Salmones en peligro

Imagenes de Salmoneras ubicadas en el Estuario del Reloncavi

Estudio de la FAO alerta riesgo en industria pesquera nacional debido al cambio climático. Alza de temperaturas y menos precipitaciones generarán cambios en el sur del país, que afectarán producción acuícola.


Según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la industria pesquera chilena enfrentaría severas consecuencias por el cambio climático. El estudio, avalado por más de un centenar de científicos, proyectó el impacto que el fenómeno tendría en la pesca y acuicultura al año 2050.

Las predicciones globales dicen que Chile y Noruega son los países que verán más afectada su industria acuícola por el volumen y tamaño de sus sistemas piscícolas, posicionándolos como los más vulnerables junto a Vietnam, Bangladesh, Laos y China por sus cultivos en agua dulce, y Ecuador, Egipto y Tailandia en agua salada. El área más vulnerable, dice el informe, será la industria salmonera. Chile es el segundo mayor productor de salmón de cultivo en el mundo y muchas ciudades del sur dependen de esta industria.

Los pronósticos indican que la Patagonia Norte, zona en la que se realizan los cultivos de salmón, sufrirá un alza de temperatura especialmente en el verano y una disminución en las precipitaciones en los próximos 50 años, que resultará en un menor ingreso de agua dulce a los fiordos, canales y mares interiores de cultivo, clave para la productividad de salmones.

Según los investigadores, la interacción entre el agua dulce de las lluvias y la salada del mar es favorable para el ecosistema y el cultivo de salmones, por el ingreso de nutrientes, la circulación oceánica y la cantidad de alimento para los organismos que ahí habitan. “Más días con sol y sin lluvia implican más calentamiento de las capas superficiales del mar y más luz para las microalgas. Esto puede propiciar un alza del fitoplancton y potenciar el florecimiento de algales nocivos. Menores ingresos de agua dulce generarían cambios en los patrones de circulación de fiordos con efectos sobre otros organismos, como larvas y plancton”, dice Doris Soto, experta del Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (Incar) y una de las autoras del estudio.

Agrega que los centros de cultivo de zonas con más agua dulce están más protegidos de enfermedades como el piojo de mar, caligus y amebiasis, parásitos que se desarrollan mejor en aguas más saladas. Por ello, una disminución en las lluvias causaría enfermedades en los salmones y propiciaría eventos como las catastróficas mareas rojas de 2015 y 2016.

“El de 2016 ocurrió por una baja en las precipitaciones en el norte de la Patagonia, con un fenómeno de El Niño muy fuerte. Es muy probable que si la diminución de precipitaciones continúe, tengamos eventos peores”, dice. Explica que cada vez hay más evidencia de que El Niño está incrementando su frecuencia y magnitud por el cambio climático.

Según el Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal), brazo técnico de los productores agrupados en SalmonChile, pese a que aún no registran cambios, están formulando investigaciones y planes para prepararse.

Soto cita estudios de esta industria, que apuntan a que las zonas de cultivo más afectadas serían las asociadas a la Cordillera de los Andes, es decir, los ríos y estuarios de Chiloé continental y norte de Aysén, porque son las zonas que gozan de condiciones menos salinas y con mayores ingresos de agua dulce.

Corriente de Humboldt

Las proyecciones de la FAO también advierten sobre el impacto que el cambio climático podría tener en la Corriente de Humboldt, el ecosistema marino más productivo del mundo.

Según los modelos de predicción, se espera un alza en la temperatura superficial del mar en Perú y el norte chileno (de Arica a Coquimbo), y en menor medida en Chile central-sur (de Valparaíso a Concepción). El alza generará que las aguas de surgencia ya no sean tan profundas ni ricas en nutrientes, provocando cambios en el régimen pesquero y una disminución en la producción de plancton y fitoplancton.

“Las especies más sensibles a estos cambios climáticos serían la anchoveta, la jibia y, sobre todo, especies que dependen mucho de la productividad primaria, pequeños peces pelágicos como la sardina. Si hay una baja en la productividad primaria del fitoplancton o zooplancton, que son ‘la verdura del mar’, estas especies podrían verse afectadas directamente”, dice Alejandro Ramírez, investigador del Núcleo Milenio Invasal y colaborador del estudio.

Otras especies

Jaime Letelier, jefe de Oceanografía y Medio Ambiente del Instituto de Fomento Pesquero (Ifop), señala que las alteraciones producidas por El Niño y las predicciones sugieren que el hábitat de la zona centro norte se desplazará hacia el sur, al mismo tiempo que se producirá una reducción del hábitat vertical de la anchoveta y jurel, como también el ingreso de especies tropicales como barracudas, tiburón martillo y ballena, tortugas marinas, entre otras, además de un alza de medusas. En este desplazamiento hacia el sur es probable que parte de la biomasa de anchoveta del Perú se desplace al norte de Chile. El alza de la temperatura y la explotación sin control de las algas podrían generar un impacto no evaluado en los ecosistemas costeros.

En la zona centro-sur, el grueso de la biomasa de anchoveta y sardina común se desplazaría permanentemente hacia las regiones de Los Ríos y Los Lagos, incluso penetrando a la zona de los canales. Además, el alza de predadores gelatinosos como medusas sugiere mayor mortandad de especies como jurel, anchoveta y sardina en su desarrollo inicial.

Efectos a nivel mundial

El informe también establece una disminución moderada del potencial de captura para 2050 en Chile, porque el cambio climático podría reducir significativamente el éxito en la puesta de huevos de algunas especies explotadas por el sector industrial. El estudio proyecta una merma de entre 1,6% a 3%. Las especies más vulnerables serán la anchoveta, la jibia, la sardina y el salmón.

A nivel global, el informe proyecta que el potencial máximo de capturas en el mar podría disminuir hasta un 12% para 2050, por los cambios de temperatura en el mar, los niveles de pH y los patrones de circulación oceánica.

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