Rodrigo Cerda

Rodrigo Cerda

Director de Presupuestos

Pulso

Cumpliendo la meta fiscal

Foto: La Tercera(Archivo

EL déficit fiscal en 2018 fue, finalmente, 1,7% del PIB, equivalente a cerca de US$5.000 millones, completando así seis años de déficits en las cuentas del gobierno. Pero no hay que confundirse: Las cifras de cierre de 2018 son una buena noticia, porque es el paso inicial hacia un fortalecimiento de la situación fiscal en nuestro país.

En primer lugar, el déficit fiscal fue, como porcentaje del PIB, el menor que se ha observado desde 2013 y estuvo por debajo de las proyecciones que teníamos en septiembre del año pasado. Adicionalmente, el crecimiento del gasto total también mostró una moderación, alcanzando un 3,4% de aumento, el menor desde 2011. Las mejores condiciones internacionales del cobre, el mayor dinamismo económico y la venta de una parte de SQM fueron factores que hicieron crecer los ingresos anuales en 8,8% real.

Tal como establece la Ley de Responsabilidad Fiscal, en junio 2018, declaramos nuestra meta de política fiscal en términos del balance estructural para los próximos cuatro años: Reducir el déficit estructural en 0,2% al año, pasando de -2% del PIB en 2017 a -1% en 2022. Si bien en 2018 era de -1,8% del PIB, el resultado final fue -1,5%, logrando un resultado más allá del objetivo.

La deuda pública cerró el 2018 en 25,6% del PIB, 2 puntos por sobre el cierre de 2017. Sin embargo, el ritmo de aumento de la deuda mostró una moderación.

Más allá de los números, lo fundamental fue el cambio cultural en lo que al gasto se refiere. A mediados del 2018, impulsamos un decreto de contención de gastos que no afectan el buen funcionamiento de sector público, como pago de horas extras, viáticos, renovación de equipos, entre otros, pero que si permitían contener las presiones de mayor gasto que se identificaron a principios de año, especialmente en lo que respecta al sector Salud. El esfuerzo no fue fácil, pero valió la pena y nos permitió bajar la base de gastos para los próximos años.

Para el Gobierno, la austeridad no es solo un dicho, sino un sello que queremos mantener, sin sacrificar gasto público en beneficio de las necesidades de la ciudadanía. Un ejemplo de ello, son los aproximadamente US$1.000 millones adicionales que ingresaron al fisco por la venta de una parte de SQM y que se podría haber gastado ya que incluso así cumplíamos con la meta de déficit estructural. Pero, ¿habría sido un gasto de calidad y bien pensado? Sin duda, no habría sido responsable. Lo más sensato era no gastar ese ingreso por una vez, y destinarlo a reducir la liquidación de activos o a emitir menor deuda.

El 2019 lo observamos con optimismo y con la determinación de seguir cumpliendo la meta de fortalecer la situación fiscal, con un gasto bien planeado y responsable, con el aval de haber realizado una buena gestión el año 2018 y con el respaldo técnico de la Dirección de Presupuestos. Nuestras finanzas públicas ordenadas y transparentes nos permitirán gastar responsablemente en beneficio de todos los chilenos.

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