Finanzas públicas 2017 y perspectivas 2018

Claudio-Bonilla

Por Claudio Bonilla. El próximo Gobierno que asumirá el 11 de marzo tiene como una de sus tareas prioritarias cerrar la brecha y detener el ritmo de endeudamiento público, que es insostenible en el largo plazo.




El déficit estructural es un constructo teórico de largo plazo que involucra estimaciones que cambian en el tiempo; por ejemplo, el PIB tendencial y el precio del cobre de largo plazo. Como hemos visto en estos últimos años, el rápido endeudamiento del Fisco provoca déficits corrientes que comprometen sus ingresos futuros y nos hacen aparecer como un país cada vez más riesgoso ante los ojos de las clasificadoras de riesgo internacionales.

El próximo Gobierno que asumirá el 11 de marzo tiene como una de sus tareas prioritarias cerrar la brecha y detener el ritmo de endeudamiento público, el que es insostenible en el largo plazo si se quieren mantener las finanzas públicas sanas.

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No cumplir con lo prometido, en términos de reducción del déficit, sería una muy mala noticia para los mercados internacionales.

El nuevo mandato no tiene otra forma de gestionar el déficit que no sea gastar menos y eficientar el gasto actual. Obviamente, una economía creciendo al 3,5%-4,0% ayuda de buena forma al Gobierno entrante.

En este sentido, las buenas condiciones internacionales y una gestión con foco en la promoción de la inversión son claves. Las condiciones fiscales que ha dejado el Gobierno actual hacen que el crecimiento económico sea más importante que nunca pero, incluso ahora, para pagar las deudas.

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*El autor es académico DCS Universidad de Chile.

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