María Alejandra Energici

María Alejandra Energici

Académica de la Facultad de Psicología de la U. Alberto Hurtado

Qué Pasa

El descubrimiento de la masculinidad: el spot de Gillette

Monique Wittig afirma que solo las mujeres tenemos un sexo. La aseveración puede parecer contradictoria, pues a todas luces existen, como mínimo, hombres y mujeres. Sin embargo, si la interpreto correctamente, lo que Wittig propone es que solo para el cuerpo femenino se debe especificar que se trata de un género en particular.

Un ejemplo sencillo, desafiado por la reciente aparición del lenguaje inclusivo, es que la figura neutral es siempre masculina. Así, si hay un grupo de hombres y mujeres nos referimos a este en términos masculinos: ingenieros, profesores, académicos. Solo si está compuesto exclusivamente por mujeres, lo nombramos femeninamente: ingenieras, profesoras, académicas. Así, para Wittig lo masculino corresponde a lo universal, mientras que lo femenino a lo particular. De las mujeres hablamos de su sexo, su género, su condición de ser mujer y no así de lo masculino.

El reciente controvertido spot de Gillette desafía la propuesta de Wittig. Con esto no quiero decir que una marca sea más brillante que una de las feministas teóricas más relevantes del último tiempo, sino que muestra que el debate sobre género y diversidad comienza a complejizarse.

A mi juicio la controversia que levanta el spot de Gillette (que por cierto no ha sido transmitido en Chile) se debe a que posiciona lo masculino, la masculinidad para ser más precisa, como un género. Y esto es novedoso en la escena local. Hasta el momento todo el debate tenía que ver con las mujeres y la diversidad sexual como actores protagónicos: el abuso de mujeres en el contexto universitario, el acoso callejero, el femicidio, la mal llamada ideología de género y la ley Zamudio, por nombrar algunos ejemplos.

Llevado al extremo, solo a las mujeres y a las sexualidades no normativas (como LGQTB+) se les discrimina e incluso asesina por su condición sexual. Lo masculino brilla por su ausencia en estas controversias. El spot de Gillette agrega esta dimensión invisibilizada en el debate sobre género, diversidad y violencia. Esto al menos en tres sentidos.

El primero es que responsabiliza a los hombres. En el spot está la frase: “Los hombres necesitan responsabilizar a otros hombres”.  Las mujeres y la comunidad LGTBQ+ no son los únicos actores en la lucha por la igualdad y no discriminación de género. El cualquier relación en que haya un violentado, hay otro que ejerce la violencia. Quienes abusan de poder no son siempre hombres, pero sí son quienes han usado esa posición históricamente. El spot se refiere justamente a este lugar sostenido en el tiempo, “ha estado sucediendo demasiado tiempo”.

La segunda forma en que el spot introduce la noción de género en lo masculino es mostrando las prácticas cotidianas a través de las cuales los hombres se constituyen como seres violentos, bruscos, fuertes y toscos, entre otros. El spot muestra el humor sexista, tan inculcado en nuestra cultura, las prácticas de acoso callejero, las explicaciones para autorizar la violencia entre niños y la sanción social hacia la expresión de sentimientos que no sean la rabia. Y así como muestra las acciones cotidianas que reproducen la violencia, también muestra e invita a comportarse de un modo diferente.

Y por último, el spot ha relevado un nuevo término en la controversia en redes sociales: masculinidad tóxica. Esto tiene al menos dos implicancias. La primera es que desafía la idea de que existe una masculinidad. Hace eco de la crítica de Wittig de posicionar lo masculino como referente único. Existen distintas masculinidades o diversas formas de ser hombres, donde algunas son más nocivas y violentas que otras.  Y en segundo lugar, y esto lo abre el debate sobre masculinidad tóxica en general no necesariamente el spot, hace plausible pensar a los hombres como parte de las víctimas de violencia de género. Con esto no me refiero a entregarles un rol protagónico en uno de los pocos debates que no ha sido sobre problemas masculinos, sino a integrarlos considerando que en violencia y género se articulan asuntos complejos. La cuestión no es hombres victimarios, mujeres y comunidad LGTBQ+ víctimas, sino como todos, hombres, mujeres y LGTBQ+, nos comportamos cotidianamente produciendo y reproduciendo versiones de género que son violentas tanto para quienes las encarnan como para quienes están a su alrededor.

El spot sin duda tiene una serie de problemas o elementos criticables, pero a mi juicio la controversia que ha levantado tiene que ver con que integra en el debate de género y discriminación la masculinidad, sus posibles versiones y su participación en la reproducción de la violencia.

 



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