Chile está expectante frente a la apertura de una de las tiendas más esperadas de los últimos años: IKEA. ¿Por qué? Porque probablemente existen muy pocas marcas en las que precio y calidad tengan una relación tan profunda. Decorar una casa, armar una cocina, un dormitorio o cualquier otra zona del hogar, nos obliga a desembolsar una cantidad de dinero que muchas veces se nos escapa del presupuesto. Ni hablar si queremos que aquella habitación se vea bonita, con muebles de buena calidad y con un sentido del diseño que nos brinde esa esperada sensación de querer habitar, estar en nuestra casa y que nos haga felices. Porque sí, todos queremos que nuestro refugio sea acogedor y habitable.

Su esencia

IKEA es eso, es la democratización del diseño, acercar creaciones funcionales, duraderas, sostenibles y a buen precio para dar vida a tu hogar. Un proyecto que ya lleva 79 años trabajando día a día por alcanzar este objetivo. Pero ¿qué significa democratizar el diseño? Tal como lo explica Maisie Skidmore, escritora, editora y consultora experta en temas de moda, arte, diseño, en el libro Las personas y el planeta, “es un sistema creado por IKEA para ayudar al desarrollo de productos para que la mayoría de las personas se los puedan permitir y adoren … un producto debe cumplir con estos cinco requisitos: forma, función, calidad, sostenibilidad y buen precio”.

El inicio

Como casi todo gran negocio, el éxito de IKEA comenzó con una brillante idea en la cabeza de un joven personaje llamado Ingvar Kamprad (1926-2018) que nació en la provincia de Småland, en ese entonces en una Suecia agraria y pobre, donde el trabajo duro y la escasez de recursos eran valores arraigados en la sociedad, los que acabarían forjando el carácter de IKEA.

“Esto fomentó un espíritu innovador y de esfuerzo, y formó personas pragmáticas y conscientes de los recursos. Esa cultura tan propia del lugar es la inspiración de cómo se hacen las cosas en IKEA y se mantiene hasta hoy entre los cientos de miles colaboradores a nivel global”, cuenta Marita Marante, gerente de Operaciones y Experiencia de Clientes de IKEA Chile, Colombia y Perú.

Ahora, ¿qué significan las siglas de IKEA? La primera parte del nombre hace referencia a las iniciales de su fundador Ingvar Kamprad. La E es por Elmtaryd, la granja en la cual él había crecido, y por último la A se refiere a Agunnaryd, el pueblo cercano a aquella granja donde todo comenzó.

Hay quienes dicen que las mentes creativas se hacen no nacen, pero probablemente Ingvar nació con ese don. Tenía cinco años cuando su esencia negociante comenzó a aflorar para vender fósforos. Después, siguió pavimentando su camino al éxito con la venta de tarjetas de Navidad, semillas y lápices a sus vecinos, a quienes repartía arriba de su bicicleta.

Pero fue en 1943, cuando Ingvar tenía tan solo 17 años, que, tras recibir una recompensa de su padre por sus buenos resultados en la escuela, decidió fundar con ese dinero, un negocio llamado IKEA.

El nacimiento del “flat pack” de IKEA

Uno de los primeros pasos que dieron forma a lo que hoy es la empresa ocurrió en 1948, cuando Ingvar sumó a su lista de artículos a la venta muebles hechos por fabricantes locales. Sin embargo, entendiendo la necesidad de sus clientes, Kamprad sabía que tenía que ofrecer sus productos a bajo costo, idea que no fue bien recibida por su competencia y que se materializó con un boicot de los proveedores a IKEA, razón por la cual Kamprad decidió comenzar a diseñar sus propios muebles. Y así, todo comenzó.

Pero, no solo los precios bajos fueron parte de las características esenciales del negocio de Kamprad, sino también la forma en que los clientes accedían a sus productos. Como la venta se realizaba por catálogo, no era tarea sencilla ni económica enviar muebles por correo, había que diseñar un modo para que su distribución fuese más fácil. Así nació el clásico paquete plano, el “flat pack” de IKEA. En 1953 le quitaron las patas a la mesa LÖVET para disminuir el tamaño de la encomienda, no obstante, el desafío no terminaba con el envío, era importante además que el cliente pudiese armarla con facilidad. Se establece entonces otra de las estrategias fundamentales de la marca, el fácil ensamblado de los muebles, el hágalo usted mismo.

La primera tienda IKEA

Los precios del primer catálogo de IKEA eran tan económicos que las personas al principio tenían serias dudas sobre la calidad de los productos. Por eso, en 1953 Ingvar decidió convertir un antiguo taller en una exposición abierta al público, que se pudiera visitar y en la que los clientes pudieran ver y comprobar la calidad de los artículos antes de pedirlos. Ese hito marcó la conceptualización de uno de los aspectos diferenciadores de la experiencia IKEA: el ‘touch and feel’, que permite tocar y sentir el producto, sentarse en un sofá, apoyar la cabeza sobre una almohada, para que cada consumidor esté seguro de su compra. Y el resto es historia.

El negocio de Kamprad creció. Y no ha parado de crecer hasta el día de hoy. IKEA se expandió por toda Suecia, a Noruega y Dinamarca, a través de Alemania a Europa continental, y ha llegado hasta a muchos países del mundo. Hoy en día, tienen más de 500 tiendas repartidas por todo el mundo. La primera en Sudamérica será la próxima a inaugurar en Chile.