Ángela Vivanco, ministra de la Corte Suprema: “Creo en la igualdad de género, pero no voy a salir a la calle a gritar o sacarme la ropa”

En su Manifiesto, la nueva integrante de la Corte Suprema repasa su vida, las críticas que ha recibido tras la designación y su posturas frente al feminismo.


Lo más absurdo que me han dicho es que era polola de Pinochet y que tenía 10 hijos. Cuando me eligieron en la Corte Suprema hubo todo ese tipo de comentarios. Dijeron que era ultraconservadora, y yo no soy así. Trataron de presentarme como una fanática y una pinochetista, cuando eso no tiene nada que ver con mi persona. Suena tan absurdo, que al final ni te ofendes.

Nosotros éramos una familia muy marcada por el concepto de la democracia. Estábamos conscientes de que la situación en el gobierno de Allende era muy conflictiva, a mi familia le tocó hacer largas colas y vivir violencia en las calles. Sin embargo, nadie pensaba que eso tuviera que solucionarse con 17 años de gobierno militar.

Me gusta mucho la música de izquierda. Eso viene de mi casa, me acuerdo haber visto a mi mamá llorar cuando escuchó por la radio la muerte de Víctor Jara. Me encantan Pato Manns y Quilapayún. Tenemos un grupo de amigos que viene a la casa y siempre terminamos cantando esas canciones. En la Universidad iba a las peñas. Mi ídolo es Joaquín Sabina, siempre lo voy a ver a todas partes.

He pensado en ser vegetariana. Para mí es muy importante el trato y bienestar de los animales. Una vez fui a una planta procesadora de aves y casi me desmayo. Con mi hija pensamos siempre en no comer carne, yo creo que ella va bien encaminada en eso. Por mis problemas de salud tengo una dieta con ciertas limitaciones y no es fácil combinar esas dos cosas.

Estudié Medicina y no era feliz. Venía de una familia chica y de un colegio chico. De golpe entré a una carrera con más de 400 personas y me costó adaptarme. Duré un semestre y le dije a mi mamá que necesitaba un cambio. Entonces me cambié a Derecho.

Somos una familia de puras hijas únicas. Mi mamá era hija única, yo soy hija única y mi hija también lo es. A diferencia de lo que dicen, no somos mal criados ni conflictivos. Al contrario, fuimos personas educadas con bastante cariño. Somos viejos chicos, nos acostumbramos a vivir en un mundo de adultos.

Mi hija es una justificación de mi vida, de mis esfuerzos. Ella es mi gran adoración. Soy una afortunada. Superó todo lo que pude haber esperado de ella. Es cantante y también quiere estudiar Derecho.

Tengo un culto a Frida Khalo. La primera vez que fui a México tuve la suerte de que me llevaran a conocer su casa y, además, vi unos libros de su pintura. Tenía muy poco conocimiento de la cultura mexicana y me encantó.

Creo en la igualdad de género, pero no voy a salir a la calle a gritar o sacarme la ropa. El tema de la mujer me parece extremadamente importante, pero pienso que esa no es la solución al problema. Tiene que haber una política real de igualdad, de respeto, de consideración del papel que le corresponde a la mujer en sociedad. Desde ese punto de vista soy feminista. Pero no creo que eso se resuelva en las calles. No me gustan los extremos, no me gustan los “ismos”.

Soy una mujer de mucho carácter. No soy una déspota, pero sí soy alguien que dice: esto es así y esto se va a hacer de esta manera. Durante mi vida me ha tocado tomar muchas decisiones que involucran a todas esas personas, eso ha ido moldeando mi personalidad. Siempre he vivido mi vida con la convicción de que podía hacer todo lo que me proponía. Siempre fui muy empoderada.

El año pasado estuve en un crucero por todos los países bálticos.
Partimos en Dinamarca y después estuvimos en Rusia, en Suecia, Noruega y Finlandia. Me encanta viajar, conozco varias partes. Eso sí, me carga acampar. No me gustan los bichos ni las incomodidades. Yo soy más de ir a hoteles.

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