10 años después de la Crisis Subprime: Regulación y desregulación. Las fuerzas que tironean Wall Street tras la Gran Recesión

El enfoque para prevenir una nueva crisis en el sistema financiero cambió con la llegada de Trump. Aunque aún no se barren las reglas implementadas por Obama, los riesgos aumentan con la profundización de la desregulación.


Qué habría pasado si Donald Trump hubiera sido el presidente hace diez años, liderando a Estados Unidos en el marco de una crisis financiera que se contagió alrededor todo el mundo, es una duda que sólo pueden resolverse en el terreno de la política de ficción. Sin embargo, no cabe duda que el tratamiento dado a Wall Street, sector donde se gestó la Gran Recesión, hubiera sido diametralmente diferente al otorgado por la administración de Barack Obama.

En julio de 2010, a un año y medio de su arribo a la Casa Blanca, el ex mandatario firmó la Dodd-Frank. La ley, que debe su nombre a los congresistas demócratas Barney Frank y Chris Dodd que la impulsaron, presentaba un amplio cambio de la regulación del sector financiero, con reglas que pretendían, por un lado, evitar una debacle que como la de 2008 y, por otro, aumentar la resiliencia de las instituciones financiares en caso que se desatara una nueva crisis.

“Gracias a esta ley, nunca más se le pedirá al pueblo estadounidense que pague la cuenta por los errores de Wall Street”, señaló Obama cuando la promulgó, haciendo referencia tanto a las consecuencias que tuvo la recesión en la economía real, como a los rescates que emprendió el gobierno de EEUU para evitar una situación aún peor.

Haciendo un análisis de todo lo que llevó a ese momento, el abogado de regulación en la firma Debevoise & Plimpton de Nueva York, Paul Lee, relata que “el sistema parecía funcionar bien desde que comenzó la desregulación en la década de los 90, pero cuando la crisis golpeó la gente se quedó en shock al ver su profundidad y hubo muchos llamados a que volvieran a operar las antiguas reglas”.

En ese marco, sostiene a Pulso que la respuesta de Obama a estos llamados fue la acertada: “La Dodd-Frank fue una legislación muy completa, toca áreas muy diversas del sistema financiero de EEUU. Hoy los bancos están muy bien capitalizados en este momento. Son mucho más fuertes de lo que eran previo a la crisis, gracias a la regulación implementada en los últimos 10 años”.

Nuevo presidente, nueva ley

Sin embargo, esta evaluación demostró rápidamente que no era respaldada por el consenso político, porque bastó que cambiara el presidente, para que cambiara el enfoque de la Casa Blanca. “La legislación que firmo hoy revierte las devastadoras regulaciones de Dodd-Frank, que están aplastando a los bancos comunitarios y las cooperativas de crédito en todo el país”, indicó Donald Trump en mayo de este año, cuando firmó la “Ley de Crecimiento Económico, Alivio Regulatorio y Protección al Consumidor”, que califica como el primer gran retroceso en la materia desde la crisis financiera, pero que no sería el último según los planes del Jefe de Estado republicano.

Para Trump estas normativas, así como las medio ambientales o las que pesan sobre el sector de energía, asfixian la fuerza de la economía de Estados Unidos, por lo que ha prometido retirarlas durante su mandato.

El aspecto central de la Dodd-Frank establece que, bajo la supervisión de la Reserva Federal, se exige a los bancos que realizan actividades bancarias básicas mantener un ratio de capital mínimo basado en riesgo de 8% y un índice de apalancamiento mínimo de 4%, mientras que para las entidades que participan en actividades más complejas, como negociaciones con títulos de valores, las exigencias implementadas son mayores, de 10% y 5%, para cada caso.

Bajo la ley promulgada por Trump, el umbral que separa a las instituciones financieras que deben someterse a las regulaciones más estrictas, las denominadas “demasiado grandes para fallar”, subió de US$50.000 millones de activos a US$250.000 millones.

Oportunidad desaprovechada

Esta modificación no afecta a gigantes como Goldman Sachs, JPMorgan o Citibank, por lo que Phillip Wallach, autor del libro “Al límite: legalidad, legitimidad y las respuestas a la crisis financiera de 2008”, afirma que la Dodd-Frank “parece estar firmemente atrincherado a largo plazo”, lo que obedece principalmente a los test de estrés de la Fed que siguen encima de las entidades sistémicas. “Han demostrado ser la innovación normativa más importante desde la crisis”, subrayó.

Sin embargo, descartar que Trump profundice la desregulación, es una apuesta dudosa. Considerando la personalidad del mandatario, Gregg Gelzinis, investigador de política económica de Center American Progress, afirma que “el peligro real radica” en las propuestas que están sobre la mesa, como reducir los requisitos de capital de apalancamiento que aplican a los bancos más sistémicos, eliminar algunas de las suposiciones de los test de estrés y debilitar la Regla Volcker, todo lo cual traería “más riesgos al sistema financiero”.

De esta manera, Gelzinis crítica que no se esté aprovechando el buen momento de la actividad estadounidense para prevenir con mayor determinación una nueva crisis en Wall Street. “Hoy la economía se encuentra fuerte por lo que es el momento perfecto para aumentar las exigencias y prepararnos para el cambio de ciclo que venga, es lamentable que se esté haciendo lo contrario”, señala.

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