Vittorio Corbo: "Tras este acuerdo constitucional es menos probable que se produzca una recesión"

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El expresidente del Banco Central cree que si el país logra empezar a normalizarse pronto, aunque será un proceso lento, es posible que la actividad comience a repuntar en el verano. Para ello, considera indispensable avanzar en la agenda social en el Congreso y controlar la violencia. Se declara "optimista que vamos a enfrentar exitosamente esta explosión social", pero advierte que de no conseguirlo, el gran riesgo es que "nos argentinicemos".




Cuando se produjo el estallido social que tiene a Chile en su mayor crisis desde 1990, Vittorio Corbo estaba fuera del país. A su vuelta, el expresidente del Banco Central (BC) quiso tomar la temperatura de lo que estaba ocurriendo antes de salir a hablar en extenso de esta convulsión. Reconoce que su ánimo mejoró tras el pacto político que se selló en la madrugada del viernes respecto al tema constitucional y que a partir de eso "empezamos a ver unos rayitos de sol, después de un invierno que se hizo eterno". Sin embargo, señala que aún la incertidumbre es alta y que es tarea de todos, pero fundamentalmente del sistema político, conducir de manera responsable este proceso, atendiendo las demandas, pero entendiendo "que acá no hay una billetera infinita".

¿El acuerdo constitucional marca un punto de inflexión en la actual crisis?

-Estamos celebrando que es un acuerdo que encauza el proceso constitucional y que tiene un procedimiento que ofrece garantías. Lo segundo es que hay una declaración de los partidos de rechazar la violencia y de reafirmar la defensa del sistema democrático.

Al ser un acuerdo amplio y con resguardos para que las decisiones se tomen con suficiente apoyo en el tipo de convención que se elija, da más seguridad de que lo que saldrá será una Constitución con bastante respaldo. Lo más importante ahora es que este ánimo de negociación con altura de miras permita seguir avanzando en lo que es indispensable a corto plazo: la agenda social que se hace cargo, en forma parcial, de las demandas ciudadanas, y el control de la violencia.

¿Puede ser este el principio de la salida para la crisis?

-Este acuerdo constitucional puede ser el principio de la solución de la crisis. Queda todavía ver cuál es la respuesta de la sociedad para detener la violencia. Espero que este acuerdo también contribuya a que esos actos se acaben. Los inversionistas, por su parte, querrán ver cómo esto se va desarrollando, pero se empieza a disipar la gran nube que nos había envuelto el último mes.

En materia constitucional, de todos modos el proceso será largo. ¿Puede eso afectar el clima de inversión?

Pero no va a ser nunca el ruido que teníamos hasta la madrugada del viernes. Ese ruido podía durar mucho más que dos años y no sabíamos la dinámica que podía tomar la situación del país. Además, cambiar la Constitución con el procedimiento establecido reduce bastante los riesgos y las aprensiones.

¿Cómo cambia el escenario económico que había hasta el jueves, si el país logra ir retomando pronto la normalidad?

-Lo esencial para eso es, primero, que termine la violencia. Segundo, que se empiecen a reparar los múltiples daños al transporte y productivos que existen. Y tercero, para fortalecer el mensaje de que la gente no vuelva a las calles, hay que sacar adelante en el Congreso la agenda social y acelerar la discusión de la reforma de pensiones. Igual se debe entender que acá no hay una billetera infinita. Existe espacio para tomar más deuda pública en lo inmediato, pero hay que ponerse de acuerdo después cómo vamos a financiar los nuevos gastos permanentes en forma sostenible, sin debilitar la solvencia fiscal, que es fundamental. Posiblemente, en vez de recaudar el Estado 22% del PIB en ingresos, vamos a necesitar ir a 24 o 25% del PIB en cuatro o cinco años, pero de todos modos no se puede todo, hay restricciones. Y también se requiere hacer del Estado un ente mucho más eficiente. No matemos la gallina de los huevos de oro que es tener una economía que siga creciendo. Países que han tratado de hacerlo todo de una vez terminan mal.

Si empieza la normalización, ¿mejoran las perspectivas económicas?

-Pese a que se cumplan los requisitos anteriores, esa normalización va a tomar tiempo. De a poco el comercio y los servicios deben volver a sus horarios normales, pero eso depende, entre otras cosas, del transporte y del fin de la violencia. Y la inversión querrá ver cómo se desarrolla todo este proceso. Por lo tanto, de todos modos el cuarto trimestre va a ser muy malo. Ello implica que medido trimestre contra trimestre el crecimiento del cuarto trimestre probablemente será negativo.

¿Y cómo queda la probabilidad de caer en una recesión técnica, sobre la que se advirtió en la semana?

-Respecto de lo que teníamos hasta el jueves, disminuye bastante la probabilidad de caer en una recesión técnica. Hay más posibilidades de que la actividad empiece a repuntar en los meses de verano y así, que el PIB del primer trimestre de 2020 esté por sobre el del actual trimestre. Entonces, la verdad que tras este acuerdo constitucional es menos probable que se produzca una recesión a comienzos del próximo año.

¿Se moderan también las estimaciones de desempleo? El ministro de Hacienda habló de pérdida de trabajos que implican una tasa sobre 10%.

En esa materia, el cuarto trimestre también será muy malo, porque el desempleo ya se está produciendo. Si la economía empieza a normalizarse, eso se irá revirtiendo en el tiempo. Pero debemos asumir que varias empresas, esencialmente pymes, van a desaparecer. Ya sea que fueron quemadas o que perdieron todo su capital de trabajo. También está sufriendo el comercio, restaurantes y esparcimiento, y todos ellos son intensivos en empleo. De todos modos, si no se produce una recesión a principios de 2020, el desempleo en vez de llegar a 10% podría ubicarse más abajo que eso.

¿Cómo quedan ahora sus estimaciones de crecimiento para 2019 y 2020?

-Para este año la mantengo igual, entre 1,7% y 2,1%. En cuanto a 2020, dado que todavía hay una gran incertidumbre, persisto en un rango de 0,5% a 2,5%, pero estoy modificando el sesgo de negativo a más neutral. La inversión es la que más va a sufrir, de esperar que creciera a 3% o 4% hasta antes de la crisis, podría hacerlo ahora entre -1% y 1% en 2020.

Luego de ver la caída del viernes, ¿hizo bien el BC en no vender dólares, pese a que su precio superó los $ 800 en la semana?

-El dólar cayó por el acuerdo constitucional fundamentalmente, pero también ayudó la liquidez que está proveyendo el BC. Lo ha hecho muy bien. Esperó a ver que el sistema político resolviera el debate constitucional que existía, porque había mucha incertidumbre. El Central no podía, con las limitadas herramientas que tiene, tranquilizar al mercado cambiario, porque era un problema de ruido político y deterioro del orden público. Así que guardó municiones y no arriesgó credibilidad. Siempre debe evaluar muy bien cuándo actuar.

Si se concreta el ir retomando la normalidad, ¿ve al dólar volviendo sobre $ 800?

-Lo veo poco probable por los fundamentos de Chile. Haber llegado a esos niveles respondió a la incertidumbre y cierto ruido extremo, lo que quedó demostrado el viernes con la fuerte caída que tuvo. Estimo que había unos $ 40 asociados a eso, por lo que si la situación se va normalizando, puede devolverse algo más.

¿Y hay espacio para otra baja de tasas en diciembre?

-Pese a este acuerdo, veo muy poco probable otra baja de tasas en diciembre. No tiene mucho sentido, porque hace más barato financiar dólares. El BC debe esperar a que se estabilice la situación. Además, la política fiscal va a terminar siendo más expansiva. Por lo mismo, es tiempo de esperar y mirar para el BC, para ver además si se tranquiliza el mercado cambiario y cómo opera su programa de liquidez.

Con el estado de situación a hoy, ¿cree que Chile saldrá de esta crisis mejor o peor de como entró a ella?

-Si logramos salir habiendo enfrentado problemas que estaban escondidos y que generaron este gran estallido, puede ser algo bueno en la medida que logremos corregirlos. Si se articulan reformas que permitan mejorar las pensiones, la educación y la salud pública, y aprovechamos de ir adelante con los cambios necesarios en la eficiencia del Estado para que los mayores recursos no vayan a un saco roto, y también incrementar la competencia en la economía y mejorar el trato en la sociedad, habremos salido mejor. Todo esto se debe hacer en forma fiscalmente responsable para que no sea pan para ahora y hambre para mañana. Pero avanzar en todas estas dimensiones no va a ser una tarea fácil. Con todo, soy optimista que vamos a enfrentar exitosamente esta explosión social y ya habrá tiempo para retomar un mayor crecimiento, el cual es fundamental para seguir mejorando el bienestar de la población.

¿Y cuál es el riesgo si no se logra encauzar este descontento y sigue la violencia?

-Miremos lo ocurrido con Argentina, que pasó de ser un país desarrollado a uno subdesarrollado. Ese es el riesgo que está presente, que nos argentinicemos. En Argentina un 35,4% de su población, cerca de 16 millones de personas, vive hoy en la pobreza.

"La movilidad social hoy en Chile es más alta que en varios países europeos"

¿Cuál es su diagnóstico de esta crisis y de por qué explotó ahora y con esta fuerza?

- Fue una gran sorpresa para todos. Algunos pueden haber visto indicios, pero nadie lo vio venir cómo se produjo, ni con la fuerza que ha tenido. Había causas, pero siempre las hay. La gente ha puesto mucho énfasis en la desigualdad, pero hay que tener cuidado, porque todas las estadísticas muestran que ha bajado fuerte en los últimos 30 años, independiente de cómo se le mida. Si solo nos centramos ahí, es difícil explicar por qué la situación explotó ahora y no antes.

¿Por qué?

-Porque antes éramos mucho más desiguales. Si uno toma el índice Gini, al comienzo de los 90 era de 0,572. El 2017, en cambio, fue de 0,466, lo que es un descenso muy importante de la concentración del ingreso. Si se mira la movilidad social, tomando la relación entre quienes se ubican en el primer cuarto de la distribución del ingreso y cuántos de ellos vienen de, al menos, un padre que estaba en el peor cuarto, hoy es más alta que en varios países europeos, incluyendo a Alemania, Dinamarca y Francia.

Entonces, ¿cómo se lo explica usted

-Lo que han mostrado las encuestas durante bastante tiempo y se le hizo poco caso, es que la gente está muy insatisfecha con la calidad de los servicios que recibe del Estado, especialmente en la salud pública y la educación. Está molesta también con algunos servicios privados, donde da cuenta de mal trato y abusos. Además, en el caso de la clase media, que ha progresado mucho en los últimos 30 años, los últimos años ese progreso ha sido muy limitado, porque el país ha crecido poco y el sistema político ha sido incapaz de avanzar en reformas que benefician a ese sector. Con un crecimiento per cápita entre 1% y 1,5% por cuatro o cinco años, el mercado laboral pierde dinamismo y los salarios crecen poco, lo que hace que la gente esté frustrada. Y también muchos pensaron que esto iba a ser transitorio y se endeudaron. Entonces, hay expectativas que no se han cumplido.

¿Cuál es la responsabilidad de la élite y de los empresarios en esta crisis?

-En general, en el caso de la élite política y económica, el no haber percibido a tiempo estas frustraciones de la clase media.

El autor del libro Salvando el capitalismo de los capitalistas, Luigi Zingales, dice que en Chile existía la noción de que el que trabajara duro tendría éxito, pero que eso no se ha cumplido, lo que genera frustración. ¿Es así?

-Estoy de acuerdo y es lo que muestra con claridad la encuesta del CEP. Según ella, en Chile la gente cree en la meritocracia y en salir adelante con trabajo duro y esfuerzo. Pero en el sector público la meritocracia no funciona, porque los puestos no son por concurso, salvo honrosas excepciones. Hay muchos operadores políticos de los gobiernos de turno. Y en el sector privado también existe la percepción de que los contactos son más importantes. Pero igual eso era mucho peor hace 10, 20, 30 años. Lo otro que han mostrado las encuestas es que la clase media tiene gran preocupación de volver a la pobreza si enfrenta un shock. No tiene una malla que la resista si se cae.

Pero hay gente que ve en esto un problema más estructural y apunta al fracaso del modelo económico que ha tenido Chile en los últimos 35 años.

-Perdón, ¿y cuál es el modelo alternativo? Si pensamos el modelo económico como apertura al mundo, estabilidad macroeconómica, el mercado como asignador de los recursos, es el que usan todos los países exitosos hoy, incluido lo que ha estado haciendo China. En cambio, los que tenían otro sistema, no basado en el mercado, desaparecieron varios de ellos, como la Unión Soviética y las repúblicas de Europa del Este.

Ahora, el sistema de libre mercado requiere, al igual que las plantitas, ser regado todos los días. Los mercados cumplen en forma importante con asignar recursos, pero deben tener mucha competencia. En Chile nos descuidamos de la competencia. Tener mercados no lo suficientemente competitivos conlleva un menor bienestar para la población y en Chile hay ejemplos de eso, como el mercado de los notarios o del cabotaje marítimo. Además, ha habido casos contrarios a la competencia, como las colusiones.

¿No es el sistema imperante el que atenta contra lograr mayor equidad?

-No me parece justo echarle la culpa al modelo económico, cuando la falla más grande en Chile ha estado en la provisión de bienes públicos: salud y educación temprana, básica y media. Todas las sociedades que han progresado en reducir la desigualdad han complementado un modelo de mercado con políticas públicas enfocadas en mejorar las oportunidades de la ciudadanía. ¿Por qué es más igual Suecia que Chile? Porque tienen dos cosas importantes: primero, una educación pública de calidad y eso nivela la cancha. Y segundo, servicios públicos muy eficientes: salud, transporte, etc. El modelo en Chile requiere ajustes, pero no refundarlo. Requiere darle la importancia que tiene satisfacer las demandas de la clase media.

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