificar su negativa a firmar, el que contempla argumentos adicionales a lo que se han expuesto hasta ahora, entre ellos, que con la ratificación del tratado los cambios en la legislación ambiental chilena imponen cambios fundamentales como la procedencia de mecanismos de participación ciudadana; y el peligro de interpretación excesiva de los tribunales de justicia.

Como sea, esta semana el gobierno espera comunicar públicamente su postura definitiva.

Giras presidenciales

En medio de las definiciones más estratégicas que ha tenido que tomar, el canciller también arribó al gabinete con una idea clara: la intención de retomar la agenda internacional del ministerio y del Presidente Sebastián Piñera.

Para eso, ya lleva varias conversaciones con el Mandatario planificando giras a partir de este año, después del plebiscito. Esto, siempre y cuando la pandemia del Covid-19 lo permita. Lo cierto, afirman en el gobierno, es que -en el marco de los 50 años de las relaciones diplomáticas entre Chile y China y del proceso del cable de fibra óptica- Allamand tiene la idea de que la primera gira sea al gigante asiático y a Vietnam, países con los que buscan profundizar sus relaciones comerciales.

Para el próximo año, en tanto, se está pensando en un viaje a Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y la India. En estos últimos dos destinos se busca cerrar un acuerdo y un tratado de libre comercio, respectivamente.

De igual manera, se busca que uno de los últimos viajes de Piñera sea a Glasgow para participar de la Cop26. Para Allamand, afirman en el gobierno, es clave que, de concretarse, durante estas giras se contribuya a restablecer la imagen país de Chile, fuertemente golpeada tras el estallido social por las múltiples denuncias de violaciones a los derechos humanos y también por la decisión de suspender eventos internacionales como la Cop25 y la Apec.

En esa línea, la narrativa que está trabajando la Cancillería es en base a tres pilares : que Chile tiene una trayectoria de éxito; que es un país de alto capital institucional y que tiene una vocación internacional.

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