La búsqueda de una vacuna contra el coronavirus se enfoca en un grupo vulnerable: los adultos mayores

Un chileno de la tercera edad durante la emergencia sanitaria que ha provocado el coronavirus. Crédito: AGENCIAUNO.

Investigadores exploran diferentes maneras de asegurarse que las inoculaciones contra el Covid-19 que están en desarrollo protejan a los ancianos.




Los expertos en salud están preocupados por saber si las vacunas contra el coronavirus que están en desarrollo protegerán adecuadamente a los ancianos, lo que está generando esfuerzos para asegurarse de que existan inoculaciones que ayuden a este grupo vulnerable.

Las personas de la tercera edad son especialmente susceptibles a la infección del virus, además de tener un riesgo más alto de enfermarse de manera crítica y fallecer, en parte porque sus sistemas inmunes han perdido fortaleza con el paso de los años. A los expertos en salud pública y los científicos les preocupa que un sistema inmune debilitado también pueda limitar la efectividad de una vacuna contra el coronavirus, al igual que ha ocurrido con otras inoculaciones en la gente mayor.

“No sería particularmente alentador si tenemos una vacuna que es capaz de proteger a veinteañeros, quienes probablemente tengan un riesgo bastante bajo de enfermarse, y que no funciona para nada en los mayores de 65 años”, señaló Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de la Salud, en una entrevista.

Para hallar una vacuna que funcione de manera segura en los adultos mayores, investigadores de Pfizer y otras compañías están explorando varias opciones, tales como incrementar las dosis o añadir algún elemento que potencie cada inyección. Al menos una vacuna diseñada específicamente para los ancianos se encuentra ya en desarrollo. Además, Pfizer, la Universidad de Oxford y otras instituciones han empezado a probar sus potenciales vacunas contra el coronavirus en personas de la tercera edad.

Algunas de las vacunas experimentales “quizás terminen funcionando de mejor manera en las personas de mayor edad, y eso será un factor clave en cuanto a la distribución que se haga de ellas”, indica el doctor Collins.

Los adultos mayores se han visto particularmente afectados por el nuevo coronavirus. Entre marzo y mediados de junio, los estadounidenses con más de 65 años tuvieron el más alto índice de hospitalización entre todos los grupos etarios, casi duplicando las cifras de la gente entre 50 y 64 años y quintuplicando los porcentajes de las personas entre 18 y 49 años, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Los expertos en salud pública dicen que las vacunas serán cruciales para detener la propagación del virus. Más de 100 están en desarrollo y más de una docena ya están siendo probadas en humanos, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La vacuna contra el coronavirus que están desarrollando Pfizer y BioNTech. Crédito: BioNTech.

Las inyecciones funcionan engañando al cuerpo para que piense que ha sido infectado con un virus, lo que hace que el sistema inmune genere anticuerpos para combatir el patógeno. Sin embargo, la producción de anticuerpos decae a medida que avanzan los años, como parte de un proceso conocido como inmunosenescencia. Los investigadores no están seguros del por qué, más allá del hecho de que el cuerpo generalmente se debilita con el paso de los años.

La pérdida de fuerza del sistema inmune hace que los adultos mayores sean más susceptibles a infecciones bacteriales y virales como la influenza. Cerca del 90% de las muertes por influenza que se producen cada año en Estados Unidos corresponden a personas mayores de 65 años.

Además, las vacunas contra la influenza tienden a no proteger a los ancianos de la misma manera que lo hacen con los más jóvenes. Los estudios muestran que las vacunas protegen entre 70% y el 90% de los niños y adultos jóvenes, pero sólo el 30% a 50% de los adultos mayores de 65 años.

“Recién estamos empezando a entender algunas de las maneras en que podemos vencer esas respuestas inmunes”, señala el doctor Kawsar Talaat, subdirector de investigación clínica del Instituto de Seguridad de Vacunas en la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins y quien está comprometido a ayudar a los desarrolladores de vacunas contra el coronavirus para que prueben sus inoculaciones en ancianos. “Durante mucho tiempo no diseñamos vacunas para adultos mayores”.

Un vocero de la Administración de Alimentos de y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) señala que esa institución está trabajando con empresas para que sea más sencillo que las vacunas experimentales sean probadas en adultos mayores durante pruebas clínicas iniciales y que eso se haga junto con los tests en sujetos más jóvenes. Moderna es una de las compañías que ya está probando su inyección experimental en adultos por sobre los 55 años, mientras Johnson & Johnson planea hacer lo mismo cuando inicie sus pruebas en julio.

Una mujer de la tercera edad transita por las calles de Arica. Crédito: AGENCIAUNO.

Pfizer, que también está probando sus potenciales vacunas contra el coronavirus en gente mayor, está estudiando si un aumento de la dosis podría proteger a los ancianos de mejor forma. Las dosis más altas han ayudado a que las vacunas contra la influenza sean más efectivas en los adultos mayores.

Kathrin Jansen, directora de investigación y desarrollo de vacunas de Pfizer, explica que los investigadores de esta farmacéutica de Nueva York también sienten curiosidad por saber si su tecnología genética podría ser más efectiva en los ancianos que aquellas inyecciones basadas en tecnologías más antiguas y diferentes.

La tecnología aún no probada usa ARN mensajero, o ARNm, programado para decirle a las células que elaboren proteínas que puedan proteger contra el coronavirus. La doctora Jansen explica que Pfizer quiere determinar si el ARNm sintetizado estimula una respuesta inmune amplia, la cual puede no ser tan fuerte en los adultos mayores, y al mismo tiempo una respuesta dirigida que compense la brecha.

Este “golpe” más poderoso podría “ayudar a superar la diferencia entre la respuesta en los adultos jóvenes y la que se da en los adultos mayores”, indica la doctora Jansen.

Algunas empresas están considerando el uso de algún elemento de un refuerzo, o adyuvante, que potencie el efecto de una vacuna en el sistema inmune de los adultos mayores. Un adyuvante en Shingrix, una vacuna contra el herpes zoster de GlaxoSmithKline, ayuda a que la inyección reduzca de manera segura y en más del 90% el riesgo de que los ancianos contraigan la enfermedad, una cifra que según los CDC casi duplica a la que presenta otra vacuna contra el herpes en Estados Unidos.

Glaxo entregó uno de sus adyuvantes a Sanofi y a otras seis farmacéuticas que trabajan en vacunas contra el coronavirus, indica el doctor Thomas Breuer, jefe médico de vacunas GSK. Glaxo había usado ese adyuvante en una vacuna contra la gripe H1N1.

Mientras tanto, investigadores del Hospital de Niños de Boston están intentando desarrollar una vacuna específica para adultos mayores. Ofer Levy, director del programa de vacunas del recinto, indica que los especialistas están evaluando potenciales inoculaciones contra glóbulos blancos donados por ancianos, con el fin de establecer si alguna de ellas funciona mejor en las personas de la tercera edad.

Los investigadores del hospital han estrechado la búsqueda a cerca de siete vacunas diferentes y también están estudiando unos 50 potenciales adyuvantes que podrían ser añadidos, afirma el doctor Levy. Esperan iniciar las pruebas de una vacuna en mayores de 65 años a partir del próximo año, indica.

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