Piñera rectifica el rumbo

La idea de hacer un cambio de gabinete venía rondando la cabeza del Presidente desde hace algunas semanas. Los tropiezos comunicacionales y su consecuente baja en las encuestas llevaron al Mandatario a enfrentar la crisis y, de paso, reconocer su propio error: falló en su apuesta por Varela. Ahora está decidido a desplegar su propia agenda, con “gente probada” en los ministerios.


“Le pido perdón, Presidente, por haberlo defraudado”. En el despacho del Mandatario Sebastián Piñera, cuando ambos estaban a solas, la voz del ya exministro de Educación Gerardo Varela sonó compungida. Apenas minutos antes -cerca de las 15 horas del jueves 9- el Presidente había citado al secretario de Estado a La Moneda para comunicarle su salida del gobierno.

Varela -un debutante en el sector público que se había convertido en la gran sorpresa del equipo ministerial que acompañó el regreso de Piñera en su segundo mandato- ahora sería el protagonista de un inesperado primer cambio de gabinete.

La conversación entre ambos -según quienes la conocieron- fue franca, pero no se dijo nada que antes no habían conversado: en los casi cinco meses en que permaneció como ministro, Varela debió escuchar varias veces de boca del Mandatario que sus constantes salidas de libreto impedían al gobierno desplegar su agenda en educación.

“Llegué a la convicción de que le faltaba sintonía política con la gente, no tenía calle”, comentaría el Presidente después a colaboradores de su entorno cercano.

No fue una decisión fácil. El Mandatario asumía con la salida del columnista y abogado una derrota personal. “Cometí un error con Varela”, le comentó Piñera a su entorno. “Uno toma riesgos. Fue una apuesta riesgosa que no resultó”, ha dicho en estos días el Jefe de Estado a su equipo de confianza respecto de la elección de Varela como titular de la cartera de Educación.

Riesgos que no estaba dispuesto a repetir. La apuesta del Jefe de Estado esta vez, a la hora de elegir a quienes asumirían las carteras, fue “gente probada en los ministerios”.

Piñera dio cuenta esta vez que había aprendido las lecciones de su primer gobierno, cuando dilató más tiempo del que debía, como reconocería en privado años después, hacer un primer cambio de gabinete, sacando a algunos de los ministros técnicos que él había propuesto para dar paso a un gabinete con más peso y experiencia política.

Esta vez el gobernante optó por cortar el problema de raíz antes de que le trajera más consecuencias.

El lunes 6 de agosto, en el encuentro de la mañana con su equipo político en el Palacio de La Moneda, el Presidente Piñera manifestó su preocupación por la caída de 15 puntos en el respaldo presidencial que registraban las encuestas de las últimas dos semanas. Los números eran preocupantes, tanto, como para que los presidentes de Chile Vamos empezaran a hablar del fin de “la luna de miel” que gozan todos los presidentes al inicio de su gobierno.

La primera campanada la dio Cadem el lunes 30 de julio. El sondeo daba cuenta por primera vez desde la instalación de la administración de Piñera de una baja de cinco puntos en la aprobación presidencial. Si el Mandatario quedaba en 49% de respaldo, la situación de su gabinete era más dramática: 35% de aprobación.

Las cifras eran concordantes con los estudios internos de La Moneda y con otros sondeos de opinión pública que se conocerían en los días inmediatamente posteriores (Criteria Research, del 1 de agosto, y la Cadem del mismo 6 de agosto). Todo indicaba que la encuesta CEP, cuyo trabajo de campo se habría empezado a tomar desde mediados de julio, no sería mejor.

La sensación en La Moneda, señalan fuentes de Palacio, es que había “un juicio injusto” de la ciudadanía a la gestión del gobierno. No obstante, también hubo un mea culpa. Hasta entonces, aseguran en el oficialismo, no se había valorado en forma adecuada el impacto negativo que tenía la imagen del ministro de Educación, Gerardo Varela, en la percepción de todo el gobierno. Varela, en su caída, afirman las fuentes, arrastraba a todos.

En la reunión con los integrantes de su comité político, Piñera insistió a sus ministros en mejorar la gestión de sus carteras, algo que viene remarcando desde el inicio de su gobierno. También en la necesidad de priorizar la agenda económica, un flanco que está golpeando fuerte al gobierno, en la medida en que las expectativas de las personas no se han visto satisfechas.

Nada anticipó ese día que el Mandatario realizaría un cambio de gabinete.

La idea venía, sin embargo, rondando en la mente del Jefe de Estado desde hace algún tiempo. Ya a fines de julio, tras la seguidilla de tropiezos comunicacionales, donde sus protagonistas fueron Varela y el titular de Economía, José Ramón Valente -quien recomendó diversificar las inversiones, lo que incluía hacerlo fuera de Chile-, Piñera ordenó hacer una evaluación del desempeño de todas las carteras en materia comunicacional, pero, por sobre todo, de gestión.

En estos informes sobre el trabajo de los secretarios de Estado estuvieron involucrados los ministros de Interior, Andrés Chadwick, y de la Segegob, Cecilia Pérez; también hizo consultas el jefe de asesores del segundo piso, Cristián Larroulet.

Salvo Chadwick, a quien Piñera le adelantó lo que estaba planeando hacer, el resto del equipo de La Moneda trabajó en estos informes de gestión como parte del proceso normal de evaluación de la marcha del gobierno.

Segunda etapa

En La Moneda afirman que fue hace dos semanas que Piñera llegó a la convicción de que era necesario hacer un ajuste.

A casi cinco meses de la llegada al gobierno, el Mandatario quería dar por terminada la primera etapa de la hoja de ruta que había trazado para sus primeros años de esta segunda administración.

En los primeros meses, sostienen en el oficialismo, los esfuerzos estuvieron concentrados en modificar aquellas áreas en las que consideraban estaban algunos déficits heredados del gobierno anterior. Fue así, recalcan fuentes de Palacio, que se abocaron a la situación de Carabineros, tanto a la crisis institucional por los problemas de corrupción, como en materia de seguridad ciudadana.

Se dio prioridad también a la Comisión de la Infancia y a los problemas en el Sename, a los acuerdos por La Araucanía, además de atender otros temas que no estaban hasta entonces en la agenda y que adquirieron urgencia, como fueron las demandas feministas y de los inmigrantes.

Pero a partir de esta semana, el gobierno dará inicio a lo que Piñera ha llamado la segunda etapa, con el envío de proyectos estructurales, que incluyen la puesta en marcha este viernes 10 de la agenda de productividad. Le seguirán en los próximos días pensiones, isapres y cambios a la reforma laboral.

Para lo que requería un gabinete alineado con el diseño y que no cometiera salidas de libreto que desviaran la atención de la agenda del gobierno.

En línea con lo que será esta nueva etapa, Piñera y su equipo de asesores comenzaron, desde el viernes en la mañana, a rearmar completamente toda la agenda presidencial. Y varias de las actividades que el Mandatario tenía organizadas fueron modificadas para dar paso a iniciativas con un corte más económico y social.

La hora de los cambios

Según fuentes de La Moneda, Piñera sondeó personalmente la opinión de algunos cercanos.

Con la mayor reserva, la semana pasada el Mandatario llamó a Carolina Schmidt para invitarla a tomar un café en La Moneda. En la cita, Piñera le preguntó a quien fuera ministra del Sernam y de Educación durante su primer gobierno si estaba disponible para entrar de nuevo al gabinete. El Presidente siempre habló de manera genérica, sin hablarle de un cargo en específico. Lo mismo hizo cuando llamó por teléfono, también la semana pasada, a la entonces titular de Medio Ambiente. “Ministra, ¿usted es un soldado de la causa, leal, dispuesta a todo lo que sea?”, le preguntó de manera críptica a Marcela Cubillos.

Pese a que se evaluó a todos los ministros, en el entorno del Presidente aseguran que el Mandatario siempre tuvo en mente un cambio acotado y descartan que hayan estado en la cuerda floja los ministros Valente o Emilio Santelices.

El miércoles 8 de agosto, el jefe de la cartera de Salud estuvo en La Moneda en una bilateral, donde se revisó el plan de inversiones en nueva infraestructura hospitalaria que anunciará el Presidente en los próximos días y los cambios en materia de licencias médicas.

El jueves temprano, incluso, a Santelices le avisaron desde La Moneda que reforzarían su equipo de trabajo con el ingreso del doctor Luis Castillo, como nuevo subsecretario de Redes Asistenciales, en reemplazo de Gloria Burgos, precisamente para fortalecer el manejo administrativo en el tema de inversiones en infraestructura hospitalaria.

Pasadas las 14 horas, uno a uno los ministros comenzaron a ser citados. Debían estar en La Moneda minutos antes de las 18 horas, lo que obligó a modificar agendas y retornar a Santiago a quienes estaban en regiones.

Poco antes de las 15 horas, Piñera llamó personalmente a Varela y a la hasta ese momento ministra de Cultura, Alejandra Pérez, para decirles que saldrían del gabinete.

Pérez había sido otra apuesta personal fallida del Mandatario. Cercanos a Piñera afirman que fue el exministro DC René Cortázar quien le recomendó a la periodista y directora ejecutiva de Canal 13 como carta para su gabinete. Pero en estos cinco meses, Pérez no había logrado destrabar la gestión de su cartera.

A la exministra le pasó la cuenta la demora en implementar el nuevo Ministerio de la Cultura. Por ejemplo, señalan fuentes de la cartera, tenía prácticamente paralizada la cuenta 087 del presupuesto de su ministerio, destinada a financiar programas de fomento de las actividades artísticas. Más de 13 mil millones de pesos de libre disponibilidad con los que se esperaba que pudiera brillar.

El miércoles 8 de agosto, en la tarde, quedó sellada su salida. Piñera llamó en ese momento por teléfono a Mauricio Rojas, uno de sus asesores más cercanos, y le pidió que fuera a su oficina, a apenas unos metros de distancia de la suya.

En la conversación, Piñera le ofreció la cartera de Cultura. Para el Mandatario significaba desprenderse de su director de contenidos, responsable de asesorarlo en la elaboración de los discursos presidenciales y con quien mantiene una cercana relación.

Ausencia de Chile Vamos

“Gracias por las críticas justas”, comentó el ya exministro de Educación Gerardo Varela a varios de los dirigentes de Chile Vamos que llegaron hasta La Moneda para participar del cambio de gabinete.

Casi tan sorprendidos como el exsecretario de Educación estaban los miembros del bloque oficialista, quienes se enteraron ese mismo día de la decisión del Mandatario de modificar a su equipo presidencial.

Primero fue por rumores de prensa y luego por boca del ministro del Interior, quien los reunió en su oficina minutos antes de que se realizara el cambio para informarles del detalle de quienes salían y entraban al Ejecutivo.

“Nadie nos consultó, nadie sabía, no formamos parte de esta decisión”, dice un dirigente del bloque.

La opción del Jefe de Estado, no obstante, no generó mayor inquietud en Chile Vamos. Por una parte, no afectó los equilibrios de representación de los partidos políticos en el Ejecutivo y, por otra, varios dirigentes suspiraron aliviados al constatar que uno de los ministros más polémicos saldría del gabinete.

El Mandatario había optado por “piñeristas”, pero esta vez su apuesta buscaba minimizar los riesgos, con gente de experiencia política y con manejo en ministerios.

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