¿Escuchar música de Mozart nos hace más inteligentes?


Al menos esto es lo que anunciaba en 1994 el diario The New York Times al afirmar que “investigadores […] de la Universidad California-Irvine han determinado que escuchar Mozart realmente te hace más listo”. El estudio al que hace mención el diario fue publicado en 1993 por Rauscher, Shaw & Ky, y en él se reportaba que las personas que escucharon la Sonata para dos pianos en Re mayor K.448 de Mozart, antes de realizar una tarea de razonamiento espacial, rindieron levemente mejor que personas que escucharon música de relajación o que no escuchaban nada antes de la tarea.

En este mismo reporte los autores señalan que el efecto observado era transitorio y que no excedía los 10-15 minutos. A partir de estos modestos resultados, se comenzó a establecer una aparente relación causal entre escuchar a Mozart y volverse más inteligente, lo que involucró la comercialización de libros y CDs (Campbell, 1997), y su intervención incluso en la política pública del estado de Georgia, EEUU, a través de la distribución de este material en la población, con la esperanza de mejorar el desarrollo cerebral de los niños (The New York Times, Sack, 1998).

Sin embargo, la evidencia surgida de estudios bien controlados (Chabris, 1999; Steel et al., 1999) revela contundentemente que la música de Mozart no tiene efectos a largo plazo sobre habilidades intelectuales. Lo anterior fue ratificado el 2006 en un informe solicitado por el Ministerio Federal de Investigación y Educación de Alemania titulado “Macht Mozart schlau?” (¿te hace inteligente Mozart?), cuya conclusión, alcanzada luego de una exhaustiva revisión de los estudios existentes, es tajante en señalar que el efecto Mozart no existe (Abbott, 2007).

Finalmente, respecto a los efectos casi marginales y transitorios en habilidades de razonamiento espacial, el informe señala que tal efecto no era exclusivo de la música de Mozart, dado que cualquier otra experiencia placentera para la persona, como la música de Shubert o una historia de Stephen King (Nantais & Schellenberg, 1999), incrementaba transitoriamente las habilidades de razonamiento espacial.

Profesor Asociado del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile; Encargado del Laboratorio de Neurociencias, Cognición y Educación del CIAE-Universidad de Chile.



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