¿Por qué se ha perdido el miedo al VIH?

Foto: AgenciaUno.

De enfermedad mortal en la década de los 80, pasó a ser una enfermedad crónica y controlable a mediados de los 90. Tratamiento está muy avanzado y permite a los pacientes tener una vida normal. Sin embargo, en el país hasta el 40% de los diagnósticos se realizan en etapas tardías, casos en que los pacientes pueden fallecer incluso antes de comenzar la terapia.


El panorama del VIH  en Chile es preocupante. Y el ascenso de casos confirmados, anunciado por el Ministerio de Salud, lo demuestra. Desde 2010 a 2018 se registra un total de 38.628 nuevos casos, los que pasaron de 2.082 a 6.948, respectivamente.

Una situación que para entender, indican los expertos, es necesario advertir cómo socialmente ha disminuido la percepción de riesgo sobre la enfermedad.

El VIH fue descrito en el año 1981 inicialmente como un Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirido (Sida). Era una enfermedad mortal, indica Alejandro Afani, inmunólogo y director del Centro de VIH del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. “Esto ocurrió hasta mediados de los noventa, hasta que aparece la triterapia, a mediados de 1995”, indica. Es ahí cuando pasó de una enfermedad mortal a una enfermedad crónica y controlable.

Previamente, en la década de los 80 y en los primeros años de los 90, dice Afani, “había un temor grande, porque se hablaba de un diagnóstico de muerte”. El desconocimiento y el miedo vinculados a la enfermedad eran importantes. Lo anterior se grafica en cómo los medios dieron a conocer, por ejemplo, la primera persona que fallecía en el país por esa causa. Ocurrió en agosto de 1984, y la enfermedad fue catalogada como “cáncer gay” o “enfermedad rara”.

Eran años en que existía además socialmente mucha conmoción por la muerte de figuras del espectáculo por esa causa. Así ocurrió con la muerte del actor norteamericano Rock Hudson, en octubre de 1985. El revuelo que produjo su muerte, contribuyó a generar conciencia social sobre el tema. Más cercana a Chile, fue la noticia del fallecimiento del vocalista del grupo argentino Virus, Federico Moura, en diciembre de 1988. Casos mediáticos a los que luego se sumaría, en noviembre de 1991, el de Freddie Mercury, vocalista de la banda Queen.

El VIH era sinónimo de muerte. Pero a medida que la triterapia se masificó y más personas iniciaron su tratamiento precozmente, esa percepción cambió. Los pacientes podían hacer una vida completamente normal. “Entonces los jóvenes de hoy día, que nacieron después de esa fecha no conocieron esa etapa de la evolución de la enfermedad y le han perdido el miedo al VIH. Muchas veces me ha tocado jóvenes que me dicen ´doctor usted está más preocupado que yo´, porque ven que toman una sola tableta, en que está contenida la triterapia, que es muy potente y con muy pocos efectos adversos”, señala Afani.

Diagnóstico tardío

Y sí, es cierto que los pacientes con VIH pueden tener una vida normal. Pero no todos. “Las personas hacen su vida normal con su tratamiento cuando cuentan con un diagnóstico oportuno. Pero no es lo mismo en aquellas que llegan en etapas avanzadas o muy tardías en su diagnóstico”, advierte Afani.

Situación que es preocupante, agrega Afani, porque en el país existe un porcentaje de 35 a 40% de personas con diagnóstico tardío y que presentan una enfermedad avanzada. En ellas, su sistema inmunitario, es decir, las defensas del organismo, ha disminuido de manera importante, y pueden no tener la evolución esperada con el tratamiento, “porque incluso pueden fallecer antes de acceder al tratamiento, por todas las demoras que hay por la confirmación del diagnóstico”.

La efectividad de la terapia de algún modo ha jugado en contra de la prevención. Rodrigo Blamey, infectólogo de Clínica Las Condes, destaca el conocimiento que tiene la población y los jóvenes de  la terapia es cada vez mayor. La mayoría sabe, ejemplifica, que es casi gratuita o con un copago muy bajo. Pero al mismo tiempo, le han perdido el temor. “Es tan así, que en los círculos de personas de alto riesgo, el miedo es muy escaso, porque existe también la profilaxis (prevenir o proteger de una infección o enfermedad) preexposición, la famosa PrEP, en que se toman una tableta y evitan el contagio. Reduce el riesgo de 90% a 95%. Eso hace además que la población utilice muy poco preservativo y eso ha favorecido un aumento de otras infecciones de transmisión sexual”.

Los resultados de la última Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2016-2017, arrojan preocupantes datos sobre el uso de preservativo: en los últimos 12 meses en población sexualmente activa, un 12,8% de los hombres y un 7,1% de las mujeres reconoció usarlo siempre. Es decir, en Chile sólo el 10,1% de la población lo utiliza.

El tratamiento ha avanzado y el conocimiento científico sobre la enfermedad también, pero todavía existe lo que se denomina el estigma del VIH, dice Blamey, en el que hay mucha discriminación de todo tipo, social, familiar, laboral. “Es la parte más pesada para los pacientes del VIH, es realmente difícil para ellos todavía, aunque hemos mejorado”.

Más casos seguirán apareciendo, coinciden los especialistas, porque hay un porcentaje de la población con VIH, que no sabe que tiene la enfermedad. “Si nosotros tuviéramos la capacidad de diagnosticar a todas las personas con VIH y tratarlos a todos, dejarían de transmitir y disminuirían los casos. El objetivo de la OMS es ese, diagnosticar a todos los pacientes y poder tratarlos”, dice Blamey.

En cómo enfrentarlo es importante considerar distintos frentes. La educación es un elemento fundamental, agrega el experto de la U. de Chile. “Educación que promueva el uso de preservativo, tanto el condón femenino como el masculino, y también hacerse el test de VIH de manera regular del mismo modo en que se hace un hemograma o un perfil bioquímico como exámenes habituales”.



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