Mi voto en abril, por qué cambié de opinión

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Las escabrosas escenas de violencia en contra de la policía que vemos día a día en las redes sociales, de manos atadas ante la indolencia política, chocan con las conciencias de buena voluntad. La complicidad pasiva de los políticos firmantes del acuerdo, incapaces de aprobar siquiera una ley antiencapuchados como tienen casi todos los países desarrollados, me convenció que quienes dirigen este proceso no pueden llevarlo a un buen final.




El 15 de noviembre de 2019 me inspiró mucho entusiasmo. En una columna en otro medio, festejé la firma del acuerdo sobre la base de lo que me pareció el principio de un reencuentro de la política en el Congreso con las demandas de acuerdos que el país clama. Me entusiasmó que el acuerdo se autoimponía la obligación de acordar un nuevo texto constitucional por 2/3 de los constituyentes y también que se trataba de un acuerdo por la paz, hoy trastocada por una insurrección delictual al amparo de anarcos, narcos y delincuentes. En mi opinión es evidente que la paz solo puede obtenerse mediante una nueva agenda social y por el uso de la fuerza legítima del Estado en contra de esta insurrección delictual. Ello requiere el ejercicio del monopolio de las armas y su uso ante quienes atacan a la policía, ya sea en sus cuarteles, ya sea con bombas incendiarias, u otras formas que amenacen su integridad. Mi júbilo suponía que las fuerzas políticas democráticas que firmaron el acuerdo tenían una mínima comprensión de esta disyuntiva que me parece evidente.

Tardé poco en darme cuenta de mi error. Las escabrosas escenas de violencia en contra de la policía que vemos día a día en las redes sociales, de manos atadas ante la indolencia política, chocan con las conciencias de buena voluntad. La complicidad pasiva de los políticos firmantes del acuerdo, incapaces de aprobar siquiera una ley antiencapuchados como tienen casi todos los países desarrollados, me convenció que quienes dirigen este proceso no pueden llevarlo a un buen final. Esta es la primera razón para apoyar el rechazo. Especial indignación con los líderes de la exConcertación, de la cual fui parte y me enorgullezco. El tremendo proceso de recuperación democrática, que se inició en 1990 y culminó el año 2005 con una reforma constitucional significativa firmada por el presidente Lagos, es hoy renegada y reemplazada por una hoja en blanco, borrando con el codo un proceso maravilloso de 15 años. Hasta ahí la parte emocional de mi voto rechazo: desconfío profundamente que la actual clase política que dirige este proceso nos pueda conducir a un reencuentro en un nuevo pacto social. Voté no el año 1980, apoyé el no en 1988 (estaba en el extranjero estudiando) y voto no en abril por la misma razón: tres procesos mal concebidos, mal diseñados y dirigidos por quienes no tienen legitimidad para hacerlo. Hasta ahí la parte indignada de mi voto. Ahora los argumentos racionales.

Deseo una nueva constitución para Chile. El sistema híper presidencialista corrompió el alma del país, estimuló una creciente descomposición y decadencia de la clase política y sus partidos, humillados por el poder abrumador del Ejecutivo. El embrujo del sistema presidencial-monárquico de Chile hace rato que sobra y debe ser reemplazado por un sistema semi-presidencial o parlamentario, que es mi preferencia. El llamado Estado subsidiario, que no es más que un alto quórum para formar empresas públicas, también sobra. La enorme cantidad de leyes orgánicas constitucionales son innecesarias y limitan el ejercicio de la democracia. El reconocimiento de nuestros pueblos originarios falta y los ámbitos de control preventivo del TC están de más.

El triunfo del voto rechazo es un tapaboca a la clase política del 2% de aprobación, que no representa lo que el país requiere y que su promesa de entregar una buena convención constituyente en octubre próximo es tan feble como su propia representatividad actual. ¿Quien cree que una convención constituyente elegida con las mismas reglas que la actual Cámara de Diputados no va a producir la misma combinación de diputados aptos e incompetentes que hoy tenemos en el Congreso? ¿Cuántas buenas constituciones actuales han nacido de asambleas constituyentes y no de comisiones de alto nivel que redactan una constitución y luego la someten a validación ciudadana?

El voto rechazo nos permite volver a discutir tres cosas al mismo tiempo: el control del orden público, focalizarnos en la nueva agenda social y la economía, y forjar un nuevo acuerdo político que conduzca a un congreso constituyente y una comisión constitucional que nos entregue una nueva constitución para Chile.Todo en orden, paz y cordura.

Economista

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