Cambio en la distribución de fallecidos: ¿Están muriendo más personas jóvenes?

FOTO: AGENCIAUNO

El 20 de abril, las personas muertas a causa de Covid-19, mayores de 70 años representaban el 74,1% del total de fallecidos por esta causa. Un mes después, la cifra de muertes disminuye a 65,99%.




El lunes 20 de abril, justo hace un mes, las cifras del Ministerio de Salud indicaban que en el país había 10.507 personas contagiadas con Covid-19 y 139 fallecidos. Esas eran, al menos, las que tenían un examen de PCR positivo al virus y que eran parte del reporte diario que realiza la autoridad.

De ellas, el 74,10 (103 personas) eran mayores de 70 años, el 13,67% (19) tenía entre 60 y 69 años; el 7,91% (11) tenía entre 50 y 59 años; el 1,44% (2) tenía entre 40 y 49 años, mientras que el 2,88% (4) eran menores de 39 años.

Un mes después, el panorama es diferente. No solo aumentó el número de contagiados y fallecidos, sino que la composición por edad de las personas que perdieron la vida a causa del virus también cambió.

Hasta este miércoles, los contagiados suman 53.617 personas y el total de fallecidos llega a 544. Los mayores de 70 años siguen siendo mayoría, con el 65,99% (359 personas); los fallecidos entre los 60 y 69 años representan 16,91% (92); los de 50 a 59 años, el 9,38% (51); los de 40 a 49 años, el 5,70% (31) del total de fallecidos, y los menores de 39 años (11), el 2,02%.

En este período, los grupos que más aumentaron mortalidad fueron los más jóvenes. Si en abril el grupo de 40 a 49 años representaba el 1,44% del total de muertes, en un mes aumentó 4,26 puntos porcentuales. En el mismo período, el grupo de 50 a 59 años creció 1,47 puntos porcentuales y entre los 60 y 69 año, subió 3,24 puntos.

¿Qué ocurrió? Difícil saberlo, dice Christian García, académico y médico doctorado en Salud Pública de la U. de Santiago. Con las cifras disponibles es evidente un cambio en la distribución de la mortalidad, pero para hacer un análisis más profundo y tomar decisiones es necesario saber el rango etario de los contagiados, un dato que no se entrega.

“La distribución ha cambiado, pero eso no implica un cambio de riesgo. En abril eran muy pocos casos, por lo que se parte comparando desde una base pequeña. Si bien en números totales hay más fallecidos en los grupos más jóvenes, no implica que haya un cambio en el riesgo. En el análisis epidemiológico no parecen ser cambios tan radicales”, dice García.

Carlos Pérez, infectólogo de la Clínica U. de los Andes y decano de la Facultad de Medicina y Ciencia de la U. San Sebastián, señala que lo que se sabe y se sigue manteniendo es que a medida que avanza la edad de las personas hay más riesgo de complicaciones y de muerte. “Con los números absolutos es difícil saber lo que está pasando. Hay que revisar la letalidad (número de fallecidos respecto del número de contagiados) por rango etario, pero no tenemos con contagiados por edad”, dice Pérez.

Producto de la cuarentena total en Santiago, los viajes en el transporte público disminuyeron drásticamente. Foto: Andrés Pérez

Sin embargo, en las clínicas y hospitales hay pacientes de todas las edades que están con complicaciones graves y conectados a ventiladores, reconoce el infectólogo. “Los pacientes más jóvenes que están complicados tienen, en general, otras enfermedades, como obesidad, diabetes, patología cardiopulmonar o son inmunosuprimidos. Personas entre los 30 y 40 años que terminen en la UCI es menos frecuente. No hemos visto que estén ocurriendo complicaciones en personas jóvenes sin factores de riesgo, la gran mayoría sí los tiene”, añade Pérez.

Según García, lo que hoy está ocurriendo implica que se está acumulando una masa o grupo de personas que están contagiadas y siguen contagiando al resto de la población. Pero las personas que tienen complicaciones y fallecen no lo hacen de manera inmediata, demoran tres, cuatro o más semanas.

Las personas que están falleciendo ahora son las que enfermaron varias semanas atrás. Pero dentro de las cifras se sigue considerando el número total de contagiados, incluidos los nuevos, por lo que la letalidad se va a la baja porque el número de contagiados es mayor. Lo ideal sería tener la distribución etaria entre los contagiados y con eso comparar en un mes si hay cambios o no. O calcular los datos desagregados, es decir, saber cuándo las personas iniciaron los síntomas, cuándo se detectaron positivas, cuándo iniciaron las complicaciones y cuándo fallecieron, pero no están”, explica Pérez.

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