Columna de Héctor Soto: Delfines o delfinas

Hay elementos de juicio para sostener que del gabinete no surgió ningún liderazgo lo bastante potente para tomar la posta electoral de esta administración el 2022.




Si es cierto, como muchas veces se ha dicho y como La Moneda también lo sabe, que este año será crucial para las reformas que el Presidente Piñera quiere impulsar, también es una verdad del porte de un buque que los próximos meses serán decisivos para calibrar las perspectivas de continuidad o proyección del actual gobierno.

A diferencia de lo que ocurrió en su primera administración, esta vez tanto el Mandatario como en la coalición oficialista tienen bastante más claro que antes que el triunfo o el fracaso del actual gobierno se medirán en función del color de la administración que venga. Las expectativas de Chile Vamos, es más, apuntan no a otro interregno más, sino a cambiar la historia para conducir definitivamente al país al grupo de las naciones desarrolladas. Chile ha perdido ya demasiado tiempo en este camino, y para el bloque la necesidad de apurar el tranco supone dos o tres períodos más para la centroderecha.

Qué duda cabe que puede ser tóxico -aparte de prematuro- que La Moneda, al entrar recién al segundo de sus cuatro años de gobierno, comience a plantearse estos temas. Los énfasis necesariamente tienen que recaer en los arduos desafíos de este año. Sin embargo, quiéralo o no el Presidente, los dilemas del futuro, sea por acción o por omisión, se están clarificando y formateando ya. Llegar a reconocerlo en uno o dos años más, que es lo que indica la corrección política, podría ser tarde.

En contra de lo que se esperaba, por ejemplo, al concluir este primer año de gobierno, ya hay elementos de juicio para sostener que del actual gabinete presidencial no surgió ningún liderazgo lo bastante potente para tomar la posta electoral de esta administración el 2022. En su momento se hizo mucho caudal en torno a las posibilidades que tenía el ministro Alfredo Moreno y cuesta entender por qué, puesto que esto se trata de política, de elecciones y carisma para movilizar multitudes. Sí, es cierto, falta mucho tiempo y el horizonte está muy abierto. Pero hasta aquí lo concreto es que en el gabinete delfines o delfinas no se ven. Y tal como van las cosas, es difícil que aparezcan, desde el momento en que el Presidente se reservó para sí los tres ministerios políticos del gobierno, con titulares de su irrestricta confianza, Chadwick, Blumel y Cecilia Pérez, figuras que no le hacen contrapeso ni sombra al Jefe de Estado, dejándoles a los partidos carteras quizás muy importantes, pero todas ellas sectoriales. No se necesita mucha agudeza para advertir que no es fácil que en esas hijuelas pueda forjarse un gran liderazgo. Piñera es Piñera y este gobierno es primero suyo y solo después, mucho después, de Chile Vamos.

No deja de ser sintomático que si las elecciones presidenciales fueran en 12 o 18 meses más, habría muy poco margen de acción en este momento para que la responsabilidad de la proyección del actual gobierno no recayera en Joaquín Lavín. De los políticos del sector, es en la actualidad el mejor rankeado, por lejos, y es de los pocos cuyo perfil electoral estuvo creciendo sostenidamente el año pasado. En Chile Vamos hay gente muy satisfecha con esta evolución y hay otra que se siente muy incómoda. Está bien que el asunto, por ahora, no sea problema del gobierno, pero más temprano que tarde llegará el momento en que La Moneda deba definirse a este respecto. No es Piñera quien va a elegir a su sucesor. La verdad es que los presidentes en Chile tienen bien poca manija a este respecto. Pero algo el Mandatario debería decir, proponer y plantear, porque al fin y al cabo él es el jefe de la coalición y será Chile Vamos el bloque que invista al candidato. Para simplificarlo, ¿es Lavín la continuidad que este gobierno quiere? ¿Y es él la que quiere Chile Vamos? Hay por lo bajo tres maneras de responder estas preguntas. La primera, sí, el alcalde de Las Condes sería un magnífico sucesor. La segunda, no, por ningún motivo: no es lo que el alcalde representa lo que estamos buscando. Y la tercera, quizás, podría ser: todo depende cómo y en qué circunstancias.

Valdría la pena tener en cuenta que no pasa un día sin que alguna de estas opciones se esté fortaleciendo, sea de manera frontal, sea por vía indirecta.

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