#CosasDeLaVida | Luis Alfredo Valdés: “Escucho merengue colgado a 90 metros de altura”

Foto: Pedro Rodríguez

“Cuando la gente sabe que limpio vidrios en edificios, siempre me pregunta si me da miedo. Pero esto es normal para mí. Me gustan la altura y la adrenalina. Esta es mi pega y voy a seguir en esto hasta jubilarme”.


Soy vidriero y operador vertical. Ése es el término correcto para este tipo de trabajo e incluye todo lo que uno pueda hacer verticalmente. Pero no sólo limpio vidrios, también me salen otras peguitas haciendo hidrolavados o pintando una estructura por dentro y por fuera.

El 2011 estuve dos meses cesante y un amigo me recomendó que me presentara en una empresa que se dedicaba a limpiar vidrios y que dijera que sabía hacer “vidrio base”, que es saber limpiar vidrios a la altura del piso. Me dijo que allí me enseñarían el resto. Así lo hice y me contrataron altiro.

Partí limpiando las mamparas de halls de distintos edificios. Al inicio te enseñan la técnica y después un operador te muestra cómo amarrarte, cómo hacer los nudos y cómo funciona la silla. Luego te tiras y ya; no hay más preparación. Hay cabros a los que les da miedo, he tenido compañeros que se asoman del piso 25 y quedan aterrados. Una vez llegó uno que nos dijo que sabía limpiar en altura, se colgó y quedó bloqueado; se afirmó a la cuerda y no pudo seguir.

La primera vez que lo hice fue desde un piso 20. Estaba nervioso por la altura, pero sólo colgándote sabes a lo que vas. No sentí vértigo ni miedo cuando miré hacia abajo, pero estaba incómodo. Uno queda muy inestable sentado en el aire, sin respaldo, a merced del viento y dándose estabilidad sólo con los pies. Me demoré dos semanas en acostumbrarme a la silla.

El edificio más alto que he limpiado, hasta ahora, es el Millenium. No sé su altura, pero son 35 pisos más la parte de arriba que cuenta como dos pisos más. Para hacer ese trabajo usé una cuerda de 100 metros que amarré en la parte más alta y la tiré para abajo.

El trabajo es seguro, pero sé que si cometo un error arriba, me mato. Por eso, todos los días antes de comenzar debes revisar tu equipo. Verificar el estado del casco, los lentes, el balde, el arnés y la silla. Hay que fijarse que las correas estén bien y no queden sueltas. Hay que amarrar la cuerda en un enganche distinto a la guía, en caso de que ésta se rompa. Luego uno va viendo dónde empezar el edificio, haciéndole quite al sol. Se hacen los nudos y uno se cuelga.

Después de siete años ya estoy acostumbrado a la altura. Uno no va leseando, pero al correr con la cuerda para allá y para acá, uno anda casi jugando.

Salgo de mi casa a las cinco de la mañana para estar en el edificio tipo siete y media. Entre prepararse y todo, empezamos cerca de las nueve. Trabajamos hasta las dos de la tarde, porque después empieza a correr mucho viento, que nos complica porque nos desliza de un lugar a otro.

Me puedo demorar 40 minutos por bajada o una hora y media; todo depende del ancho del edificio. Con cada bajada tenemos muchos ratos muertos mientras volvemos a subir. Por día puedo hacer cuatro bajadas. Cuando estoy solo me pongo los audífonos para ir más relajado. Escucho merengue mientras cuelgo a 90 metros de altura y se me hace más grato el trabajo. También me gusta escuchar salsa y reggaeton; me motivan a limpiar. Voy cantando y no me doy ni cuenta cuando llego al suelo.

Los requisitos necesarios para entrar a un edificio son un contrato y el examen de altura al día. Este es como nuestra licencia de conducir, que dura cuatro años, y sin él no puedes trabajar en esto. Se hace en la Mutual de Seguridad y es un chequeo donde te pesan, te revisan los oídos, la vista, te sacan sangre, te preguntan si consumes drogas, si has sido operado, si tienes problemas cardíacos o diabetes.

Normalmente la gente dentro de los edificios nos saluda, por cortesía yo respondo. Algunas mujeres hacen corazones con plumones o dejan marcado un beso en el vidrio. Se ríen, te miran. Algunos cuando me ven en el ascensor me dicen que soy muy valiente o dicen “ahí va Spiderman”. Algunos se sacan fotos con nosotros y otros cierran la cortina porque piensan que puede pasarnos algo.

Uno también se pilla con cosas al descender. He visto gente desnuda en hoteles, oficinas o departamentos. Lo más raro fue dos personas teniendo relaciones sexuales, pero cierro los ojos y bajo nomás. No corresponde quedarse viendo.

Cuando la gente sabe que trabajo en esto, siempre me pregunta si me da miedo, pero esto es lo normal para mí. Me gusta la altura, la adrenalina. Pienso que voy a ser viejo y seguir en esto hasta jubilarme. A futuro quiero hacer tarjetas y entregarlas en cada edificio, así tendría mis peguitas. Después podría ir contratando a más personas y conseguir más edificios.

En este rubro hay una alta rotación, soy de los pocos que lleva tanto tiempo. Como se trabaja con contratistas, llaman a harta gente y hay muchos cabros que van una semana y se pierden. Yo no puedo hacer eso, porque tengo cuatro hijos y mi señora. Si no trabajo, no hay para la comida.

A mis hijos les gusta mi trabajo. Siempre me saco fotos arriba y se las muestro. Incluso me han venido a buscar algunas veces y me gritan “papá” hacia arriba. Es raro ver a alguien colgado, pero para ellos es entretenido. Mi esposa se preocupa si es que me llega a suceder algo. Uno tiene seguro por la empresa con la que trabaja, pero a veces le buscan la quinta pata al gato para no pagarle a la familia. Así que mejor preocuparse de amarrarse bien, andar calmadito, siempre bien ordenado y seguro. Gracias a Dios, en estos siete años no me ha pasado nada.

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