Don @S_Schwartzmann: El abuelo de Twitter

Salvador Schwartzmann irrumpió en Twitter en 2009. Rápidamente consiguió abrirse paso como tuitero por el llamativo listado de noticias que publica durante buena parte de sus jornadas laborales. Aquí explica cómo nació su relación con la plataforma, reconoce sus errores y cuenta cómo maneja los troleos de los usuarios.


En la recepción de un hotel, Salvador Schwartzmann, 70 años, casado, dos hijas, sufre un curioso impasse. El administrativo de turno que registra sus datos se detiene de golpe cuando escucha su nombre. Lo mira y le dice: “No le estoy pidiendo el nombre de la empresa donde trabaja, sino el suyo”. A “Don Salva”, como lo conocen hoy sus más de 100 mil seguidores en Twitter, lo desconcierta la solicitud. Es la primera vez que le pasa algo así en sus casi cinco décadas de ejercicio del periodismo. “¿Y por qué cree usted que trabajo en la empresa Salvador Schwartzmann?”, pregunta, unos cuantos segundos más tarde, luchando contra su risa fácil. La respuesta ya la imaginaba: “Porque soy seguidor de esa empresa de noticias en Twitter”.

Es una pregunta que se hacen muchos de los usuarios cada vez que deslizan sus pulgares buscando refrescar su timeline y ven publicar a un tal @S_Schwartzmann.

¿Quién es realmente? ¿Un periodista? ¿Un medio? ¿O sólo una persona mayor con Twitter?

Se saben algunos datos de Schwartzmann: nació en Puerto Montt el 10 de abril de 1947, estudió Periodismo en la Universidad de Concepción, ciudad en la que se radicó. Egresó en 1971, pero recién pudo titularse cuatro años más tarde, gracias a la intervención de un tribunal. En esos tiempos, explica, debía contar con cinco patrocinios para poder inscribirse en el Colegio de Periodistas. Pero cada vez que intentó conseguirlos, inmerso en un escenario profundamente politizado, la respuesta fue la misma: “A cambio debes militar por nuestro partido”. Frente a sus reiteradas negativas y al incumplimiento de la demanda, la entidad gremial lo denunció por ejercicio ilegal de la profesión. Hace un par de semanas, mientras jugaba con sus tres nietos, el hombre tras la frase “desde el lugar de los hechos” sacó una cuenta que lo sorprendió: está próximo a cumplir 50 años de trabajo prácticamente ininterrumpido. Sólo hubo un período de seis meses en el que estuvo cesante, asegura.

Se sabe que sus colegas en Radio Bío Bío lo consideran un histórico. En el evento con el que el medio celebró sus 50 años en 2016, Tomás Mosciatti dedicó palabras a la labor de Schwartzmann: “Salvador fue el gran reportero, es el gran reportero, y cuando los tiempos eran difíciles, su voz fue importante”. En otro video-homenaje, el director del sitio web, Christian Leal, señaló que “don Salvador es un ejemplo de que esto no es un tema de edad o de carrera, sino que uno tiene que saber adaptarse y sacar lo mejor de los nuevos medios que existen”.

“Todo el mundo cree que es un Mosciatti más. Yo he estado cuando le han dicho Salvador Mosciatti. Cuando falleció Don Nibaldo, le daban el pésame por la muerte de su papá. Así de fuerte es su nexo y su reconocimiento”, destaca Victoria Haquin, ex editora general de la estación radial entre 2008 y 2016.

Se sabe, también, que hoy, director de prensa de Radio Bío Bío, “Don Salva” dedica varias horas de su día a Twitter. Su estrecho vínculo con la red social comenzó una tarde de julio de 2009, cuando Christian Leal observó que en su documento de Word figuraba un extenso listado de hechos. Schwartzmann le explicó que formaba parte de una vieja costumbre de hacer a diario un resumen de las noticias del momento para mantenerse informado. “Esto le puede servir para Twitter”, le comentó Leal.

-¿Qué es Twitter? -preguntó, entusiasmado.

El director de Bío Bío Chile recuerda la escena: “Fue en un momento en el que ingresé acá en la empresa y, como partimos con redes sociales cuando aún eran relativamente desconocidas, le enseñé de Twitter a un grupo de personas. A Tomás Mosciatti y a Nibaldo igual. Pero Don Salvador fue el que prendió con el tema”.

Nueve años y cinco meses después, al momento de cerrar esta nota, el usuario @S_Schwartzmann cuenta con 111.897 seguidores y ha publicado 298.822 tuits. Lo que comenzó como el descubrimiento de una herramienta que le permitió ordenar sus ideas y mejorar su capacidad de síntesis, pronto se transformó en una verdadera adicción. “Es mi fatalidad”, reconoce el periodista.

Clases de Twitter con @S_Schwartzmann

Un par de minutos en el perfil de Salvador Schwartzmann bastan para advertir que se trata de un espacio que presta el servicio de difundir informaciones, tanto nacionales como internacionales, cubriendo diversos frentes. Como reza la descripción que eligió el periodista, es un “resumen de tuits y noticias, con casi todas las del momento, para estar siempre informados”.

También demanda un par de minutos de búsqueda en sus interacciones notar que, en más de una ocasión, “Don Salva” compartió alguna noticia falsa, situación que le valió el rápido troleo de sus seguidores. Los tuiteros no perdonan y, tras cada error, lo atacan apuntando principalmente a su edad. Lo han llamado “viejo”, “abuelo” y “tatarabuelo”. “‘Don Salva’, debe revisar mejor sus fuentes”, le recomienda @PelayoRiquelme. “Apague el celular y disfrute al máximo”, sugiere @LesFabres. “Cabros, pa’ qué se desgastan, a ‘Don Salva’ le importa un pepino si la noticia es real o fake, le gusta ser el primero en tirarlas y sumar harto like”, publica @rondarranz.

Schwartzmann, sin embargo, afirma que ese tipo de comentarios lo entretienen y que, incluso, le gusta provocarlos. “Si yo quisiera que no se burlaran de mí, no tendría Twitter”, asegura. Dice, además, conocer los grandes riesgos que implica ser un usuario activo de la red del pájaro azul.

¿Ha publicado alguna noticia equivocada?

Me ha pasado más de una vez. Lo más notable fue una vez que leí que Justin Bieber había muerto. Lo publiqué y después me llamó la atención que tenía tantas reproducciones. Le pregunté a mi hija quién era Justin Bieber. ¿Pero cómo no vas a saber?, me dijo. Yo le conté que se murió y me dice ‘pero cómo se iba a morir’. Y no, no había muerto, jajaja.

¿Eso le pasa porque siente la tentación de dar a conocer algo muy rápido?

Lo que pasa es que tiendo a creer en todo lo que me dicen. Es un defecto. Lo leí en alguna parte y lo reproduje. Ahora, hay una fórmula para no equivocarse nunca, que yo siempre les digo aquí a mis compañeros. Una fórmula infalible del periodismo, un secreto: es ser el último en publicar algo. Pero yo prefiero ser el primero y equivocarme en un porcentaje, a ser el último en publicar. En otra ocasión, tenía listo un tuit, cuando terminaba un partido. Accidentalmente se me fue, y justo hacen un gol en el último minuto. Se rieron de lo lindo de mí.

¿Y no ha tratado de corregir eso?

Yo sé que es un error, pero como te decía: para cambiar, evitar eso, tendría que ser el último en dar una noticia. Y yo prefiero ser el primero. Además que, realmente, reconozco: me gusta asumir riesgos.

Victoria Haquin conoció a “Don Salva” hace 22 años y afirma no extrañarle que la plataforma se haya convertido en su adicción. “Tiene que ver con su afán de informar. A Salvador, Twitter le cayó como anillo al dedo, porque lo que él ama en la radio es la inmediatez. Le da la libertad que concuerda con su idea de noticia y su personalidad”, dice. Confiesa, sin embargo, que este vínculo le provocó algún enojo: “Un par de veces me enojé con él porque tuiteaba cosas antes de que las tiráramos en la radio. Entonces le decía: ‘Pero, don Salvador, tiene que salir primero en la radio’. Y me decía: ‘Pensé que usted ya lo había sacado’”.

Cuando es consultado por la cantidad de tiempo que le dedica al día a la red social, Schwartzmann prefiere escabullirse con una carcajada, aunque asume que le ha traído más de algún problema en la cotidianeidad. Su esposa, por ejemplo, lo reta. Sus hijas suelen decirle que es exagerado, y en las vacaciones cuenta que lo llevan a lugares donde no haya señal para que finalmente pueda desligarse. “Pero yo me las arreglo para buscar un lugar donde pueda conectarme”, aclara, entre risas.

Haquin confirma la versión: “Yo lo molestaba, le decía ‘don Salvador, ¿cómo está tuiteando a las 3 de la mañana?’. Y me contaba que, claro, a veces, para que la señora no lo retara, se levantaba e iba al baño, y desde ahí tuiteaba”.

Pese a su fanatismo, @S_Schwartzmann es crítico de la red. Sabe que, por sus características, no es un medio precisamente confiable. Rechaza las cuentas falsas que, en época electoral, se multiplican y publican prácticamente las mismas cosas. Además, duda de las personas que cuentan con una gran cantidad de seguidores: “Descubrí que había personas que tenían un millón de seguidores. Y eso es absolutamente imposible. ¿Que te lea todos los días un millón de personas? No creo… Conozco a personas que tienen 25 mil seguidores y han publicado dos tuits”, explica.

También es crítico del actual perfil de los tuiteros: “La gente, sobre todo ahora, está muy intolerante. Antes se daba la instancia del debate, había más civilidad, más cultura cívica. Ahora tú tienes que militar en algún lado y encontrarle lo malo al otro. Eso pasa mucho en Twitter”. Y asume que el espacio ha cambiado mucho con el tiempo: “Cuando yo comencé, uno podía decir alguna cosa en broma contra las mujeres. Si ahora lo dices, te cuelgan en la plaza”, asegura, aunque cree que ese tipo de situaciones le permiten adecuarse mejor a los tiempos.

Periodismo versus Twitter

Schwartzmann se relaja cuando habla de su experiencia en la red social: es actualmente su mayor entretención, destaca sus bondades y se ríe de los errores que ha cometido. Admite que ha aprendido a ensayo y error. Cuenta que la gente lo reconoce por esta afición y que, hasta hace unos años, cuando llegaba a algún lugar, le ofrecían computadores desocupados para que tuiteara. “Era la gente la que me presionaba a mantener la cuenta activa”, asegura.

Pero cuando se vincula su participación en Twitter con su carrera periodística, cambia inmediatamente su semblante. Confiesa, por ejemplo, que la crítica más dolorosa que sufrió en Twitter fue cuando sintió pasada a llevar su labor durante el régimen de Pinochet.

—Me dolió mucho una vez que me hicieron una crítica muy fuerte por haber publicado algo sobre unas personas que, supuestamente, eran observadores de derechos humanos, y no lo eran. Yo no tenía la seguridad y parece que los identifiqué como observadores. Me dolió mucho la crítica, porque ocurre que en los tiempos de la dictadura, cuando ellos ni siquiera existían, me la jugué bastante. Hice mi trabajo con honestidad en una época difícil, entonces, ese tipo de críticas duelen.

¿Siente que su presencia en Twitter le aportó algo a su carrera?

En mi carrera, no. No, porque hago una diferencia absoluta y total. No hay ninguna relación de lo que hago como periodista y lo que hago en Twitter. Yo creo que no es lo mismo. O sea, en Twitter me arriesgo a publicar que Justin Bieber murió sin tener idea quién es Justin Bieber. En el periodismo jamás lo haría.

Algunos de sus seguidores creen que su Twitter es una extensión de su trabajo…

Son cosas distintas. Por ejemplo, fuimos los primeros en informar que el general Bernales había fallecido. Yo tuve una información de que había fallecido, una fuente A1, absolutamente segura. Pero así y todo, antes de dar la noticia, lo confirmé con una segunda fuente independiente de la primera. Y eso en Twitter nunca lo hago. En Twitter lo que digo, lo estoy diciendo yo; en la radio, lo dice la radio. Esa es la diferencia. Las responsabilidades son distintas, desde mi punto de vista.

Su compañero, Christian Leal, director de Bío BíoChile, sin embargo, cree que para un periodista es imposible separar su actividad en redes del cargo que tiene en un medio de comunicación. “Se lo he visto a varios colegas, pero aunque uno coloque ‘esto es a título personal y son mis redes’, lo que tú opines, igual vas a ser periodista de algún medio y se te va a juzgar como tal. Siempre va a estar relacionado”, explica.

Victoria Haquin, por su parte, asume que “Twitter le juega un poco en contra, por el tema de la inmediatez”, pero cree que los errores cometidos en la red social no afectan la credibilidad de Schwartzmann como periodista. “Tiene una espalda tan grande que no le afecta como profesional. En términos de la región, Salvador es autoridad”, dice la actual periodista de la Defensoría Penal Pública.

Schwartzmann y las “fake news”

En una época en que Mark Zuckerberg mira la cada vez más estrepitosa caída de Facebook en la Bolsa de Valores y Twitter hace maromas para sumar nuevos usuarios y mejorar sus números, se hace difícil creer en la información reproducida por las personas en internet. La alerta final la han puesto las denominadas “fake news”, protagonistas de ensuciar prácticamente todos los grandes sucesos que se han tomado la agenda mediática en el último tiempo.

¿Cuál es su opinión sobre las noticias falsas?

La gente cree que existen sólo ahora, y han existido siempre. Si no, vámonos a la Primera Guerra Mundial o a la Segunda. O vamos al posible conflicto bélico que tuvimos con Argentina, cuando las flotas oficialmente estaban separadas por miles de kilómetros y en la realidad era por cientos de kilómetros. Estaban muy cerca una de la otra en el sur. Y unos decía que estaban en Aysén, y así. Era una tremenda mentira.

A propósito de eso, una vez, en una cuenta parodia (el sitio de noticias falsas La Legal) dijeron que yo iba a ser el ministro de Twitter, o algo así. Y ocurre que me llamaron unos parientes y me dijeron ‘pero Salva, tú que siempre has sido independiente, no es bueno que te metas en este gobierno…, a este gobierno lo critican tanto’. Y yo les decía que no iba a ser el ministro de nada, pero me insistían en que salió publicado. Hay mucha gente que cree todo lo que está publicado es cierto.

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