Música y educación: Derribando el mito de un saber prescindible

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La música es una experiencia humana compleja y transformadora que demanda la integración de diversos recursos cognitivos durante su práctica. Numerosos estudios reportan que el entrenamiento musical sistemático induce cambios en el volumen de ciertas estructuras cerebrales, los cuales se correlacionan con el desarrollo de habilidades auditivas específicas (Münte et al., 2002). Por ejemplo, existe una relación entre entrenamiento musical, cambios en la corteza auditiva (Schneider et al., 2002) y un mejora en la percepción auditiva musical, que se traduce en tareas como reconocer melodías presentadas en transposición (Halpern et al., 1995), a un tempo inusual (Andrews et al., 1998), determinar cuántas notas suenan simultáneamente en un acorde (Burton et al., 1989) y discriminar pequeñas diferencias de altura entre notas (Tervaniemi et al., 2005).

Junto a lo anterior, la práctica musical también parece beneficiar el procesamiento lingüístico auditivo, como la percepción del habla en ambientes ruidosos (Parbery-Clark et al., 2009). Recientemente, se ha reportado que la práctica musical parece influir también sobre el desarrollo de algunos componentes de las funciones ejecutivas, como el control inhibitorio o la capacidad de filtrar estímulos irrelevantes para focalizarnos en la tarea (Moreno & Farzan, 2015) y la memoria de trabajo o capacidad de mantener temporalmente información mientras se resuelve una tarea (Jakobson et al., 2008), ambas habilidades fundamentales para el aprendizaje en contextos educativos. Además, se ha sugerido que la mejora en la eficiencia de estas habilidades cognitivas parece correlacionar con la edad de inicio del entrenamiento musical, es decir, mientras antes se comience con la práctica musical, mejor para el desarrollo cognitivo (Pantev et al., 1998).

Esta sinfonía de habilidades cognitivas que se despliegan, interactúan, integran y fortalecen durante la práctica musical, contrasta con el estatus de "saber prescindible" que le otorga el sistema educativo chileno a esta disciplina. Basta con contabilizar la cantidad de horas dedicadas a la entrega de contenidos lingüísticos y matemáticos, en desmedro del desarrollo de habilidades musicales, para confirmar la calidad de disciplina "ornamental" que tiene la música en nuestro sistema educativo (Concha, 2014). Este aparente desprecio por la música en la educación chilena contrasta con iniciativas como las del gobierno suizo, que en 2012 aprobó una modificación constitucional para reforzar la formación musical en la educación básica.

Considerando estos antecedentes, parece claro el mensaje: que los niños comiencen con un entrenamiento musical sistemático a temprana edad. Sin embargo, el acceso a la práctica musical en Chile, hoy por hoy, es un privilegio de algunos pocos. Para avanzar en la práctica de un instrumento musical, se requiere habitualmente tomar clases particulares, con un alto costo para las familias. Teniendo a la mano los numerosos antecedentes que muestran los beneficios cognitivos del inicio temprano del entrenamiento musical, resulta de extrema importancia el desarrollo de políticas en educación que aseguren la igualdad de oportunidades de todos los niños y niñas, a través de la generación de programas educacionales públicos para el entrenamiento musical. Visto desde esta perspectiva, la inclusión del entrenamiento musical sistemático en las escuelas públicas chilenas, podría ser el primer paso hacia una educación equitativa y de calidad.

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