Razones y recriminaciones: el límite a la reelección parlamentaria y su retroactividad

La Cámara revisará este martes en su tercer trámite el proyecto que despachó el Senado. Foto: AgenciaUno

"Que la ciudadanía exige la renovación de su clase política es un hecho afianzado y el pecado original de esos representantes es que han sido incapaces de modificar las barreras de entrada al Parlamento para que se produzca una sana y real competencia y que ésta no sea –como lo es ahora en muchos casos- una mera ilusión".



La noche del martes trajo consigo el desenlace en el Senado de un debate muy esperado por la ciudadanía. Una discusión de ribetes muy profundos – que toca la esencia misma de la democracia como lo es la voluntad popular- pero donde finalmente se impone el morbo de ver a incumbentes discutir sobre su propio futuro.

Donde no hubo dudas fue en fijar límites a la reelección parlamentaria: una amplia mayoría de 35 votos se inclinó por establecer que ningún diputado puede serlo por más de tres periodos y ningún senador por más de dos.

El problema se produjo en el tema de la retroactividad, es decir que los periodos de los actuales parlamentarios sean contabilizados en ese requisito de límite a la hora de pensar en la futura elección. Seis de los actuales senadores habrían quedado sin opción de disputar una nueva competencia en caso de aprobarse esa norma. Lo mismo valía para 38 diputados.

Y ahí se desató la discusión más entusiasta, una repleta de recriminaciones y mensajes –algunos directos, los más subliminales- donde prevalecieron argumentos de todo tipo desde el fracaso que limitar la reelección ha traído en otros países –al punto que muy pocos Estados incluyen esta norma- o que la medida escondía intereses espúreos de algunos legisladores que buscaban eliminar su competencia por secretaría hasta la necesidad de dar una señal a una ciudadanía cansada de sus representantes y obligar la renovación de sus autoridades.

Hubo 22 votos a favor, 7 en contra, una inhabilidad (la del senador Alejandro Navarro) y una ausencia (la del senador Alvaro Elizalde que adujo que había tenido problemas técnicos), pero lo que terminó haciendo caer ese artículo fue la abstención de 12 senadores. Ahora hay una segunda oportunidad de defender la retroactividad en una comisión mixta, pero su futuro es más bien sombrío.

Que la ciudadanía exige la renovación de su clase política es un hecho afianzado y el pecado original de esos representantes es que han sido incapaces de modificar las barreras de entrada al Parlamento para que se produzca una sana y real competencia y que ésta no sea –como lo es ahora en muchos casos- una mera ilusión. Ello con seguridad habría hecho innecesario este debate.

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