Sebastián Cantuarias

Sebastián Cantuarias

Director Ejecutivo Fundación Proyecto Propio

Pulso

Desigualdad: la peor de las pobrezas

Si somos capaces de entender la desigualdad como el eje central del desafío, entonces podremos enfrentar la pobreza y construir una sociedad justa, equivativa y en paz para lograr el máximo potencial de nuestras familias y las comunidades que habitamos. 


La evolución de la pobreza se ha transformado en Chile en un fenómeno tendencial, tal como ha sucedido con el del desempleo tendencial. Desde la primera medición en 1987 hasta 2009, la pobreza bajó en forma sostenida. El país se transformó en el campeón mundial de la superación de la pobreza al reducir en 75% la pobreza medida en ingresos per cápita.

Sin embargo, desde 2009 en adelante algo nos pasó. Desde entonces la cifra se ha transformado en una tendencia, situándose permanentemente entre 8% y10%, con variaciones que estadísticamente no tiene relevancia alguna y, lo que es peor, en medio de un contexto que nos impedirá seguir avanzando.

Algunos cruces de la propia Casen muestran que existe un grupo muy importante de chilenos que entran y salen de la línea de la pobreza: pasan desde la categoría de pobres a indigentes y nuevamente a no pobres con mucha facilidad, lo que es una muestra clara de que la superación de la pobreza no es tal y de que los pobres no son siempre los mismos pobres.

De hecho, este fenómeno generó la creación de la medición multidimensional de la pobreza, lo que es una forma más elegante, pero al mismo tiempo “tramposa” de medir lo mismo, ya que la mayoría de las variables ahí descritas igual terminan dependiendo indirectamente del nivel de ingreso.

Entendida en su globalidad, la pobreza es la falta de medios económicos para garantizar una subsistencia digna. Aun cuando esa definición resulta correcta, esta mirada es solo la mitad de la verdad, toda vez que existen otras variables que también determinan la situación de pobreza: es pobre quien no puede acceder a un mínimo de educación, quien solo accede a condiciones de empleo precarizadas o quien gasta 4 horas de su día para ir y volver a su lugar de trabajo.

Por lo mismo es que la tendencia al alza que mostró la desigualdad en la reciente Casen es un potente llamado de alerta, toda vez que la desigualdad es la peor de las pobrezas, porque es el factor que la produce y Chile, entonces, es un país que se empobrece.

Así lo muestra, por ejemplo, las zonas de sacrificio medioambiental, que si bien no son medibles por nivel de ingreso, expresan una de las pobrezas más duras de la actualidad: vivir en medio de un aire contaminado, tomar agua contaminada y vivir constantemente en medio de la contaminación. ¿Acaso no es pobreza el vivir en zonas en las que el desarrollo económico va consumiendo de a poco las vidas de las personas?

Hay que repetirlo para que no se olvide: la desigualdad es la peor de las pobrezas, porque es su causa. Chile debiera abandonar la Casen y medir la pobreza como una expresión de desigualdad.

Si somos capaces de entender la desigualdad como el eje central del desafío, entonces podremos enfrentar la pobreza y construir una sociedad justa, equivativa y en paz para lograr el máximo potencial de nuestras familias y las comunidades que habitamos.

Director ejecutivo Fundación Dinero y Conciencia

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