COP25: El peligro del greenwashing

Autor: Claudia Soto

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO

El alto costo de la conferencia del clima obliga a las autoridades a buscar recursos en los privados, abriendo un manto de dudas sobre el real interés de las empresas de participar en el evento. A pocos meses de la COP25, el Ministerio del Medio Ambiente se comprometió a dar garantías sobre la materia.


Casi nueve meses quedan para que comience en Santiago la versión número 25 de la Conferencia de las Partes (COP25), que reunirá a 197 países, y los presidentes de unas 30 naciones, para avanzar en acciones y restablecer compromisos en relación al cambio climático.

La cita es la más relevante sobre la materia en el mundo, y de ahí el interés que suscita en los Estados y organizaciones en ser parte. Quien tampoco quiere quedar fuera es el sector empresarial. Justamente sobre este punto, la ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, fue consultada en su paso por el Congreso cuando asistió para presentar el proyecto que autoriza el presupuesto para organizar la cumbre.

Y es que parlamentarios de distintos sectores pidieron garantías al Ejecutivo para la reunión climática de diciembre próximo no se preste como un espacio de lobby y de lavado de imagen para compañías contaminantes.

El “ecoblanqueamiento” y el debate en el Congreso

El greenwashing es cada vez más frecuente y cada vez menos identificable entre los usuarios. Se trata de una práctica que utilizan distintas compañías para mostrar una cierta adaptación a temas medioambientales, debido al aumento de críticas de parte de la población que reclaman a las empresas un comportamiento más sustentable.

En la práctica, este lavado de imagen puede hacer que una empresa parezca más amigable con el medio ambiente, de lo que realmente es.

Imagen de Lauri Rantala, via Flickr Commons.

Ayer, cuando se votaba en la sala de la Cámara el presupuesto para planificar la reunión, la diputada Catalina Pérez (RD) -presidenta de la comisión de Medio Ambiente de la instancia- llamó a las autoridades a cumplir con la promesa que se hizo en torno al tema.

“No vamos a estar disponibles para que esta crucial conferencia se constituya en un espacio de lavado de imagen, de greenwashing de quienes hoy están matando nuestro ecosistema”, manifestó. La parlamentaria precisó que mientras se discutía el presupuesto en la comisión que lidera, se recibió el compromiso de parte del ministerio de no intercambiar donaciones por presencia en la cumbre. “Estaremos atentos a fiscalizar el cumplimiento de eso”, indicó.

Así, sostuvo que no se permitirá que empresas como “AESGener, Monsanto o Soquimich ocupen este espacio para lavar su imagen y para además tener un 100% de exención tributaria”.

En otra vereda, el diputado José Miguel Castro (RN) -también integrante de la comisión de Medio Ambiente- señaló que si bien el tema de lavado de imagen ha ocurrido en otras COP, el tema se ha ido perfeccionando. Por este motivo, sostuvo que quienes crean que las empresas deben restarse, “no están entendiendo lo que es trabajar en equipo. Aquí no podemos restar a ningún participante, a ningún actor de la sociedad, porque estos son compromisos que se toman como sociedad entera”.

Para el parlamentario, considerando que la idea de Chile es avanzar en la descarbonización, “me parece bien que las termoeléctricas se hagan parte para ver cómo será su reconversión. Si los alejo y los limito simplemente a mirar, poco es lo que se va a poder conseguir”.


Verdes por fuera: La mentira del greenwashing

La COP24 del año pasado fue recordada por el greenwashing Polonia es uno de los países con mayor dependencia del carbón -que genera el 80% de su electricidad- y Katowice, ciudad sede de esa conferencia, es un bastión de esa minería. Y eso se notó.

Polonia quiso “vender” a Katowice como un modelo de transición justa que había pasado de ser una ciudad carbonífera a una ciudad turística, lo que generó suspicacias en algunos asistentes. Ramiro Fernández, director de Cambio Climático para América Latina de Fundación Avina, estuvo ahí: “Fue irrisorio, no tenía sentido”, dice Fernández, quien ha asistido a las últimas nueve COP, y agrega: “El posicionamiento del país se da con su capacidad de liderazgo de la presidencia de lograr que los 195 países alcancen un acuerdo”.

Las COP tienen un componente de financiamiento público y privado, y Fernández asegura que en general hay mucho cuidado de tomar financiamiento de empresas que tengan mala imagen o estén mal posicionadas en el tema de las emisiones. “Sería una pésima estrategia para Chile buscar financiarse con industrias que tengan muy mala imagen en relación al cambio climático”, dice.

Fernández recuerda que en la COP20 de Lima, la última en América Latina, no hubo casos de cuestionamientos a empresas que estuvieran financiando el proceso de la COP para hacer greenwashing. “El gobierno peruano ni les dio ese espacio, pero depende mucho del liderazgo del país”, dice. Y esa buena imagen le redituó en parte lo que había invertido en organizar el evento, agrega Fernández, ya que, por poner un solo ejemplo, ese país firmó un convenio bilateral con Alemania de 300 millones de dólares para proteger la Amazonia.

Un análisis similar hace Samuel Leiva, consultor en políticas públicas medioambientales. “El asunto con Polonia es que ese país depende mucho de su industria carbonera y la presidencia no quiso rechazar ese punto. Entonces la industria del carbón tenía un pabellón de ‘carbón sustentable’, lo cual es obvio que es una barbaridad. Esas cosas son comunes en la cumbre”, señala. Lo que también sería un contrasentido en Chile, asegura.

Según explica Leiva, las empresas ocupan estas instancias para “vender” una imagen no del todo cierta. “Quieren parecer verdes”, manifiesta. Por eso, puntualiza en que los países anfitriones no deberían permitir que estas situaciones coarten su agenda: “La presidencia de la cumbre debería alejarse de cualquier instancia de lobby que pudiese aparecer”. Por esto agrega que “no basta con ponerse la imagen de paladín del cambio climático, porque eso tiene que tener coherencia con las políticas nacionales”.

A lo que se refiere es al calendario de descarbonización que fue anunciado en enero por el Ministerio de Energía, y que debería lanzarse entre marzo y abril de este año. “Este tema ni siquiera lo han mencionado. No hay coherencia y todos se están haciendo los lesos. Desde esa perspectiva, parecería absolutamente greenwashing que existiesen espacios para promocionar sus negocios sustentables y renovables, si por el otro lado, no están haciendo lo que tienen que hacer”, señala.




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