La ciencia necesita mujeres

No olvidamos que muchas mujeres científicas tuvieron que luchar contra el destino de madre o esposas, romper estereotipos, dejar a sus familias o, incluso, travestirse de hombres para seguir sus deseos de explorar el mundo. A pesar de las barreras, y gracias a ingeniosas estrategias, las mujeres han contribuido a la ciencia y al desarrollo profesional en forma notable.


La ecóloga de la Universidad de Washington, Sara Mhyre, señaló enfática en el reciente Congreso el Futuro que una de las soluciones para combatir el cambio climático es dar más educación a las mujeres y que ese derecho se gana desde la infancia. Ella nos recordó que en el mundo aún seguimos luchando por educarnos porque no siempre está permitido. Y hoy, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es imprescindible recordarlo.

Alexander von Humboldt, probablemente el científico y naturalista más importante del siglo XIX, dictó una serie de charlas abiertas en el Berlín de 1827. Sus charlas despertaban gran expectación y se llenaban de personas de distintas clases sociales, y más de la mitad de los asistentes eran mujeres. ¡Sí mujeres!, nunca se había visto nada igual y la respuesta fue el cuestionamiento y la burla. En esos años no se nos permitía estudiar en la universidad y menos participar en sociedades científicas. El conocimiento formal simplemente estaba vetado para las mujeres.

En el caso de Chile, el Decreto Amunátegui permitió el ingreso de las mujeres a la universidad en 1877. Eloísa Díaz tomó el desafío y se convirtió en la primera médica de América Latina. Sería un buen homenaje que la estación de Metro Hospitales honrara a la valiente Eloísa, quien se enfrentó a los prejuicios de la época y abrió el camino a tantas, entre ellas las investigadoras que escribimos estas líneas.

No olvidamos que muchas mujeres científicas tuvieron que luchar contra el destino de madre o esposas, romper estereotipos, dejar a sus familias o, incluso, travestirse de hombres para seguir sus deseos de explorar el mundo. A pesar de las barreras, y gracias a ingeniosas estrategias, las mujeres han contribuido a la ciencia y al desarrollo profesional en forma notable.

El cuerpo que habitamos y la cultura en que estamos inmersos hace que frente a una misma disyuntiva, mujeres y hombres nos preguntemos cosas distintas y propongamos diferentes soluciones. Por eso es tan importante superar las brechas para que cada vez más mujeres ingresen al mundo científico: a la ingeniería y la tecnología, a las ciencias sociales, naturales, exactas y a las humanidades.

El desarrollo sustentable y pensar mejores ciudades para todos y todas, requiere de la mirada de las investigadoras. La teórica del urbanismo y divulgadora científica Jane Jacobs, con su libro “Muerte y vida de las grandes ciudades americanas” (1961), cambió la mirada hacia los fenómenos urbanos y sentó las bases de lo que hoy promulgamos como ciudad sustentable.

Jane Jacobs se preguntó si estábamos construyendo ciudades para las personas o para los automóviles, cuestionamiento que sigue vigente. Recordemos la importancia de las bicicletas, las bicitaxis, las bici-cargas para la autonomía de la mujer, medios de transporte gratuitos o de mínimo costo que permiten una mayor participación de millones de mujeres en la educación, la cultura y el trabajo. Esta integración es un potente factor de protección contra la violencia de género y debemos fomentarla con todos los medios disponibles.

En CEDEUS estamos convencidas de que los problemas urbanos requieren nuevas miradas, que integren las vivencias de las niñas y las mujeres en la ciudad. Creemos, al igual Sara Mhyre, que debemos educar a mujeres y niñas, pero aún más, apostamos porque tenemos las capacidades para generar el conocimiento para construir un mundo mejor.

Dr. Alejandra Rasse, socióloga
Dra. Alejandra Vega, ingeniera
Dra. Carolina Rojas, geógrafa
Dra. Lake Sagaris, planificadora urbana
Dra. Margarita Greene, arquitecta
Dra. Sandra Cortés, médica veterinaria
Dra. Sonia Reyes, bióloga.



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