¿El dilema de las redes sociales o el dilema de la educación?




Un tremendo impacto está causando el documental “El dilema de las redes sociales” de Netflix, con testimonios de muchos de los ingenieros que desarrollaron las herramientas digitales que usamos hoy. El foco es enganchar al cliente, mantenerlo conectado con notificaciones, colores llamativos, corazones, botones de “me gusta” y otros inventos celebrados por la industria del marketing. También se adentra en temas como la privacidad, el uso de nuestros datos, el petróleo del siglo XXI, los dilemas éticos de influir en las acciones de las personas.

La reacción a esta documental ha sido diversa. He visto mensajes de personas en las redes sociales pidiendo a los otros usuarios salirse de la misma red en la que ellos publican. “Nos manipulan”, “son herramientas para hacer el mal”, “voy a quitar los celulares a mis hijos”, son algunos de sus posteos...

Efectivamente, hoy podemos hacer marketing uno a uno y saber los gustos de las personas con sólo analizar sus interacciones en redes sociales. No necesito ser un científico de datos para hacer esto pues existen plataformas que hacen mucho del trabajo de análisis, diseño y pruebas masivas de mensajes para ver cuál es el que engancha de mejor forma al cliente. Somos el producto.

Las imágenes de Instagram, los vídeos cortos de TIk Tok, los GIF animados, los efectos de Snapchat y muchos otros inventos se han transformado en nuevos lenguajes. Incluso, a veces pienso que cada vez nos acercamos más a los jeroglíficos de las civilizaciones antiguas: hemos dejado de comunicarnos con letras y volvimos a comunicarnos con dibujos.

Y en cada una de estas interacciones, vamos dejando un poco de nuestras almas en forma de datos. Cuando miras Tik Tok, Tik Tok te mira a ti y muchas veces te conoce mejor de lo que tú mismo te conoces. No deja de ser escalofriante el poder de los algoritmos y lo estratégico que se han vuelto.

¿A dónde hemos llegado?, lo que comenzó como un juego de Mark Zuckerberg en su dormitorio de Harvard hoy se transforma en un asunto entre las potencias más grandes del mundo. Pero lejos de alarmarse, y contra lo que muchos comentan respecto al documental de Netflix, creo que lo fundamental y lo que está de fondo en todo este asunto, es la educación. Las personas en general no leen y sólo se alimentan de la información que miran en las redes sociales o antes de la creación de éstas, en la televisión.

La crisis actual no es digital, la crisis actual es educacional. La tecnología es solo una herramienta y el marketing siempre ha usado herramientas para llegar a nuestros corazones. Hoy más que nunca podemos dejar de ser solo un producto y aprovechar todas estas aplicaciones para educar a las actuales generaciones que, es cierto, se manejan mejor que los que somos los actuales padres.

Pero perdamos el miedo. Eduquemos en la forma correcta de usarlas. La realidad actual, que ha impulsado el teletrabajo y la educación a distancia abre un mundo de posibilidades para no solo dar “Me gusta” o comprar en línea, sino también para convertir estos inventos en aliados que apoyen en la educación de más niños y jóvenes.

Hay muchas herramientas educacionales en sus celulares, úsenlas, no vuelvan a las cavernas, lean y no se dejen llevar de primera por lo que ve en la televisión, en las redes sociales o en Netflix.

*El autor es director ecosistema de innovación fintech en Digital Bank Latam

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