Ignacio Walker: “El 11 de marzo empieza nuestra travesía por el desierto, sin amarres”

El senador explica que hoy no es tiempo de pensar en coaliciones y que, por el contrario, la DC “tiene que marcar con fuerza su propia identidad”. Además, dice que su partido debe actuar a futuro “sin complejos ni izquierdistas ni derechistas”.


En medio de los preparativos para iniciar sus vacaciones, el senador Ignacio Walker se da unos minutos para conversar con La Tercera. Reconoce que la DC se encuentra en un momento difícil, pero hace un llamado a debatir las ideas desde adentro, tomando distancia de quienes hoy se encuentran en un proceso de “reflexión” para definir su continuidad en la Democracia Cristiana.

¿Cómo evalúa la última Junta Nacional de la DC?

La Junta Nacional de la DC partió muy bien, con un muy buen discurso con Myriam Verdugo y terminó muy mal, forzando artificialmente las cosas a las 12 de la noche con 290 delegados presentes que tuvieron que votar entre dos propuestas que no eran contradictorias. Faltó voluntad de las dos partes para convenir en un acuerdo conjunto y faltó también un poco de acción partidaria para hacer aquello posible.

Algunos han cuestionado la validez del voto político.

A mí no me gusta pronunciarme sobre la legalidad, porque estos temas son políticos y hay que resolverlos políticamente.

El sector progresista interpreta el voto político como una definición para llegar a eventuales acuerdos con el PC y el Frente Amplio…

La Democracia Cristiana tiene que conversar con todo el mundo, de gobierno o de oposición, de derecha o de izquierda, por lo que no podemos plantear nuestra política ni con vetos ni con exclusiones. Ese es un tema casi de principios. Ahora, yo quiero ser muy franco. A partir de la experiencia más reciente y de los desafíos a futuro, no vislumbro una alianza ni con el Partido Comunista ni con el Frente Amplio, porque no cumplen con las exigencias y estándares para una coalición política. Pero eso no impide que podamos conversar, una cosa distinta son los acuerdos electorales. Lo hemos hecho permanentemente y eso se puede hacer con el PC y el Frente Amplio, porque de lo contrario la derecha ganaría los 16 gobernadores en Chile el 2021. Pero insisto, es un acuerdo electoral que siempre tiene que tener una dosis de pragmatismo.

¿Comparte la decisión de Gutenberg Martínez de iniciar un período de reflexión para definir su continuidad en la colectividad?

Yo estoy en un estado constante y permanente de reflexión, pero no me voy a ir de la DC. La Democracia Cristiana ya ha enfrentado momentos democráticos en el que ha estado a punto de disolverse. Sin embargo, tuvo la fortaleza de salir adelante. Sufrimos la ruptura del MAPU en momentos de mucha izquierdización y polarización en la política chilena y supimos sobrevivir. Sufrimos la ruptura de Adolfo Zaldívar y el PRI el año 2008 y también supimos sobrevivir.

¿Qué consejo le daría a los que están pensando en renunciar?

Que hay que dar la pelea por dentro, porque las bases doctrinarias de la DC están vigentes, y porque tenemos una historia notable de 80 años. Y, por lo tanto, tenemos que reponer la convivencia interna, saber reaglutinarnos como partido político y tratar de marcar un liderazgo hacia el futuro, sin complejos ni derechistas ni izquierdistas ¿Cuál es nuestro domicilio político? La Democracia Cristiana.

Pero, en lo práctico, la DC hoy tiene menos peso político. En ese sentido, ¿el partido podría subsistir por sí solo?

Se puede caminar y mascar chicle a la vez. Me explico, yo fui presidente de la Democracia Cristiana en 2010. Subimos de 19 a 22 diputados y nos transformamos en la primera fuerza política nacional. Al mismo tiempo, empezábamos a formar la Nueva Mayoría, y por qué lo hicimos, por dos razones. Primero, porque nuestro lema fue identidad sin complejos y segundo, porque propusimos una gestión con todos y para todos, sin excluir a nadie internamente. Y, por lo tanto, tenemos que reflexionar qué paso con el partido en los últimos tres años. Y lo que yo constato es que los dos últimos presidentes, Carolina Goic y Jorge Pizarro, terminaron renunciando indeclinablemente a la presidencia del partido. Entonces, algo está fallado aquí a nivel de conducción partidaria que nos tiene sumidos en una crisis de convivencia interna y que nunca tendría que haber tenido lugar.

Le reitero la pregunta senador: ¿la DC puede subsistir por sí sola?

Este no es un tema del camino solo, porque el camino propio nunca ha significado eso. Siempre hemos sido parte de los acuerdos electorales y de la construcción de coaliciones políticas, porque tenemos una vocación de mayoría y una vocación de gobierno. Y lo que viene, es marcar con fuerza nuestra propia identidad. No tenemos que tenerle miedo a cruzar el desierto, si entendemos cada vez más el frío de nuestra propia desnudez. Vamos a ser oposición, pero con nuestra propia identidad, tenemos que recobrar fuerzas. Y cuando definamos ello, en dos o tres años, ahí empezaremos a plantearnos el tema de las alianzas y coaliciones políticas.

El senador Patricio Walker dijo que la DC puede llegar perfectamente a acuerdos programáticos con Chile Vamos ¿Coincide con él?

Las directivas de la DC y de RN, en enero de 2012, suscribieron una declaración pública en favor de la descentralización, en favor del semi-presidencialismo y en favor de sustituir el sistema electoral binominal por uno de representación proporcional. Eso es un ejemplo de que tenemos que saber conversar y buscar acuerdos con todas las fuerzas políticas, pensando en Chile y contribuyendo a perfeccionar proyectos de ley en lo que Alejandro Foxley acuñó como la “segunda transición”. Pero que nadie se equivoque, la DC va a ser un partido de oposición, como dice el voto político, “fiscalizadora y propositiva”.

Usted señaló que un gabinete de Piñera “va a corregir y simplificar” las reformas y que “habrá más crecimiento”, recibiendo críticas de otros dirigentes de la Nueva Mayoría.

Todo gobierno es una mezcla de continuidad y de cambio. Lo que yo veo es que este gobierno va a tener más elementos de continuidad de lo que se suele aceptar. El presidente electo Sebastián Piñera y los ministros designados han dicho que no habrá retroexcavadoras, que no van a empezar de cero y que no habrá borrón. Y de eso nos deberíamos alegrar todos. Por eso, también espero que ojalá hayamos aprendido la lección. ¿Cuál es? El infantilismo progresista y la desmesura refundacional del primer tiempo nos pasó la cuenta en diciembre y la derecha nos ganó por diez puntos. Entonces yo digo, aprendamos la lección, Chile no se reinventa cada cuatro años, incluso en un contexto de alternancia en el gobierno.

¿Cree que este nuevo gobierno podría ser un aporte para el país?

Yo diría “wait and see”. Veamos lo que nos depara este gobierno, porque ni siquiera ha asumido y no sabemos cómo va a ser .

¿La DC debe confluir en algunas materias con el futuro gobierno?

Por supuesto que sí, evidentemente que sí. Especialmente en materia de proyectos de ley que apunten en la dirección correcta, proyectos que siempre se puede mejorar, perfeccionar o modificar, tal como lo hicimos con este gobierno.

¿Cómo ve el ingreso de Provoste, Huenchumilla y Rincón a la bancada DC en el Senado?

La palabra progresista debe ser de las más usadas y abusadas de la política y para qué decir de la palabra disidencia, que es como para ponerse a llorar, porque la disidencia es propia de los regímenes totalitarios y no de los países democráticos. Dicho lo anterior, la bancada con los nuevos senadores será un gran aporte al igual que los nuevos 14 diputados.

¿Cree que la DC puede correr el riesgo de dejar de ser un partido de centro?

A mí me gusta la definición que ha dado Alberto Undurraga, de recuperar el centro en diálogo con la centroizquierda. Ser o no ser de centro no me quita el sueño. La DC es mucho más interesante que eso, por eso yo prefiero la definición “más allá de derechas e izquierdas”, que fue proclamada por los falangistas el año 38’. Pero evidentemente que cuando hay más de 20 partidos políticos de izquierda, como en el Chile de hoy, 14 de ellos del Frente Amplio, 6 de ellos de la Nueva Mayoría, más el PRO, más el País y no sé qué, llamarse de centroizquierda tampoco contribuye mucho a clarificar las cosas, porque al final uno puede terminar más enredado de lo que partió.

¿Usted es partidario de que la DC se tome un tiempo para definir con quién hace coaliciones?

Como dicen en la Patagonia: el que se apura, pierde el tiempo. Nosotros tenemos que aprovechar este momento, desde la oposición, con mucha autonomía, de marcar lo que somos. Desde ahí empezar a construir alianzas, acuerdos, y coaliciones. Desde el 11 de marzo empieza nuestra travesía por el desierto, sin amarres y con mayor independencia para replantearnos muchos temas. Y, evidentemente, ya hemos pagado costos, porque hubo un sector importante del voto moderado, del voto de centro, que se sintió crecientemente desafectada. Si muchos votos de Carolina Goic y Beatriz Sánchez fueron a dar finalmente a Piñera, eso es un hecho de la causa.

¿Cómo sale la DC de esta crisis?

Primero con mucha generosidad, con un cambio de actitud, que más que apuntar al otro, se haga rectificación para recomponer la convivencia interna. Lo segundo, pasar el bastón de relevo a una nueva generación política, que asuma la dirigencia. Y los que llevamos más años en esto, es hora que pasemos a la decimoquinta fila para respaldar la nueva conducción.

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