15%

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

La economía retrocedió 15% respecto a mayo del año pasado. Ese es el número. Nuestras ciudades lo reflejan. Los autos no circulan, las bombas no venden bencina ni hot dogs ni cigarrillos. Las sillas de los restaurantes quedaron sobre las mesas.




La economía retrocedió 15% respecto a mayo del año pasado. Ese es el número. Nuestras ciudades lo reflejan. Los autos no circulan, las bombas no venden bencina ni hot dogs ni cigarrillos. Las sillas de los restaurantes quedaron sobre las mesas. No hay ruido de maletas en los hoteles. Las tiendas están cerradas con candados. Los malls se sienten como iglesias vacías. Los cines añoran los gritos de terror y las explosiones de risa. Los gimnasios extrañan las gotas de traspiración. Los bares ven pasar las noches en silencio. Los aeropuertos parecen inmensos. 1.500.000 de trabajos perdidos. Miles entrando en la pobreza. Ese enorme paquete de parálisis y dolor es un 15%.

El contraste con lo que solíamos ser hace fácil dimensionarlo y ponerle imágenes.

Añorar lo perdido es parte de la naturaleza humana. También lo es valorar poco el progreso. Cuando se va para adelante, en las mismas magnitudes, nadie se para a celebrar. El crecimiento parece el orden natural de las cosas.

Cuando se crece 5% cada 12 meses, el 15% se recupera en menos de 3 años, dado el efecto de la tasa compuesta. En 34 meses, para ser más precisos.

Desde 1985, Chile fue capaz de crecer sobre 5% en 17 oportunidades. Un récord notable, de una vez cada dos años. Tuvimos varias rachas de prosperidad. Del año 86 al 89, en que se promedió 7,3%. Luego, del 91 al 97, en que crecimos al 7,7% por año. Entre 2004 y 2006 Chile creció al 6,4% promedio. El último viento de cola lo tuvimos ya hace tiempo, del 2010 al 2012, con un promedio de 5,8%.

Así, entre años buenos, medianos y malos, Chile fue capaz de multiplicar su economía por un increíble 4,7. Si en 1985 producíamos 100, antes de la pandemia producíamos 470.

Para dimensionarlo, esto equivale a 11 veces 15%, en tasa compuesta. 11 paquetes de 15%. Pero en vez de imágenes de dolor y estancamiento, fueron expresados en progreso: En nuevos trabajos, en ascensos, en jóvenes entrando a la universidad por primera vez, en padres que encendían con orgullo su auto mirando por el retrovisor sonreír a sus hijos, en restaurantes, gimnasios y almacenes que se abrían y crecían. En edificios que escalaban al cielo y hospitales y colegios que se construían. En carreteras y aeropuertos que acortaban las distancias. En la esperanza de vida que se alargaba en 9 años. En un Estado que multiplicó por más de 10 su presupuesto. En millones que salieron de la pobreza. En pasar a ser el país #1 de Latinoamérica y el que más creció en Occidente. En tantos que llegamos tarde a casa con la sensación de que valió la pena trabajar duro.

Entonces, la próxima vez que los campeones del vaso medio vacío y los destructores profesionales de autoestima partan de nuevo con su interminable letanía de quejas y críticas, recuerde el 15%. Cuando vuelva a escuchar que solo producimos recursos naturales, que son todos rentistas, que no hay I+D, que el papel confort y los pollos, que somos colistas de la Ocde, que en Noruega esto y en Suecia esto otro, que el promedio no sirve y el Gini tampoco, que los 30 años fueron un engaño y todos los demás puntos negros de esta historia… recuerde ese número y cuánto hay detrás de un 15%.

“Fueron 11”, conteste usted... “No fue perfecto, es verdad. Pero fueron 11 veces quince por ciento de progreso. Uno arriba del otro. Compuesto”… “Así que más respeto”. Y vuelva a sentir un orgullo por nuestro país que parecía olvidado.

-El autor es emprendedor y conductor de Información Privilegiada

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