Magdalena Skipper: “Todos estamos revaluando la forma en que nos comunicamos con los demás”

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La directora de 'Nature', una de las revistas científicas más importantes del mundo, destaca cómo la pandemia del coronavirus ha alterado esquemas de colaboración y comunicación global: desde el trabajo científico hasta la rutina de los ciudadanos. “Sería un valioso ejemplo si los políticos realmente lo siguieran y también trabajaran juntos”.




Esta época es de muchas primeras veces.

Para la revista Nature también lo es. Está trabajando a gran velocidad, y completamente de manera remota por primera vez desde su creación en 1896. Y todo esto liderado por Magdalena Skipper -genetista de formación-, quien se convirtió hace dos años en la primera mujer en dirigir esta prestigiosa publicación científica.

Desde su casa en Londres, donde Zoom permite ver una oficina luminosa y de estampa cálida, Skipper comparte con Tendencias sus ideas sobre esta pandemia. “Cuando escuché por primera vez sobre el brote de esta cepa de coronavirus en China, ciertamente no anticipé que tendríamos una pandemia global a toda escala. Hemos tenido otros ejemplos de epidemias de coronavirus en la última década más o menos, como H1N1, SARS y así sucesivamente. Pero estaban mucho más localizadas. Estaban contenidas, en una escala más local”.

¿Cómo ve la situación a nivel mundial ahora, en comparación con hace un mes?

La situación en la pandemia actual está cambiando a diario, a veces incluso por hora. Hoy estamos en un lugar muy diferente de donde estábamos hace un mes: sabemos mucho más sobre la biología del virus, sobre la compleja patología de la enfermedad, se están probando varios medicamentos y ahora apreciamos mucho mejor quién está en mayor riesgo de Covid-19 y de que fuimos demasiado lentos para reconocer que ciertas poblaciones vulnerables, como los ancianos en hogares, los trabajadores migrantes o los refugiados, necesitan protección especial. A medida que algunos países comienzan a abrirse, también comenzamos a ver que las cuarentenas rápidas funcionaron bien donde se realizaron. Sigo teniendo la esperanza de que la reducción de los bloqueos se haga con sensatez para que la tasa de transmisión continúe disminuyendo.

En Chile vivimos una relajación en el comportamiento de las personas. Mucha gente no sigue las reglas, y las autoridades chilenas están muy preocupadas por el brusco aumento de casos. ¿Es lo mismo en Europa, ahora desconfinándose?

Las restricciones de libertad y movimiento personal que muchos estamos experimentando ahora no tienen precedentes para la gran mayoría de nosotros. Es difícil permanecer disciplinados y seguir las recomendaciones para permanecer en casa y minimizar el contacto social y, sin embargo, seguir estas recomendaciones es lo que debemos hacer. Para muchos, el confinamiento ha significado una pérdida de ingresos que es comprensiblemente difícil de soportar, sobre todo si la amenaza en sí sigue siendo invisible y si los que sucumben al Covid-19 son solo números informados en las noticias. Esta es una respuesta muy humana y la vemos tanto en Europa como en otros lugares. Pero tan frustrante como puede ser, la alternativa a ella significa muchas muertes, especialmente entre los vulnerables: es un precio demasiado alto para pagar.

Hoy estamos en un lugar muy diferente de donde estábamos hace un mes: sabemos mucho más sobre la biología del virus

¿Cómo lidera la publicación más importante sobre ciencia en el mundo, especialmente ya que el virus ha puesto la ciencia al centro?

Tienes toda la razón. Es difícil decir que puede haber un resultado positivo de una pandemia como esta, pero si se me ocurre una, podría decir que es el hecho de que la evidencia del trabajo científico -sobre la que claramente tenemos que basar la política pública y la política de salud en este caso- ha demostrado ser correcta y esencial. Y, de hecho, gobiernos que anteriormente eran reacios a tomar en cuenta los consejos de los científicos e investigadores, ahora los vemos mano a mano, a menudo apareciendo en la televisión con los científicos. La evidencia científica, día a día, hora a hora, está nutriendo la creación de políticas públicas en este momento de crisis.

¿Y cómo plantea la misión de su revista en estos momentos?

Desde la perspectiva de Nature, siempre es un momento de responsabilidad en cómo comunicamos la ciencia. Y, por supuesto, hay dos aspectos de la Nature: es un vehículo para difundir hallazgos científicos originales y los artículos científicos que publican los investigadores. Y en este momento, estamos trabajando muy duro en asegurarnos de que estos documentos sean evaluados rigurosamente, que facilitemos esta evaluación por la comunidad de investigación y luego los publiquemos lo más rápido posible, para que la información confiable esté disponible para todos. También hemos puesto como requisito que los autores de estos trabajos compartan los datos. También compartimos esta información con la OMS porque, por supuesto, ellos tienen una experiencia realmente incomparable en el tratamiento de las crisis de salud mundiales. Y tan pronto como se genera esta información, pueden agregar esto a sus modelos y predicciones, y aconsejar a los gobiernos alrededor del mundo. También tenemos un papel muy importante que desempeñar para complementar el tipo de reporteo que los diarios y los medios generales hacen. Y la idea es reportear de una manera más cercana a la ciencia, informar directamente desde los científicos, mostrar cómo los investigadores mismos se están involucrando en esta crisis. Hay tantos ejemplos de laboratorios enteros que se han redirigido de lo que sea que hayan estado trabajando. Y, por último, cada vez que podamos, debemos disipar cualquier potencial información errónea, con respecto a consejos o información sobre qué hacer y qué no hacer, que no siempre son confiables.

Nature se disculpó por “asociar” el coronavirus con su lugar de origen en China, con el argumento de que el vínculo había inspirado ataques racistas contra personas asiáticas en todo el mundo. ¿Podría elaborar más sobre la discriminación y los estereotipos raciales que ha desatado el virus?

Se está refiriendo a un editorial en el que hablamos contra el estigma y los prejuicios que pueden surgir al asociar enfermedades con una ubicación geográfica, ya sea donde surgieron o donde se describieron por primera vez. Precisamente para evitar tal estigma, la OMS ha nombrado al virus que causa la pandemia actual SARS-CoV-2 y la enfermedad Covid-19. Aunque nos referimos al virus por el nombre del lugar donde se describió por primera vez antes de que se anunciara el nombre recomendado, todavía sentimos que necesitábamos reconocerlo. Las enfermedades zoonóticas, aquellas que se originan a partir de patógenos que cruzan la barrera de las especies en humanos, han estado con nosotros a lo largo de nuestra historia y es poco probable que esto cambie en el futuro. Hacer referencia a patógenos o enfermedades por nombres de lugares no solo puede conducir al estigma contra quienes habitan en estos lugares, sino que tampoco es informativo sobre la enfermedad en sí. Además, puede ser simplemente engañoso; por ejemplo, la gripe de 1918, comúnmente conocida como gripe española, no sólo no se originó en España (la mayoría cree que esto ocurrió en los EE.UU.), sino que ni siquiera fue la más extendida en España. El nombre fue atribuido a España debido a un sesgo en los medios de comunicación.

La evidencia científica, día a día, hora a hora, está nutriendo la creación de políticas públicas en este momento de crisis.

Evolución y colaboración

“Las predicciones que se han hecho es que esta cepa de coronavirus probablemente estará con nosotros de una manera similar que la gripe estacional, que sigue regresando. Pero la gripe, aunque todos los años se nos anima a vacunarnos y siempre hay algo de mortalidad asociada, la tenemos bajo control. Uno puede imaginar que en el futuro habrá una situación similar con este virus corona”, dice Skipper.

¿Qué tan lejos cree que estamos para encontrar una vacuna?

En el desarrollo de vacunas o incluso medicamentos en general, existe una trayectoria muy bien descrita. Sabemos cómo es porque hemos desarrollado otras vacunas y medicamentos contra otras enfermedades. Y en todos estos casos existen al menos dos cuestiones principales que deben investigarse absolutamente antes de que cualquier vacuna o medicamento pueda usarse en un entorno real. Lo primero es el eficacia, es decir, hasta qué punto una vacuna que se está desarrollando realmente protegerá contra ese patógeno en particular. Y el otro es la toxicidad. Esto es algo que en cada medicamento, cada vacuna, cualquier tipo de intervención en la salud humana o contra la enfermedad, tiene que ser testeado. Por lo tanto, es un proceso lento. Lo primero que siempre se probó es la toxicidad. Estas son pruebas que se realizan en grupos muy pequeños de personas. Y luego, eficacia, etc. Por lo tanto, identificar una vacuna probablemente nos tenga que tomar mucho tiempo. En ese momento, el siguiente paso será escalar, mostrando realmente en qué circunstancias, en qué condiciones, esta vacuna en particular puede ser realmente eficaz en las poblaciones, y cómo se puede administrar a las personas en el terreno en la vida real. Reitero, es un problema muy complejo. Por esa razón, habrás escuchado a asesores de gobiernos, médicos y científicos hablar que una vacuna sólo entrará en el juego para la mayoría del mundo el próximo año, para la próxima ronda de infecciones por coronavirus.

En este sentido, ¿qué piensa sobre el proyecto de vacuna de Oxford? ¿Cree que es posible tener una en septiembre, como esperan?

Es estimulante ver que los investigadores del Oxford Vaccine Group han comenzado lo que es el primer trial de la vacuna contra el Covid-19 en Europa. Por supuesto, hay otros estudios en otras partes del mundo que están despegando ahora. Múltiples esfuerzos paralelos son siempre algo bueno en la ciencia y la investigación clínica. Sabemos que el SARS-CoV-2 está aquí para quedarse, por lo que una vacuna efectiva y ampliamente disponible (¡y asequible!) es exactamente lo que necesitamos en una situación de pandemia. El primer obstáculo es desarrollar una vacuna efectiva; el siguiente es abordar los aspectos prácticos de ponerla a disposición. Por esta razón, fue estimulante ver que los investigadores de Oxford se han asociado con una compañía biofarmacéutica que podría facilitar la ampliación de la producción de vacunas. Pero aún debemos asegurarnos de que la vacuna sea asequible para todos en todo el mundo para garantizar que la pandemia no regrese.

Es estimulante ver que los investigadores del Oxford Vaccine Group han comenzado lo que es el primer trial de la vacuna contra el Covid-19 en Europa.

¿Qué piensa de los anuncios que ha hecho esta semana la farmacéutica Moderna, de Estados Unidos? La información parece auspiciosa…

Eso ahora está en boca de todos, porque la compañía acaba de anunciar que en su prueba preliminar de ocho voluntarios sanos la vacuna parece ser segura y provoca una fuerte respuesta inmune. Y la compañía acaba de recibir la aprobación de la FDA para la segunda fase de pruebas. Ciertamente, todos veremos con gran interés cómo resulta esta próxima etapa.

A pesar de que los líderes mundiales no están realmente trabajando juntos, los científicos sí están trabajando...

Los investigadores están trabajando juntos en todo el mundo desde el principio. Ha sido realmente impresionante cómo la comunidad de investigación se ha unido y ha comenzado a compartir los datos y la información de una manera muy concreta. Desde el principio, la OMS y otros han llamado para compartir la datos, no sólo la información o resultados. Porque si queremos comprender la dinámica de esta pandemia, cuantos más datos tengamos a escala global, más potentes serán los modelos. Y los investigadores entienden esto profundamente y por eso esto está funcionando muy bien. De hecho, podría ser un valor: sería un valioso ejemplo si los políticos realmente lo siguieran y también trabajaran juntos.

Como estudiosa de nuestra evolución, ¿cómo cree que va a cambiar el comportamiento de la humanidad? ¿Es optimista al respecto?

Uno de los efectos positivos de que nos quedemos todos en casa es sobre el medioambiente mismo. Continuamente escuchamos sobre los efectos económicos, pero desde la perspectiva de las emisiones de carbono, estamos bajando. Habrá un impacto global desde esa perspectiva. Desde una perspectiva social es muy difícil de predecir. Por un lado, la forma en que estamos hablando (remotamente) en este momento, es realmente maravillosa. Pero aún así falta algún elemento de interacción humana cara a cara, cómo se desarrolla, cómo sucede, la espontaneidad y el tipo de serendipia… eso se ve en la medida en que tuvimos que hacer arreglos para trabajar y comunicarnos remotamente.

Ha sido realmente impresionante cómo la comunidad de investigación se ha unido y ha comenzado a compartir los datos y la información de una manera muy concreta.

¿Por qué?

Todos estamos revaluando la forma en que nos comunicamos con los demás. Y te haré un comentario un poco más liviano, pero muy genuino: estaré muy feliz cuando pueda volver a la oficina y ver a mis colegas, o sonreírles. No creo que hubiera imaginado que eso sería tan, tan importante. Así que pienso que en una escala personal puramente social apreciaremos mucho más el contacto personal. Nosotros lo damos por sentado porque sucede a diario con aquellos que están físicamente a nuestro alrededor. Y en el sentido inverso, analizaremos las maneras de comunicación remotas con aquellos que están un poco más distantes. Si funciona tan bien ahora, ¿por qué no hacerlo más de esa forma y proteger un poco más nuestro medioambiente? Y, en general, soy optimista. Soy una de esas personas que ven siempre el vaso medio lleno.

Después de toda esta ola de colaboración entre científicos y líderes mundiales para enfrentar esta pandemia, ¿cree que quizás se podrá abordar así también la catástrofe climática?

Realmente espero que sí. Ciertos problemas pueden abordarse a escala local, pero por definición los problemas globales deben abordarse a escala mundial. La pandemia actual es un ejemplo de ello, así como el cambio climático. Y tenemos ejemplos fantásticos de trabajo conjunto para un problema global: el Protocolo de Montreal, por ejemplo, que ahora tiene un poco más de 30 años, que es el uso de los CFC. Estaban dañando el ozono, lo que también tuvo un efecto sobre el calentamiento global. Y hace poco publicamos un artículo en Nature, que muestra que se ha logrado el cierre del agujero de ozono sobre el hemisferio sur. Un ejemplo fantástico: como llegamos a un punto de inflexión, hicimos un balance de lo que estaba sucediendo, luego se implementó una política global y, 30 años después, podemos mostrar tangiblemente los resultados de ella. Así que ciertamente espero que esta sea una lección no sólo en el contexto de la salud pública, sino también en otros contextos, especialmente el cambio climático, probablemente, el más importante.

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