En general el uso de la secadora se relaciona a la llegada del invierno y las bajas temperaturas, pero seguir usándola tanto en primavera como en verano puede traer muchos beneficios, específicamente a tus prendas, como una protección 18% mayor, menos arrugas y más higiene.

¿Sabías que el vapor que produce el secado reduce el 99.9% de los alérgenos, como los ácaros del polvo que pueden causar alergias o problemas respiratorios? Un detalle importante, sobre todo en primavera.

Pero por más que la humanidad se venga relacionando con este electrodoméstico desde 1940, cuando el diseñador industrial Brooks Stevens creó el primer secador eléctrico, y sin importar que éste se haya sofisticado con más y —en teoría— mejores funciones, parece ser que los errores en su utilización no cesan.

Usarla mal significa varias cosas: primero, que la vida útil del artefacto se verá deteriorada —y no durará los 10 años que promedia—; segundo, que la calidad de la ropa que se busca secar se verá perjudicada; y tercero, que se generará un mayor gasto energético. La secadora de ropa, de hecho, es uno de los electrodomésticos que más consume electricidad en el hogar durante su uso.

Tipos de secadora

Para saber cómo usar correctamente una secadora primero hay que saber que son tres los tipos de tecnología que podemos encontrar entre estas máquinas.

Las más comunes durante varias décadas fueron las de ventilación o evacuación, aunque actualmente estos modelos están en retirada. Su funcionamiento se basa en la captación del aire del exterior para luego calentarlo con una resistencia eléctrica. Una vez caliente, el aire pasa al tambor para secar la ropa, mientras el excedente de agua y aire que se produce durante el proceso es expulsado al exterior. Este es el tipo de secadora que más energía consume durante su uso: cerca de 5 kW por hora en un modelo de 8 kilos de carga.

Por estos días, las secadoras de condensación son las más populares, debido a que su instalación es más sencilla —no necesita de ventilación, por ejemplo— y resulta ideal para el secado de ropa que pasó por algún tipo de lavado especial. Su operación es similar a la de la secadora de ventilación: capta el aire del exterior para calentarlo en base a una resistencia eléctrica, luego lo dirige al tambor donde se ocupa para secar la ropa.

Las diferencias surgen en el paso siguiente: mientras seca la ropa, la humedad contenida se evapora, pero antes de ser expulsada se mezcla con el aire frío del exterior desatando un proceso de condensación (de ahí su nombre). El resultado de ese fenómeno es que el vapor se transforma en agua, la que quedará en un depósito que hay que vaciar después de cada uso. Este tipo de secadoras tiene un gasto energético menor a las de ventilación: cerca de unos 4,2 kWh en los modelos de 8 kg.

Finalmente tenemos a las secadoras de bomba de calor. Estas basan su funcionamiento en la recirculación del aire: primero lo hacen circular a través de un calentador para, después, llevarlo hasta la bomba. Allí evaporan la humedad contenida en la ropa y el aire húmedo pasa luego por un líquido refrigerante que absorbe el calor. Esa energía es la que se utiliza para reiniciar el proceso, haciéndola circular por el calentador y los pasos siguientes. De esa manera, este es el tipo de secadora más eficiente desde el punto de vista energético: solo unos 2,2 kWh en los modelos de 8 kg.

La desventaja de las secadoras con bomba de calor está en su precio, bastante más caro que los de ventilación y condensación. Sin embargo, parecen ser las más recomendables a largo plazo. Además, su funcionamiento, que es a una menor temperatura, permite el secado de algunas prendas que, por su materialidad, no se recomienda secar en otros tipos de máquinas.

Sin embargo, esto de pensar en secadoras a largo plazo puede no ser más que una fantasía si no les damos un uso correcto. O más bien, si tenemos prácticas que van directamente en desmedro de su vida útil. Y es curioso, pero uno de los errores más comunes, según los entendidos, es que las personas no conocen a su secadora. Es decir, no saben si esta es de ventilación, de condensación o de bomba de calor. Y eso, indefectiblemente, conduce a otros errores, como los siguientes:

1. No leer el manual del producto

“Uno de los principales errores que cometen las personas es quedarse con la información general y no indagar más”, asegura Pamela Castro, marketing manager de LG Electronics Chile. Y este problema comienza con hacerle el quite al siempre tedioso manual de uso. Sin embargo, no leerlo “puede significar que lo utilicen de manera incorrecta”, o, al menos, a que no se “aprovechen al máximo sus funciones”, insiste la especialista.

No revisar el manual implica, entre otras cosas, que las y los usuarios no conozcan todas las funciones y, por lo tanto, no configuren adecuadamente los ciclos de secado en relación a la cantidad y el tipo de ropa. También puede significar errores en un paso tan fundamental como el que viene: su instalación.

2. Instalarla en cualquier lado

Cada secadora, dependiendo de su tecnología, requerirá que el espacio en el que se instale tenga determinadas características. Sin embargo, hay un punto en el que todas coinciden y es que éstas no pueden quedar pegadas a la pared. Recordemos que estos artefactos generan calor y, por tanto, necesitan de una buena ventilación para evitar sobrecalentamientos y potenciales accidentes domésticos. Lo recomendable es que haya al menos 10 centímetros entre la secadora y las paredes o muebles que le colindan.

Idealmente, Castro dice que la secadora no debe ubicarse nunca en espacios húmedos ni tampoco en otros demasiado cálidos, especialmente las secadoras de condensación. “La humedad del aire alarga el proceso de secado y un exceso de calor perjudica al electrodoméstico, acortando su vida útil”, detalla.

Herman Abarca, product manager de Midea Carrier Chile, comenta que “es común” que las personas “instalen su secadora de evacuación o de ventilación en lugares muy reducidos de espacio, lugares donde se acumula mucha humedad”. Lo recomendable, en realidad, es hacerlo en una logia con ventilación permanente. Si es inevitable que quede en un espacio cerrado, lo que corresponde es incorporar un tubo de evacuación.

Mientras no sea húmedo ni muy cálido, las secadoras de condensación o con bomba de calor, en tanto, tienen menos limitaciones respecto al lugar de instalación. Si bien la puedes instalar en cualquier parte de la casa, Abarca advierte que debes tener precaución de no dejarla en un lugar donde transiten niñas y niños, “por el calor que generan”.

3. Sobrecargar el tambor

Es común que en las casas se acumulen montañas de ropa sucia que, luego van directo a la lavadora, sin ningún filtro. Así como eso resulta muy malo para la ropa y la lavadora también lo es para la secadora. Y este, según Pamela Castro, es un error que se da con más frecuencia en invierno.

¿Cuál es el problema? Por un lado, sobrecargar el tambor de ropa reduce la circulación del aire caliente y puede aumentar la duración del ciclo de secado. Eso, acota Castro, lleva a que la secadora haga “más esfuerzo del necesario”, lo que significa mayor gasto energético e implica un deterioro de su vida útil.

Por otro lado, cuando se sobrecarga la secadora, la efectividad del secado “no será buena”, agrega Herman Abarca. Por ello, “hay que respetar la capacidad de secado que dice el fabricante en el manual de cada máquina”. Y ojo, que la carga se mide siempre en ropa seca, no en ropa húmeda.


4. Secar solo unas cuantas pilchas

Ya lo puedo escuchar: “¡¿Pero, cómo?! Me dicen que no sobrecargue el tambor y ahora me dicen que no le ponga pocas cosas”. Sí, tal cual. La explicación la tiene Castro: cuando la carga es muy pequeña, “se desperdicia energía al secar el aire adicional en la secadora”. La clave, entonces, está en dejar liberado no más —pero ojalá tampoco menos— del 20% de la capacidad del tambor. Con ello, se puede lograr un secado eficiente, que no genere daños ni un despilfarro de energía.

Castro, además, dice que el equilibrio es clave. “Se recomienda combinar prendas más ligeras con otras de más peso. También, se puede optar por hacer dos ciclos de carga seguidos, uno con las más pesadas y otro con las menos”. De esta manera, asegura, “el tambor estará más desahogado, se evitarán arrugas en las prendas, se ahorrará energía y el planchado será más fácil”.

5. No revisar las etiquetas de la ropa

Este es un clásico. Y caer en este error puede provocar un desgaste prematuro de las telas, sobre todo de aquellas que no soportan altas temperaturas. El resultado es prendas encogidas, deformadas o rotas, de frentón. ¿Qué significa cada símbolo? Te lo explicamos en este artículo.

En la etiqueta de cada prenda encontrarás las indicaciones y contraindicaciones respecto al lavado, secado y planchado.

6. No separar la ropa por tipo de tela

Siguiendo la línea del apartado anterior, lo recomendable es secar la ropa según el tipo de tela, porque todas tienen distintas necesidades de secado y algunas pueden verse afectadas por el calor y la fricción en la secadora.

“La ropa de algodón, por ejemplo, puede soportar temperaturas más altas y ciclos de secado más largos que la ropa sintética o delicada. Además, los tejidos pesados pueden tardar más tiempo en secarse que los tejidos más ligeros, afectando la eficiencia de la secadora”, explica Pamela Castro.

7. Secar ropa con manchas

Esto es una muy mala idea. El calor de la secadora puede fijar las manchas de tu ropa permanentemente. Por lo mismo, antes de meter a secar, la recomendación es fijarse en cada prenda después del lavado, que no haya quedado ningún rastro de ese vino que te tomaste como condenado ni del chocolate que hiciste desaparecer a hurtadillas.

8. Lavar con mucho suavizante

Se sabe que, a la larga, el suavizante puede dañar la lavadora. De ser así, también la secadora está en riesgo, pues los restos de éste que no se absorbieron durante el lavado se infiltrarán durante el secado. Esto puede llevar a que los ciclos se hagan más largos, pues el sensor de humedad podría ser sensible a su presencia y generar un mayor gasto energético. Por otro lado, algunos suavizantes muy aromatizados podrían volverse intensamente desagradables al olfato debido al calor del secado.

9. No limpiar la secadora

Tal como ocurre con la lavadora, la limpieza de la secadora es fundamental para que la ropa no termine con malos olores. Abarca recomienda limpiar tambor, tubos de extracción de aire, tanques de agua y filtros con un paño húmedo, al menos una vez al mes, “con el fin de evitar acumulaciones de residuos”.

El filtro, de hecho, debería limpiarse después de cada uso. Al acumularse las pelusas, “se puede reducir el flujo de aire y eso aumenta el tiempo de secado, generando una sobrecarga innecesaria en el motor”, explica Castro.

Después de cumplir diez programas de secado, se aconseja limpiar los bordes de la puerta y zonas internas para reducir la acumulación de pelusas que dificulten el cierre.

10. Dejar la ropa seca mucho tiempo al interior del tambor

Si bien algunas secadoras modernas incluyen un programa de aireado post secado, la mayoría de los modelos actuales no podrán evitar que se genera un molesto olor a humedad, que impregnará al tambor y, también, a tu ropa. Por eso, apenas se seque, o no mucho tiempo después, conviene retirar la ropa de la secadora.

11. Usarla con demasiada frecuencia

Pamela Castro dice que usar muy seguido la secadora acorta su vida útil. “Hay muchas personas que secan todo en la máquina, todos los días, ocasionando un gran gasto de energía”, asegura. Lo recomendable sería “establecer días de lavado y secado para organizar y controlar mejor su uso”.

12. No tener las mantenciones al día

Dependiendo de la antigüedad del aparato, la necesidad y frecuencia de una mantención técnica aumentará irremediablemente. Esto es algo que se puede encontrar en el manual de uso. Desde una a dos veces al año, para revisar y reparar sellados que puedan implicar fugas de aire, problemas de termostato o daños en los tanques de agua. También es conveniente llamar a un servicio técnico certificado en caso de detectar alguna anomalía, ya sea para evitar un daño permanente en el equipo o un accidente doméstico, por ejemplo, debido al sobrecalentamiento. Algunos signos de problemas eléctricos son el olor a quemado o algo parecido al olor a pescado.

Y si no te has preocupado de hacer las mantenciones, entonces el siguiente error aumenta considerablemente sus riesgos:

13. Dejar la secadora funcionando mientras no estamos en casa

Más vale prevenir que curar. Eso dicen.