Hasta hace poco, el mercado de monitores para computadores personales solo cubría la práctica necesidad de contar con una pantalla para el ordenador. Por muchos años —más allá de innovaciones fugaces pero muy inmersivas, como las pantallas 3D— los monitores no eran más que una simple pantalla LCD, con tamaños no muy grandes y relativamente fijos. Lo más ancho llegaba hasta las 27 pulgadas y todas las innovaciones en cuanto a imagen y sonido eran exclusivos para los televisores. Pero vaya que eso ha cambiado radicalmente en los últimos años.

Ya sea por los efectos de la pandemia —que profundizó nuestra relación con los computadores— o por los avances tecnológicos, hoy los monitores son muchísimo más que una simple pantalla para el PC. Tanto así que gracias a las posibilidades de conectividad y a las funcionalidades inteligentes, se está llegando a difuminar la línea, ahora cada vez más delgada, entre un monitor y una TV.

Fue hace poco más de un año que reseñamos el Xiaomi MI Curved Monitor, el primer monitor curvo mayor de 27 pulgadas que me tocó revisar. Fue una iluminación. Después de eso, prácticamente todos los fabricantes han estado innovando y experimentando con tamaños y funcionalidades para sus monitores: altas tasas de refresco, resoluciones 8K y un sinfín de ventajas visuales que sería más difícil de alcanzar en un televisor. El mercado ha cambiado.

Samsung, el gigante global de origen surcoreano y uno de los mayores fabricantes de pantallas del mundo, ha estado jugando con el concepto y hemos visto cosas muy interesantes. Pero lo que se ha robado la película es el Odyssey Ark, su monumental monitor 4K de 55 pulgadas, probablemente el más grande del mercado.

Su efecto es de verdad es impresionante. Pero como veremos, no siempre lo más grande es necesariamente la mejor opción.

Especificaciones técnicas:

  • Dimensiones (con soporte): 1174.8 x 1102.0 x 379.0 mm
  • Peso: 21,1 kg (41,5 kg con soporte)
  • Tamaño: 55 pulgadas (16:9)
  • Pantalla: Quantum Mini-LED HDR10+
  • Resolución: 3.840 x 2.160
  • Curvatura: 1000 R
  • Tasa de refresco/respuesta: 165 Hz / 1ms
  • Brillo: 600 nits (mínimo: 420 nits)
  • Sonido: Dolby Atmos, cuatro altavoces y dos woofers (2.2.2)
  • Conectividad: 4 HDMI 2.1 / 2 USB-A / Bluetooth 5.2 / WiFi 5
  • Hub: Samsung OneConnect
  • Sistema operativo: Tizen
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Unboxing: Ayúdeme usted compadre

Sacar el Odyssey Ark desde su caja no es sencillo. De hecho, cuando llegó el voluminoso y muy pesado embalaje —nada menos que 53 kg—, desde Samsung me advirtieron que esperara a que otros dos especialistas fueran a mi casa a instalar la pantalla unos días después. Fue una larga espera, debo reconocer.

Por eso, la experiencia comenzó con dificultades. Debido a su peso y tamaño (más de un metro de largo y 70 cm de alto), posicionarlo es toda una tarea que, ojalá, sea hecha entre al menos dos personas. En serio: es bastante más complejo que instalar un televisor de similares características. Me preguntaba qué habría pasado si viviera solo o no hubiese contado con la ayuda de los técnicos.

El soporte del Samsung Odyssey Ark es pesado pero hace fácil el movimiento del monitor.

Pero bueno, después de un trabajoso proceso, ahí estaba instalado. Y se veía maravilloso. Es gigante, obvio, pero magnético. Su pantalla, su curvatura y por ende el envolvimiento que genera. Como producto, es asombrosa su calidad de construcción y diseño. Al encenderse, de inmediato se aprecia la fluidez que entrega su altísima tasa de refresco —unos tremendos 165 Hz—, su alto contraste dinámico y su resolución 4K. Sin dudas, el “wow factor” se logra a cabalidad. No es OLED, pero su tecnología mini LED hace muy bien la pega.

Para posicionarla, tenemos un stand central plástico que sustenta la columna de la pantalla. Esto permite su movimiento y una gran versatilidad. De hecho, el Odyssey Ark, a pesar de su tamaño, es capaz de transformarse en una pantalla totalmente vertical. Aunque es un formato extraño para los comunes, muchos programadores, por ejemplo, le sacan más partido a esa disposición que a la tradicional. Eso aumenta aún más las posibilidades de visionado, tanto para la productividad como para jugar.

Otra cosa interesante es que Samsung aplicó su dinámica de conexión a través de su caja Samsung OneConnect, la que funciona como un hub con todas las entradas, tomas de corriente y puertos. Eso evita la necesidad de estar haciendo maromas o contorsiones para enchufar un cable por detrás.

El hub incluye cuatro puertos HDMI 2.1 (bien), uno ethernet, conectividad Wi-Fi 5, una entrada de audio digital y un par de puertos USB-A para accesorios. Lamentablemente, no hay entradas DisplayPort o USB-C, y solo se puede utilizar una sola fuente a la vez. Considerando las posibilidades antes mencionadas, son pocos puertos y no tan bien aprovechados. El pack también incluye dos controles remotos muy distintos entre sí, que ya revisaremos más adelante.

Este es el hub de conexión de Samsung, que ayuda reúne todos los puertos y ayuda a ordenar el cableado.

Lógicamente, por dimensiones y peso el monitor no puede estar en cualquier escritorio. De nuevo, esto no es una tele ni una pantalla como cualquiera. Hay otros quilates y espacios involucrados, además la distancia, aunque ya llegaremos en detalle a ese punto.

Para disfrutar del monitor en posición totalmente vertical, por ejemplo, es cosa de inclinar la pantalla y listo. Pero hay que tener el espacio, cosa que lamentablemente no fue mi caso. Para ser transparentes, tuve que hacer toda una faramalla logística para acomodarme al tamaño del aparato, en su posición clásica horizontal, y poder trabajar.

Impresionante (y un poco abrumadora)

La conexión vía HDMI fue correcta y sin mayores problemas. Pero de nuevo, me quedé pensando en las posibilidades de sus puertos y en conectar varias fuentes de manera simultánea. En fin.

Enfrentarse a una pantalla curva inmensa, con un escritorio gigante, es todo un tema y puede ser sobrecogedor. Si con la resolución por defecto tenemos un muy pero muy amplio espacio de trabajo y acción, con ajustes y personalizaciones la cosa puede abarcar a decenas de aplicaciones o pestañas abiertas al mismo tiempo. Así y todo, sobra espacio.

La posición vertical es impresionante, aunque para observar lo que esté arriba haya que doblar mucho el cuello.

En el papel, eso puede sonar maravilloso: no preocuparse por minimizar ni por hacer scroll nunca más. Pero en la práctica, ¿de verdad se necesita tanto espacio en una pantalla? ¿Para lo que sea?

Es que acá hay mucho, quizá demasiado. Arrastrar el puntero de un extremo al otro de la pantalla puede llegar a ser un ejercicio considerable, teniendo que repasar varias veces el mouse para atravesar todo el display.

Los monitores, creo yo, por esencia deben estar diseñados para ser usados dentro de un entorno más cercano, por no decir íntimo. El punto es que si bien la acentuada curvatura de la pantalla sin duda resulta inmersiva, a la larga me sentí “tragado” por el espacio visual. Y para qué decir del brillo: si uno abre la página de inicio de Google o un procesador de texto, el blanco llega a ser enceguecedor. Es intenso.

Pero se entiende que pueda ser fascinante. Los parlantes internos del monitor funcionan bastante bien, especialmente en los sonidos más bajos o ambientales: eso da la posibilidad de un sonido inmersivo o 3D, como veremos un poco más abajo.

El control remoto Ark Dial, que se ubica encima del escritorio y permite regular los modos del monitor.

Los controles remotos, por su parte, hacen la pega. Por un lado, tenemos un control infrarrojo tipo candy bar, más tradicional, con el clásico diseño Samsung: botones direccionales y otros dedicados a aplicaciones populares como Netflix, además de contar con carga vía USB. Siempre es una buena noticia no necesitar de las pilas. El otro control es el muchísimo más grande funcional Ark Dial, pensado para usarlo apoyado en el escritorio y que justamente cuenta con un dial —un comando circular que se controla con el dedo— y otros atajos integrados, lo que hace mucho más placentero y fácil navegar por el monitor.

La interfaz del Odyssey Ark —Tizen— es muy similar al del Samsung M8, el híbrido tele/monitor smart de la marca. Tiene ciertas subdivisiones dedicadas (una de ocio, otra de productividad, etc.), pero en otras palabras no es de lo más intuitivo del mundo. Todavía hace falta pulir el sistema operativo, pero funciona y, si uno se sumerge en él, se pueden descubrir montones de interesantes detallitos que pueden ampliar su funcionalidad.

Un teatro para los videojuegos

Ahora, donde el monitor sí excede sin ningún tipo de quejas es al correr videojuegos. Para los gamers, no es ninguna sorpresa que un monitor generalmente dé más y mejores beneficios que un televisor, por muy 4K o smart que sea. Los monitores, en especial los diseñados para los juegos, casi siempre tienen mejor tasa de refresco y de respuesta, mayor curvatura, sistemas de software propietarias de Nvidia o AMD, trazado de rayos, entre muchas otras ventajas.

En mi caso, conecté una PlayStation 5 vía HDMI sin problemas, y ahí sí que la experiencia y el sentido mejoró considerablemente. Juegos como Gran Turismo 7, Marvel’s Spider-Man o el nuevo God of War: Ragnarok corrían con una fluidez maravillosa y exuberante. Si ya este tipo de juegos se ve bien en cualquier pantalla, me atrevería a decir que el Odyssey Ark dejó mordiendo el polvo a la smart TV del mismo tamaño (y fabricante) donde usualmente juego videojuegos.

La experiencia de juego con un monitor es ampliamente superior, no hay duda. Y si bien no es OLED, los miniLED, como decíamos antes, realizan correctamente el trabajo de acentuación de colores y contrastes fuertes, así que no se echó tanto de menos.

Más aún, activar el sonido espacial o 3D, como le llaman, es realmente un cambio de paradigma auditivo. De verdad que sus cuatro altavoces, con dos woofers en el medio —lo que crea un sistema 2.2.2—, generan profundas diferencias con un sistema de sonido estéreo normal. El 3D resulta envolvente, rico en sus variaciones y profundo en su inmersión. Es otra cosa, que se logra gracias al sistema Sound Dome de Dolby. No nos quedamos cortos si decimos que los resultados son revolucionarios.

Veredicto Práctico

El poder hipnótico del Samsung Odyssey Ark es innegable. Es probablemente uno de los monitores más grandes y avanzados del mercado hoy en día, suficientes motivos para merecer atención. Los términos prácticos pueden ser múltiples o discutibles, pero como ventana de visualización es algo absolutamente nuevo, cambiando, de paso, el protagonismo y la utilidad de los monitores modernos. En el caso de Samsung, son más bien unas intensas smart TVs con usabilidad de monitor. El mercado seguro tomará nota.

Para quienes gustamos de las pantallas grandes, entender la esencia del Odyssey Ark es una tarea compleja. Está diseñado con todos los beneficios de un monitor, sin embargo su esplendor se logra justamente cuando uno se aleja de él un par de metros, como lo hacemos frente a una TV. Con los videojuegos es donde uno logra sacarle todo el provecho: el monitor brilla y el Odyssey Ark cobra más sentido. Aunque su potencial sólo pueda ser disfrutado por unos pocos, Samsung puede hacerlo y ahí está. Para usuarios extremadamente osados y ambiciosos.

Nota: ⭐⭐⭐⭐★

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*Los precios de los productos en este artículo están actualizados al 18 de enero de 2022. Los valores y su disponibilidad pueden cambiar.