El incierto futuro del moai: en 265 años, Museo Británico solo ha devuelto una pieza, cenizas de aborígenes de Tasmania


El 15 de julio de 1799, el soldado Pierre-François Bouchard, durante la campaña francesa en Egipto, descubrió una misteriosa piedra cerca de la ciudad de Rosetta, en el delta del río Nilo.

La piedra Rosetta en el Museo Británico.

La piedra contenía un decreto del faraón Ptolomeo V, publicado en el año 196 a. C.  y estaba escrito en tres idiomas: en jeroglíficos egipcios, en escritura demótica y en griego antiguo.

Gracias a esta trilogía idiomática, científicos pudieron descifrar los intrincados jeroglíficos egipcios. Debido a la derrota francesa ante las tropas británicas en 1801, la piedra cayó en manos británicas y desde 1802, la roca de 760 kilos, descansa en una de las salas del Museo Británico de Londres. Es de hecho la pieza más visitada del recinto, junto con los frisos del Partenón, las monumentales esculturas que alguna vez adornaron el edificio ateniense.

Desde la década del 2000, que gobiernos, como el griego y el egipcio, han liderado ofensivas para la restitución de estos tesoros, bajo el lema “Devuélvannos el pasado”, a la que se han sumado otras naciones, como Etiopía, China, Nigeria y a la que ahora se sumó el gobierno chileno para la restitución del moai Hoa Hakananai’a.

Sin embargo, en 265 años de historia, el museo sólo ha devuelto una pieza: un puñado de cenizas de indígenas de Tasmania, que desde los años 80 se les reclamaba desde el Centro Aborigen de Tasmania (TAC).

El Museo Británico se ha negado a devolver todo tipo de artefactos y reliquias, afirmando que la “premisa de restitución, que todo lo que se hizo en un país debe regresar a un sitio geográfico original, vaciaría tanto el Museo Británico como los otros grandes museos del mundo”.  El museo también ha argumentado que la Ley del Museo Británico de 1963 impide legalmente que cualquier objeto salga de su colección una vez que haya ingresado.

El asegura que tiene un derecho inalienable a sus artefactos en disputa bajo la ley británica y que todos estos artefactos, están muy bien resguardados.

“Este es un museo del mundo, y su propósito es mostrar las obras de la humanidad de todos los períodos y de todos los lugares. Tal conjunto enciclopédico revela el intercambio cultural que tuvo lugar entre las civilizaciones del pasado, que es el legado del presente. La idea de la restitución cultural es opuesta a este principio”, profesa el museo.

 



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