Cuidemos el proceso constituyente

"La experiencia reciente de procesos constituyentes similares en países vecinos debe servirnos como aprendizaje y motivarnos a escribir una historia distinta, que convierta a Chile en precedente de un proceso democrático, apegado a las normas, respetuoso del Estado de derecho y consiente de los deberes que impone la tarea de reconstruir los vínculos que nos unen".




Los primeros días de la Convención Constitucional chilena han sido complejos y accidentados. Dan cuenta del inicio de un proceso complicado – además de largo- amenazado por múltiples factores, en medio de una agitación social que parece no cesar.

La instalación de la Convención y los días siguientes a esta, han estado marcados por el ímpetu refundacional manifestado en diversos gestos testimoniales, así como en el discurso inaugural de la presidenta de la Convención, que se tradujo en la reciente declaración aprobada por sus integrantes y que insiste en la pertinencia de la petición de una ley de indulto o amnistía para los detenidos en el contexto del estallido social de octubre de 2019, incluyendo procesos judiciales previos.

Tanto de las palabras de Elisa Loncón, como de las declaraciones de algunos constituyentes, se desprende que algunos de ellos consideran que detentan el poder constituyente originario, sustentado fundamentalmente en políticas de identidad, en lo que parece ser un intento por desmarcarse de nuestra bicentenaria historia institucional y republicana.

Por momentos, al oír sus declaraciones, da la impresión de que no es necesario esperar nueve o doce meses para tener una nueva Constitución, pues carece de sentido todo proceso de deliberación y diálogo cuando los contenidos parecen estar previamente definidos, las metas establecidas y los resultados zanjados.

Y resulta particularmente paradójico que, justamente el punto de partida de este proceso - en el que gran parte de la ciudadanía ha puesto sus expectativas y cifrado esperanzas- olvide en sus inicios la vocación democrática, pluralista e inclusiva que sustentó las demandas por una nueva Constitución y que necesariamente descansa sobre la construcción de la voluntad común, lograda por medio del diálogo racional.

En este caso, tal como reza la máxima atribuida a Cervantes, parece ser más importante el camino que la posada, pues la legitimidad de la nueva Constitución vendrá, en gran medida, del proceso que, con apego a las reglas constitucionales y a las que contenga el futuro reglamento, permita expresar las distintas visiones, acoger la participación ciudadana, recabar los insumos que la sociedad civil se ha esforzado en producir y, en base a todo ello, encausar los acuerdos.

La experiencia reciente de procesos constituyentes similares en países vecinos debe servirnos como aprendizaje y motivarnos a escribir una historia distinta, que convierta a Chile en precedente de un proceso democrático, apegado a las normas, respetuoso del Estado de derecho y consiente de los deberes que impone la tarea de reconstruir los vínculos que nos unen.

El futuro de Chile está en manos de esta histórica Convención. Los tropiezos, desencuentros y el desapego de las formas democráticas de las primeras sesiones, nos han mantenido expectantes y es claro que hasta el más optimista debe estar preocupado. Con todo, estamos llamados a contribuir decididamente a su éxito y cuidar el proceso, por el bien de nuestro país.

Karin Moore

Investigadora CLAPES UC. Prof. en Fac. de Economía y Administración UC

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