Sylvia Earle suspendió dos viajes a Chile. Tenía agendada una visita para diciembre del año pasado con motivo de la COP25 de Santiago, pero el evento se trasladó a Madrid debido al estallido social. La segunda vez estuvo a punto de subirse al avión el viernes 13 de marzo, pero el coronavirus tomaba fuerza, Chile entró en la fase 4 y cerró las fronteras. Ella, en todo caso, no desiste: “Volver a Chile y retomar los planes es una gran prioridad para mí, tan pronto como sea posible. Mis viajes recientes han sido pospuestos, ¡no cancelados!”, dice Earle.

-¿Qué reflexión le deja esta pandemia?

-De la pandemia podemos aprender que la buena salud de las personas requiere buena salud para el planeta. La interrupción de los sistemas naturales, terrestres y oceánicos nos ha hecho vulnerables. En ecosistemas saludables, los microbios -bacterias, virus y arqueas- son componentes vitales de un entorno seguro y típicamente estable. La tala de bosques y la destrucción de la vida silvestre en los océanos han dejado al descubierto los sistemas naturales, además de desencadenar amenazas para nuestra salud y la del planeta.

La exploradora submarina más famosa del planeta, de 84 años, cuenta que ha pasado el confinamiento en su casa en medio de los bosques de Oakland, California, escribiendo artículos, participando en reuniones virtuales y terminando un libro sobre el océano que será publicado por National Geographic. “Describirá los fiordos de la Patagonia como uno de los lugares destacados de los Hope Spots”, adelanta.

Sylvia Earle buceó en el Archipiélago Humboldt hace tres años y posó en el pueblo Los Choros, con la consigna "No a Dominga". Foto: Susannah Buchan

En las dos visitas postergadas, el plan de Earle incluía una expedición por la Patagonia Norte, en colaboración con el programa Patagonia Mar y Tierra: la idea era navegar por el fiordo Comau, por la isla Ilihuapi y por la bahía de Tic Toc, en la Región de Los Lagos. Su equipo tenía todo acordado para utilizar la embarcación del empresario Nicolás Ibáñez, quien es dueño de un fundo ubicado en la localidad de Vodudahue y que le compró a Douglas Tompkins en 2014. Earle, además, podría haber buceado en la zona, tal como lo hizo en Rapa Nui en 2015 y en el Archipiélago Humboldt, en 2017.

Sylvia Earle dice que se siente cómoda en este país, que conoce desde 1965, cuando era una joven bióloga marina y formó parte de una expedición científica a Juan Fernández y a las islas Desventuradas. “He tenido el privilegio de regresar muchas veces, especialmente en los últimos años, para reunirme con colegas que lideran exploraciones en el océano, además de realizar investigaciones y conservación. La larga costa de Chile se parece en muchos sentidos a la de California, donde pasé muchos años conociendo los sistemas naturales de la tierra y el mar. Esa puede ser una de las razones por las que me siento tan en casa en Chile, pero también me atrae la gente de este país, que tiene conciencia de la importancia de respetar la naturaleza”, dice.

Las visitas de Earle se han hecho frecuentes -cinco en el último lustro- porque su objetivo es incidir y estar presente en los desafíos ambientales que tiene el país. “Tengo ganas de trabajar más cerca de mis amigos y colegas en Chile, que están asumiendo un papel de liderazgo mundial para abordar el cambio climático y otras preocupaciones ambientales críticas. Durante una visita a la estación de investigación de la Antártica chilena, en enero del año pasado, me alentó escuchar al Presidente Sebastián Piñera decir que esta es la primera generación en entender la magnitud del problema que atravesamos, y es también la última generación capaz de hacer algo al respecto”, dice la oceanógrafa.

Convertirse en un miembro activo de Alianza Humboldt es simplemente lógico. Este es un lugar especial que tiene un alto valor por los beneficios naturales proporcionados; es un sistema saludable que debe ser protegido de los daños.

Sylvia Earle.

Como parte de su plan de incidencia, Earle tomó una decisión: Mission Blue, la organización que creó en 2009 para relevar conocimiento científico, influir en los gobiernos y establecer una red de áreas marinas protegidas en todo el planeta, formará parte de la Alianza Humboldt. Esta coalición de organizaciones sociales y medioambientales busca proteger ese archipiélago de la amenaza de dos megaproyectos que, aseguran, generarían el colapso irreversible de este ecosistema: Minera Dominga y Puerto Cruz Grande. Esta red está conformada, según dice en su página web, por Oceana, el Movimiento Defensa Medioambiente, Fima, Ecosistemas, Terram, Chao Pescao, Chile Sustentable y el Instituto Jane Godall Chile, entre otras organizaciones. Algunas formaron parte de Patagonia sin Represas, el movimiento que apoyó Douglas Tompkins contra HidroAysén.

“Convertirse en un miembro activo de Alianza Humboldt es simplemente lógico. Este es un lugar especial que tiene un alto valor por los beneficios naturales proporcionados; es un sistema saludable que debe ser protegido de los daños”, dice Earle.

-¿Su plan es jugar un rol similar al de Tompkins en Patagonia sin Represas?

-Admiro enormemente las contribuciones que Doug y Kristine Tompkins han hecho a la protección y restauración de paisajes naturales en Chile y más allá. Este es un regalo invaluable para las generaciones presentes y futuras, particularmente en Chile, pero también con beneficios para la salud del planeta y las personas a nivel mundial. El equipo de Mission Blue Hope Spots está trabajando con individuos, comunidades locales, organizaciones, universidades, industrias y gobiernos con un objetivo similar para el océano: abarcar los lugares que están en buenas condiciones, así como aquellos que pueden restaurarse, para mejorar su salud, y trabajar para lograr una protección total, duradera y oficial.

Sitios de esperanza

El archipiélago Humboldt abarca desde Chañaral de Aceituno, en el extremo sur de la Región de Atacama, hasta Caleta Hornos, ubicada al norte de La Serena. Es uno de los ecosistemas más ricos del país, donde es posible encontrar el 80% de la nidificación del pingüino de Humboldt, aves marinas -como yuncos y cormoranes-, colonias de lobos de mar, chungungos y delfines. También es un lugar de alimentación y tránsito para ballenas azules, jorobadas y fin. Para los científicos, es un laboratorio natural único.

Earle conoció esta zona en septiembre de 2017, cuando participó en el Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas, IMPAC 4 Chile, en La Serena y Coquimbo. Esa vez buceó en la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt y se sacó una foto en el pueblo Los Choros con la consigna “No a Dominga”. “Recuerdo que cuando regresó de bucear venía con esa cara y con ese espíritu que cambian en ella cuando ve cosas hermosas en el océano y se da cuenta de la importancia de esos lugares. Además, quedó muy impresionada con el compromiso de la gente por proteger esa zona. No quería irse”, dice Max Bello (45), experto en asuntos públicos y en conservación en océanos, quien hasta el año pasado fue parte de The Pew Charitable Trusts, y que asumió como asesor ejecutivo de Earle y del directorio de Mission Blue. El chileno es hoy su mano derecha para impulsar la creación de áreas marinas protegidas en Chile y otros países.

Bello explica que a principios de 2018 se aprobó la creación de un área marina protegida en la zona, pero sin claridad respecto a su extensión. “Esa propuesta necesita ser llevada por el Ministerio del Medio Ambiente al Consejo de Ministros. Sería una de las mejores noticias para completar los compromisos del gobierno respecto del cambio climático (NDC) y de su particular compromiso con el océano y su protección”, dice.

Sylvia Earle, haciendo lo que más le gusta: explorar el océano. Foto: Max Bello.

En abril de 2018, Mission Blue incluyó al archipiélago Humboldt en la lista de los sitios marinos de importancia biológica que brindan esperanza al mundo, denominados Hope Spots. Hasta ahora, Mission Blue ha declarado cuatro Hope Spots en Chile (y más de 130 en todo el mundo): al archipiélago Humboldt se suman uno en los fiordos de Patagonia (norte, centro y sur), uno en Chiloé (Guafo - Guaitecas), y otro alrededor de las islas Juan Fernández, Desventuradas y Rapa Nui. “La idea es ir evaluando el estado de los Hope Spots y ayudar a la gente que trabaja en esos sitios a concretar la protección efectiva mediante algunas de las figuras que establece la ley, como Área Marina Costera Protegida o Parques Marinos”, explica Bello.

Earle cuenta que hace diez años Mission Blue comenzó a reclutar “campeones del océano”, personas que están dispuestas a explorar, documentar y desarrollar la mejor protección posible en los Hope Spots. Mission Blue ha reclutado a tres “campeones” en Chile, dos de ellos del archipiélago Humboldt: Susannah Buchan, oceanógrafa británica que lleva 12 años radicada en Chile estudiando a las ballenas, y el buzo y fotógrafo submarino César Villarroel, con más de una década registrando la biodiversidad submarina del lugar. “El Hope Spot del archipiélago de Humboldt es un ejemplo perfecto de cómo los campeones locales están tomando el liderazgo al registrar la especial naturaleza del área y mostrar que la protección puede beneficiar al océano y a la gente que vive en la región”, explica Earle.

La oceanógrafa está consciente de que se trata de una zona cuya biodiversidad estaría en riesgo. “El proyecto minero Dominga sería una pérdida grande y permanente, tanto económica como ambiental, para muchas personas, con ingresos bajos y a corto plazo. Sinceramente, espero que no sea permitido”, afirma.

En el sur está la tercera campeona de Mission Blue en Chile: Vreni Häussermann, bióloga y directora del Centro Científico Huinay -fundado en 1998-, que se dedica a explorar y difundir la importancia de la biodiversidad de los fiordos de la Patagonia. En diciembre se convirtió en embajadora de Mission Blue. “Mi trabajo es representar la diversidad de la Patagonia y promover la ciencia que hacemos acá para que se conozca y se proteja esta área”, dice Häussermann.

Las redes en Chile

Entre los cercanos a Sylvia Earle en Chile están el periodista Amaro Gómez-Pablos y el exministro de Medio Ambiente Marcelo Mena. Pero en sus visitas de los últimos años, Earle se ha reunido en varias ocasiones con las máximas autoridades del país.

El proyecto minero Dominga sería una pérdida grande y permanente, tanto económica como ambiental, para muchas personas, con ingresos bajos y a corto plazo. Sinceramente, espero que no sea permitido.

Sylvia Earle.

En enero de 2015 fue a La Moneda junto con Jane Lubchenco, enviada para los océanos del expresidente Obama, y con representantes de Rapa Nui para plantearle a la presidenta Bachelet la necesidad de proteger la zona económica exclusiva de la isla. Tres años después, cuando se firmaron los decretos de las áreas marinas protegidas en Rapa Nui y el archipiélago de Juan Fernández, entre otras, y del Parque Nacional Pumalín, Earle ocupó un lugar estelar en la ceremonia en el patio Los Naranjos al lado de Kristine Tompkins, con quien mantiene una relación de confianza.

“Cuando Bachelet hizo esta ceremonia, tenía en la primera fila a la principal defensora de los ecosistemas marinos en el mundo y a la principal defensora de los ecosistemas terrestres. Ese era el diseño”, explica el exministro Marcelo Mena.

Con Sebastián Piñera se reunió en febrero de 2018, antes de que asumiera su segundo período, para conversar sobre la importancia de la conservación de los océanos y pedirle continuidad en esa materia como política de Estado. El proyecto Dominga estuvo presente en la cita. Esa vez, Piñera puso una foto junto con la oceanógrafa en su cuenta de Twitter y acuñó la frase: “Sin azul, no hay verde; sin océanos no hay vida”. Un año después, Piñera incluyó a Earle en el proyecto Antártica 2020, un grupo de alto perfil que tiene el objetivo de proteger las aguas antárticas para 2020.

Cuando Bachelet hizo esta ceremonia, tenía en la primera fila a la principal defensora de los ecosistemas marinos en el mundo y a la principal defensora de los ecosistemas terrestres.

Marcelo Mena, exministro de Medio Ambiente.

Para Sylvia Earle, entender el rol de los océanos es clave para protegerlos. “Sin el océano, tampoco habría clima, ni tiempo, ni humanos. Con el conocimiento viene el cuidado. Haciendo eco del Presidente Piñera, como nunca antes está siendo reconocida la importancia del océano como piedra angular del sistema de soporte vital de la Tierra. Como nunca antes, hoy existe la posibilidad de abrazar el océano vivo como si nuestras vidas dependieran de él, porque lo hacen”, dice, y agrega: “Espero que el Presidente siga adelante en su tarea de proteger la Antártica, como también los lugares en la costa de Chile que hoy más que nunca requieren de nuestra atención”.

-¿Quiere convertirse es una activista medioambiental en este país?

-Espero continuar siendo lo que soy, esté donde esté y haga lo que haga, como científica que observa con atención, que mira la evidencia e informa de manera honesta lo que veo. En realidad, es algo que todos deberían hacer.

Foto: Max Bello

Mujer de mar

La vida de Sylvia Earle es un mar de hitos.

* Earle nació en agosto de 1935 en Gibbstown, Nueva Jersey, un pequeño pueblo que, curiosamente, no tiene acceso al mar. A los trece años su familia se trasladó a Florida y ahí comenzó todo. Earle se relacionó con los océanos desde la adolescencia y se ha sumergido en ellos para conocerlos, explorarlos y protegerlos.

* Unos meses después de que el hombre llegara a la luna, Sylvia se atrevió a llenar el formulario para ser parte del Proyecto Tektite, que -como la mayoría en esa época- era un programa científico reservado para hombres. El proyecto consistía en una estación científica que durante algunas semanas se sumergiría a 15 metros de profundidad frente a la costa de las Islas Vírgenes. “Bueno, si la mitad de los peces son hembras, podemos incluir a alguna mujer”, dijo el jefe del programa antes de aceptarla. “En ese tiempo era poco usual que las mujeres fueran buzos, científicas o científicas buzos. Tampoco había mujeres astronautas. Hoy parece absurdo”, dice Earle. Hoy ella suma más de 7 mil horas bajo el agua haciendo investigación y es considerada una de las oceanógrafas más importantes del mundo.

* Entre 1990 y 1992, hizo historia al ser la primera mujer en convertirse en directora científica de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA). En ese cargo aguantó sólo dos años porque “no me dejaban decir lo que sabía. Era mejor seguir por libre”.

* En 2009, gracias al premio en dinero que recibió al ganar el TED Prize, lanzó su iniciativa más personal, Mission Blue, una organización que busca generar conocimiento científico, influir en las políticas públicas y crear alianzas con gobiernos y comunidades de distintos países para establecer una red internacional de áreas marinas protegidas en todo el planeta.