La pandemia obligó a reinventarse. Desafío que también experimentó el turismo. Porque la presión ante Covid-19 no sólo canceló muchos eventos, también implicó explotar la creatividad.

Bien lo supo Cristóbal Vergara ingeniero en turismo de la empresa Tembeta y sommelier que al inicio de la crisis sanitaria tuvo que cancelar tres eventos para la promoción y proyección internacional de La Serena y la Región de Coquimbo, junto a Santiago del Estero, en Argentina.

Los eventos consistían en un viaje y misión turística de una delegación argentina a La Serena en marzo para conocer el destino y la región coquimbana. Estaba también la Feria Internacional de Turismo (FIT) de Buenos Aires y la Cata de Buenos Aires, evento binacional nacido el año 2019 en la misma FIT y que celebra los orígenes y la evolución del vino chileno y argentino, explica Vergara “a través de una degustación de vinos de las regiones de Coquimbo y Santiago del Estero, consideradas cunas de la viticultura en ambos países”.

Ninguno de esos eventos turísticos se pudo realizar. Los tres eran coordinados entre actores turísticos privados y públicos de la Región de Coquimbo, Santiago del Estero y la Rioja (región invitada a participar en la Cata de Buenos Aires).

¿Qué hacer? La situación era adversa. Sin embargo, cuenta Vergara en una reunión virtual de preparación de la Cata de Buenos Aires al analizar cómo perpetuar el vínculo y promoción del valioso patrimonio histórico cultural vitivinícola que une a ambos países, nació una idea: hacer la ruta del vino más larga del mundo.

“En dos años nunca se me pasó por la cabeza y eso que soy sommelier e incluso hice mi tesis sobre el diseño y plan de marketing de una ruta del vino para el Elqui-Limari, fue realmente impensada la propuesta”, dice Vergara. Al día siguiente sus colegas argentinos ya habían hecho un grupo de WhatsApp para comenzar a trabajar la iniciativa. La idea se concretó y actualmente cuenta con el apoyo de siete organizaciones publico privadas de Chile, Argentina y España.

Vergara es optimista: “Estamos seguros de que esto llegara a la Unesco, por lo mismo estamos seguros de que más organismos se irán uniendo, ya que para que la Ruta sea declarada Patrimonio de la Humanidad deben presentarla los estados”.

Cunas de la viticultura

Los vínculos que dieron los pasos para esa nueva ruta entre La Serena y la Región de Coquimbo con la ciudad y provincia argentina de Santiago del Estero comienzan en 2018. Ahí es cuando los representantes de Chile se acercan al stand turístico de la provincia argentina en la FIT de Buenos Aires. Querían contarles de la existencia de unos datos históricos bien interesantes, dice Vergara, en torno al nacimiento y vínculo de ambas ciudades.

Ambas fueron fundadas por el mismo conquistador, Francisco de Aguirre, pionero de la viticultura en Chile. “Un actor clave para gestar las primeras ciudades chilenas y argentinas mediante el establecimiento de una ruta para la unión bioceánica y el impulso a nuevas conexiones e intercambios de recursos a ambos de los Andes entre las ciudades más antiguas de los dos países, una costera y la otra en el lado atlántico”, señala Vergara.

Francisco de Aguirre.

Luego de ese acercamiento los hallazgos continuaron. Se enteraron de que, en 1556, tres años después de la fundación de Santiago del Estero, ante la escases de recursos de colonización y el riesgo de la desaparición de esta a manos de la población indígena, un grupo de soldados viaja desde la selva y la temprana ciudad argentina a la ciudad de Aguirre en el Pacifico, La Serena. Vergara indica que “al llegar, los soldados consiguen recursos y regresan a Santiago del Estero con un clérigo que llevaría ‘plantas de viña’ para propiciar el culto de misa, siendo este el registro más antiguo que menciona del arribo de la vid a Argentina”.

La iniciativa integra cinco regiones y provincias, una chilena y cuatro argentinas (Región de Coquimbo, San Juan, La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero) e incluye más de 1.300 kilómetros. Su extensión la convierte en la más extensa del mundo. “Sabemos de la existencia de una Ruta del Vino en Sudáfrica de 850 km, también de una Ruta Binacional del Vino entre Sonora y Arizona aunque sin una base histórica tan potente y tanta prolongación como la nuestra”, asegura Vergara.

La iniciativa integra cinco regiones y provincias, una chilena y cuatro argentinas (Región de Coquimbo, San Juan, La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero) e incluye más de 1.300 kilómetros.

Ruta histórica

La ruta no solo es un circuito enológico. También es una ruta histórica con experiencias enoturísticas emblemáticas. Cada una de ellas, dice Vergara, se encuentran en distintas fases de investigación, diagnostico, diseño y desarrollo.

Antes de definir la estructura del producto binacional tuvieron que contactar y conseguir patrocinio y acompañamiento de los principales organismos turísticos de Chile (Sernatur) y Argentina (INPROTUR). Vergara comenta que tuvieron que explicar la necesidad de apoyar la iniciativa. Al mismo tiempo, quienes iniciaron el proyecto (La Serena, Santiago del Estero y la Rioja) contactaron a los organismos competentes en el ámbito del turismo y fomento productivo de nuestros territorios para posicionar y darle avance a la iniciativa.

Fue así como en la Región de Coquimbo, se unió al proyecto la Cámara de Turismo Regional, la Municipalidad de La Serena, la Universidad Santo Tomas y la Corporación de Desarrollo Productivo de Coquimbo.

Iniciaron también un ciclo de webinars “Los Viajes de la Vid y el Vino” y la elaboración de un documento histórico que incluirá todos los antecedentes que convierten a La Serena, la Bahía de Coquimbo, el Valle del Elqui y la Región de Coquimbo, dice Vergara “en la cuna de la viticultura chilena y polo de introducción y propagación de la vid en el Cono Sur, que es una de las grandes atracciones de la ruta, conocer los lugares donde comienza todo”.

La labor histórica fue encomendada al historiador Pablo Lacoste, académico de la Universidad de Santiago, quien junto al apoyo del historiador Joel Avilez, avanzan con la información patrimonial que será presentada y publicada en revista especializada. “Será un documento de interés y consulta para todos aquellos que quieran conocer más sobre los orígenes del patrimonio y la riqueza vitivinícola de nuestro país y la importancia de la Región de Coquimbo”, indica Vergara.

La ruta no solo es un circuito enológico. También es una ruta histórica con experiencias enoturísticas emblemáticas. Imagen Ruta del Adobe en Argentina.

Desde el punto de vista histórico, dice Lacoste, ambas ciudades se construyeron en la década de 1550, en los albores de la historia, cuando el fundador de La Serena, y pionero de la vitivinicultura del Cono Sur de América, Francisco de Aguirre, comenzó a transitar esta ruta, junto con sus compañeros.

“Don Francisco de Aguirre fue el fundador de Santiago del Estero, la primera ciudad de la actual Argentina. Se puso en marcha así un temprano lazo entre las localidades de ambas faldas de los Andes”, señala Lacoste.

Un camino que fue recorrido recurrentemente por los arrieros. En este contexto, dice Lacoste, en 1556, el sacerdote Juan Cedrón viajó desde La Serena hasta Santiago del Estero llevando consigo plantas de la vid: “Sus cepas se plantaron en aquella ciudad y a partir de allí, se puso en marcha la expansión de la vitivinicultura en el Noroeste Argentina”.

El tema vitivinícola es uno de los aspectos que tienen en común los territorios que forman parte de esta ruta binacional. A ello hay que sumar, Lacoste indica, el paisaje árido, que depende del riego para poder cultivar la tierra. “Ello incluye las redes de canales, acequias e hijuelas que, sobre la base del legado de los pueblos incas y diaguitas, se mantuvo vivo durante 500 años gracias al trabajo de la sociedad hispanocriolla, de caracter mestizo”.

Las conexiones trasandinas se mantuvieron en los cinco siglos subsiguientes. Dando forma a una cultura compartida. El uso de la tierra cruda como material de construcción, tanto con adobes como tapiales, es otra característica. Del lado argentino, ese patrimonio se ha valorizado muy bien, Lacoste destaca, y logra gran convocatoria de turistas a través de la ‘ruta del adobe’, sumamente pintoresca. “La Región de Coquimbo se beneficiaría enormemente con esta alianza, porque la experiencia de los colegas trasandinos le permitirá valorizar y visibilizar mejor su patrimonio arquitectónico vernáculo, incluyendo bodegones, casonas e iglesias”.

Otra tradición compartida son los molinos hidráulicos medievales. Se instalaron en ambos territorios por la ventaja que representaban los canales de riego indígenas para disponer la fuerza motriz del agua a bajos costos. Del lado argentino, dice el historiador, se ha avanzado en la puesta en valor de este patrimonio, como puede verse en el Molino San Francisco, situado en la ciudad de Chilecito (Provincia de La Rioja).

Todos esos antecedentes históricos, Vergara añade, le dan sentido y mayor valor al territorio, a su sector enológico y al turístico, “promoviendo la competitividad, la diferenciación y la promoción y la proyección de una nueva imagen del destino y del terruño, mediante la creación y difusión de contenidos, reseñas y descripciones que acompañaran y resaltaran la oferta enológica e incluso la descripción de los vinos en las etiquetas”.

La oferta es enorme, dice Vergara: “hay más de 185 bodegas en las regiones y provincias que integran la ruta además de excelentes hoteles, restaurantes, termas, museos y los habitantes, personas con un encanto especial, gente alejada de las grandes urbes, tesoros humanos vivos con saberes milenarios que viven a la usanza y muchos, descendientes directos de las primeras bacanales del nuevo mundo celebradas entre conquistadores e indígenas”.

Toda esta información será subida a la página web propia del proyecto. Por ahora se puede obtener información y acceder al prototipo de la ruta del vino más larga del mundo en www.tembeta.cl