Los animales que acechan la ciudad

Falta de alimentos, crecimiento sostenido de la ciudad, asentamientos humanos que se instalan en el hábitat de los animales, especies que se acostumbran a comer los restos de comida que dejan de las personas. Son varias las razones por las que los encuentros entre fauna silvestre y seres humanos están aumentando y continuarán haciéndolo, según expertos.


Las ciudades crecen y lo hacen ocupando terrenos en los que pueden vivir animales silvestres que la mayoría de las veces, huyen de la presencia humana. En estos espacios “compartidos” ocurren una serie de interacciones que pueden poner en riesgo la integridad de las personas y también de estos animales.

Cuando esto ocurre, hay dos servicios encargados de atender a este tipo de situaciones: el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca). Solo el año pasado, el Servicio Agrícola y Ganadero atendió 3.296 llamados, casi 500 más que el año anterior. La mayoría de las veces fueron aves.

En el caso encuentro con fauna marina, dice Mauricio Ulloa, jefe de la Unidad de Rescate Animal de Sernapesca, la recomendación siempre es mantenerse alejado de ella. “Específicamente los lobos marinos, que están a lo largo de todo el país, pueden representar un peligro. Se acostumbran a que les den pescados pero siguen siendo salvajes. Ha habido casos de ataques a personas y también encontramos animales asesinados, golpeados y heridos a bala”, dice.

En tierra, la mayoría de las atenciones que recibe el SAG están relacionadas con aves. Conocidas son sus intervenciones en caso de avistamiento de pumas y cóndor, pero también acuden por zorros, búhos y lechuzas.

Según Ezequiel Hidalgo, director de Conservación e Investigación de Buin Zoo, explica que la interacción entre fauna silvestre y seres humanos se viene dando hace mucho rato. “Hay dos situaciones por las que estos animales llegan a nuestro centro. Las personas los encuentran en condiciones normales de salud, pero los toman y los traen. Otras veces, los animales están heridos, atropellados. Nos llega mucho zorros con huachi, una trampa que se hace de alambre que usan las personas para atrapar conejos y animales. Esos zorros llegan deshidratados, heridos, amputados, no siempre los podemos recuperar”, señala.

“Los encuentros con fauna silvestre serán cada vez más comunes y constantes en la medida en que el hombre está invadiendo zonas de cordillera, de bosques. Estamos construyendo en la casa de los animales, el animal aparece y ve un habitante nuevo en su terreno que es el hombre. En la medida en que se hagan más frecuentes, pueden ocurrir accidentes porque el animal tratará de defenderse”, comenta Hidalgo.

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Norte del país

Carlos Guerra, director del Centro Regional de Estudios y Educación Ambiental (CREA) de la U. de Antofagasta y también está a cargo del Centro de Rehabilitación y Rescate de Fauna Silvestre. En los 20 años que lleva el centro, han visto desde pumas hasta aves silvestres, dice. “Hace unos años, llegó una pareja de cachorros de puma que no pudimos liberar porque perdieron su conducta silvestre y no le temían al ser humano porque se acostumbraron a nosotros. Otra vez, se supo de un puma que estaba en Ollagüe, algunas personas lo vieron por ahí. Eso significa que también están en esta zona, pero en menor densidad.

La interacción entre fauna silvestre y seres humanos también la han visto con los camélidos: guanacos y vicuñas silvestres que son inofensivos pero pueden ocurrir algunos accidentes. “Hemos visto vicuñas colisionadas por vehículos, otros animales que desbarrancan porque se asustan con los perros domésticos, vicuñas también lesionadas por las minas antipersonales o que se han quemado químicos cuando ingresan a las faenas mineras. Todo esto ha sido un aprendizaje, ahora las faenas ponen cercos y alarmas para que los animales no ingresen”, dice Guerra.

Otros contactos que se repiten son con los zorros culpeos y chillas, también en las faenas mineras. “Se ha visto que algunos zorros hacen madrigueras de parición cerca de los campamentos porque los operarios les dejan alimentos. Pero durante esta época, los zorros cambiar su conducta y se pueden volver agresivos. Han atacado e intentado morder a los trabajadores, lo que termina siendo un problema de seguridad laboral. Además, al estar tan cerca de la carretera, los animales se exponen a atropellos y hemos tenido casos de zorros atropellados”, dice el director de CREA.

Aves, son lo que más reciben en este centro de Antofagasta. Aves que chocan con cables, ventanales, que se caen a piletas con químicos (patos cormorán, yeco, chirihues, tórtolas). También aves rapaces que se instalan en las mineras y se alimentan de ratas o de otras aves.

Lobos, pingüinos y gaviotas

Según Ulloa, los lobos marinos pueden representar un peligro porque al ser animales muy inteligentes, aprenden rápido y se acostumbran a que las personas les den comida. “Cada vez que se produce un varamiento de estos mamíferos o que se sabe que están en la playa , cerca de las caletas o incluso en la calle cerca de restoranes, se les pide a las personas que no se acerquen. Lamentablemente, algunas personas lucran con ellos y venden bolsas con restos de pescado para que los turistas los alimenten, les saquen fotos pero puede desencadenarse una tragedia”, dice el funcionario de Sernapesca. La misma recomendación de distancia existe también para los pingüinos. Se conocen casos de lobos marinos que atacan a los buzos para quitarles las bolsas con mariscos, o a los pescadores para comer sus peces.

Sobre los pingüinos, Ulloa dice que también pueden ser agresivos y picotear causando graves heridas si alguien los trata de tomar o alimentar.

En Concepción, funciona el Centro de Rehabilitación de Aves Ñacurutú. Su director Cristián Herrera, cuenta que las aves que recibe muchas veces llegan heridas porque las personas les disparan porque según ellos se comen sus aves. Ese es el caso del peuco y de otras aves rapaces. “Generalmente, se trata de aves que reconociendo su territorio se encuentran con casas, personas que llegan a su hábitat con animales domésticos, gallinas y ven a las rapaces como amenaza. Hemos recibido también lechuzas con perdigones. Otras aves como el tiuque se beneficia de las actividades humanas y se instalan a vivir allí.”, dice.

Un ave que en el último tiempo se ha transformado en un problema son las gaviotas dominicanas. “Han invadido toda la urbe. Las puedes ver en Concepción, Tomé, Penco, Lirquén. Se acostumbraron a vivir en los edificios. El problema es que es agresiva, súper voraz, termina comiendo de todo, palomas, ratones. En esta época, sus polluelos se caen al suelo, las personas los toman y los traen”, cuenta Herrera.

Jorge Leichtle es académico de la Universidad San Sebastián y encargado del Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestres de esta universidad, Sede Concepción. En la ciudad misma, ha sido testigo de la presencia de culebras de cola larga, sapo chileno y sobre todo aves que se han acostumbrado a alimentarse de los recursos del hombre como la gaviota. “La fauna silvestre es reservorio de una serie de enfermedades zoonóticas que son un riesgo para el ser humano y para los animales domésticos, ganados y mascotas. Pueden transmitir rabia, leptospirosis y brucelosis, por ejemplo”, indica.
Leichtle también ha sido testigo de casos de pudúes atropellados o que son heridos por perros.



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