En todos los ecosistemas de innovación exitosos, el sector defensa ha sido uno de los principales impulsores. Históricamente es un área que constantemente ha buscado incorporar nuevas tecnologías. Varios casos de tecnologías militares que han llegado a ser parte de la cotidianidad y han implicado una mejora en la calidad de vida, son ejemplo de ello.

La tecnología de las cámaras digitales, tan comunes actualmente, son una de ellas. Primero empezaron a utilizarse en satélites espía para captar imágenes aéreas de alta resolución de instalaciones adversarias, tecnología que progresó en el ámbito militar, especialmente durante la Guerra Fría, hasta que en los años 70 se crea la primera cámara digital autónoma.

Otro ejemplo, son los populares drones que comenzaron a usarse en el ámbito de defensa como vehículo aéreo no tripulado controlado a distancia para inspeccionar campos de batalla o realizar misiones consideradas peligrosas para las personas. Desde la década de 1990 se comenzaron a utilizar para lanzar misiles. Algo similar ha ocurrido con tecnologías como el radar, los hornos microondas, internet, entre muchas otras.

Desafíos en Chile

En Chile, sin embargo, y a pesar de su creciente sofisticación, “faltaba una colaboración sistemática entre el ecosistema de CTIC y la defensa”, señala Javier Ramírez, director ejecutivo de Know Hub Chile, corporación de transferencia científico-tecnológica que para apoyar la incorporación de la defensa en el ecosistema de innovación chileno, creó el programa Know Hub Dual-Tech, que busca resolver problemas tecnológicos de las instituciones del sector, a través de las capacidades del ecosistema nacional de CTCI y el impulso de emprendimientos de base científico-tecnológica (EBCT), para que puedan ser proveedores sofisticados del sector defensa y del mercado civil (tecnologías duales).

Dual-Tech abarca una serie de iniciativas “entendiendo además que la incorporación de la defensa generará inmensos beneficios, no solo al ecosistema de I+D+i, sino al país en general”, indica Ramírez.

La iniciativa comenzó en 2019.

Una de aquellas iniciativas es el Desafío Avante. Iniciado a fines de 2019, en conjunto con la Academia Politécnica Naval, la Dirección de Programas, Investigación y Desarrollo de la Armada de Chile y Know Hub Chile, incentiva la participación de la ciencia y el emprendimiento nacional en la búsqueda de soluciones tecnológicas que aporten al mejor desempeño de la institución en el cumplimiento de las obligaciones que el Estado le requiere.

Cuando se impusieron el objetivo de colaborar para la incorporación de la defensa al ecosistema de I+D+i, Ramírez explica que imaginaron que sería un proceso largo y que quizás al cabo de unos años lograrían algún tipo de interés en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, añade, se encontraron con que la Armada no sólo estaba pensando de manera similar, sino que su incorporación al ecosistema es parte de su plan estratégico de I+D, y estaban en la búsqueda activa de un socio para el diseño e implementación de Avante, en el corto plazo. “La coincidencia de objetivos y motivaciones facilitó enormemente el proceso”, asegura.

Fernando Le Dantec, Contraalmirante y director de Programas, Investigación y Desarrollo de la Armada, explica que Avante se ha transformado en una herramienta que permite llevar la vinculación con el ecosistema de innovación y emprendimiento a un nuevo nivel, “donde podemos contar con profesionales de diversas áreas y formación al servicio de nuestra Armada en la búsqueda de estrechar las brechas de desarrollo tecnológico orientado en la defensa”.

Innovaciones científico-tecnológicas

En su primera versión, el foco del desafío fue la Conciencia Situacional Marítima (MDA-Maritime Domain Awareness), o el conocimiento efectivo de todo lo asociado al dominio marítimo. Considerando que Chile es responsable de la vigilancia y control de 26,5 millones de kilómetros cuadrados de océano, desarrollar tecnologías en ese ámbito es muy relevante.

Los desafíos se enfocaron en la detección de pesca ilegal en aguas jurisdiccionales chilenas de manera de obtener medios de prueba, en actividades ilícitas, en la detección de contactos no colaborativos y detección de comportamientos anómalos en las naves y embarcaciones que transitan por áreas marítimas de responsabilidad nacional.

En su primera versión, en 2020, el equipo ganador fue de Acústica Marina empresa de base científica-tecnológica especialista en tecnología hidroacústica, que desarrolló estaciones de monitoreo impulsado por Inteligencia Artificial para la detección de embarcaciones en tiempo real. Su trabajo con la Armada y en el mercado civil ha continuado, con avances en el mercado de las salmoneras (detección de sustracción) y protección del medioambiente.

Marcela Ruíz, bióloga marina, directora ejecutiva de Acústica Marina, destaca la iniciativa como una gran oportunidad: “la Armada de Chile es una institución muy reconocida a nivel internacional, por eso valoramos que se abra a invitar a los EBCT a solucionar un problema real. Nosotros que somos civiles agradecemos esta apertura, que nos den tiempo y que nos dejen entrevistarlos para conocer los problemas tecnológicos que necesitan resolver”.

Equipo de trabajo.

Para Ruíz este tipo de iniciativas se deberían replicar en otras Fuerzas Armadas. “Todo el conocimiento que existe en Chile puede generar soluciones científico-tecnológicas, estamos capacitados para llevar a cabo estos desafíos. La Armada lo está haciendo bien en su llamado a la ciencia abierta porque recluta a gente civil y los convoca a resolver problemas reales. El Estado tiene que convocar a los emprendedores chilenos, la gente está, la capacidad está, el conocimiento está, no se requiere ir a buscar a Europa”, subraya.

En 2021, el desafío abordó la disponibilidad de medios navales. El equipo ganador fue Jaksol, liderado por Felipe Bueso, plataforma digital de mantenimiento predictivo y prescriptivo de sistemas de ingeniería, que ayuda a mejorar la planificación y gestión de los medios navales. “Avante te da las bases para validar el problema y la solución tecnológica que estás planteando para resolverlo. Es más que un premio, te entrega conocimientos que te van a servir para siempre y, sobre todo, para poder desarrollar tecnología o emprendimientos de base científico-tecnológica con mayor éxito”, destaca.

En total, 62 equipos de emprendedoras y emprendedores tecnológicos han sido parte de ambas versiones de Avante y cuatro de ellos fueron seleccionados por Corfo en su concurso Startup Ciencia, financiamiento que les permite perfeccionar sus tecnologías para resolver problemas duales.

La tercera edición (Avante 3) acaba de lanzarse y está enfocada en la modernización del modelo de medicina preventiva de la Armada de Chile. Cuenta con tres ejes: la captura de datos de salud, la definición de índices de riesgo y la calendarización dinámica de atención médica.

Son ocho los equipo seleccionados al programa, de los cuales cuatro pasan a la segunda fase donde reciben hasta 2 millones cada uno para el desarrollo de su producto mínimo viable, es decir, que cumpla con las funciones mínimas para ser lanzado al mercado. De los cuatro seleccionados, se escogerán dos ganadores, quienes se llevarán $90 millones en total para implementar un plan de trabajo de seis meses, escalar y acercar la tecnología a su mercado.

Los emprendimientos de base científico-tecnológica que deseen participar pueden postular hasta el 30 de enero 2023 en el sitio web: https://knowhub.cl/avante/