Stephen Rosenthal: “Muchas veces presionamos a los chicos trans en formas que no lo hacemos con los otros”

Autor: Tania Opazo

FOTO: ROBERTO CANDIA

Stephen Rosenthal ha dedicado buena parte de su carrera a investigar y atender a niños y jóvenes transgénero. Como referente entre sus pares, este endocrinólogo pediátrico cumple además otra tarea: educar a las más diversas comunidades en esta compleja temática. De paso por Chile, habló sobre su experiencia y lo mucho que nos falta por aprender.


Recién había entrado a la Escuela de Medicina de la Universidad de Columbia. Era un sábado. Habían citado a los estudiantes a la conferencia “Correlación clínica”. El auditorio estaba lleno y Stephen Rosenthal, igual que sus compañeros, llevaba orgulloso un delantal blanco. Entonces comenzó un video, y él por primera vez vio una cirugía donde creaban una vagina a partir de un pene.
“Básicamente querían obtener una reacción de nosotros, que pensábamos que éramos tan especiales”, bromea hoy Rosenthal. Había además un panel de adultos trans que se habían realizado la cirugía y respondieron preguntas. No recuerda ninguna de las otras conferencias que ocurrieron esos sábados durante su carrera, pero aquella tuvo un fuerte impacto en él.

Rosenthal terminó su especialidad de pediatría en Columbia y partió a la Universidad de California, en San Francisco, para especializarse en endocrinología. En esa ciudad, que en los 70 se hizo famosa como centro del movimiento por los derechos homosexuales, cofundó el centro de género para la atención de niños y jóvenes transgéneros en el Benioff Children’s Hospital, perteneciente a la Universidad de California, donde además es académico e investigador.

Además, ha forjado casi una carrera paralela dando charlas sobre transgeneridad a diversos públicos. En diciembre estuvo en Santiago como parte del simposio “Manejo integral de las personas transgénero”, organizado por la Escuela de Medicina de la Universidad Católica. “Me gusta hablar de biología”, especifica.

-Bueno, es doctor, tiene sentido que le guste hablar de biología.
-Pero no se necesita ser doctor para entender la biología de la que yo hablo en mis charlas. Disfruto discutir con personas que no son médicos y mientras más gente pueda entender conceptos básicos como hormonas, genética y estructuras cerebrales, lograremos mayor comprensión.

-¿Mayor comprensión de las personas trans?
-De la diversidad humana en todos los aspectos. ¡En todos! Inteligencia, altura, color de pelo, habilidades atléticas, sensibilidad artística, lo que sea. No entiendo por qué la gente se asusta frente a la idea de que el género también puede existir en un espectro.

-Muchos dicen que el género es “sicológico”, que por eso no se pueden comparar esas variables.
-La gente debe entender que todo lo que pasa en sus cerebros es parte de su biología, incluso sus pensamientos son reacciones químicas en el cerebro. Dicen “esto es biología, esto es sicología”; bueno, si es parte de su cerebro, es igual biológico. El género es parte de la biología, lo que no quiere decir que sea sólo biológico, pero sin duda la biología contribuye.

-¿Podría dar un ejemplo?
-Si tomo imágenes de los cerebros de cien mujeres y cien hombres, te darás cuenta que en ciertas estructuras cerebrales algunas formas se presentan más en los cerebros de las mujeres y otras en los hombres. Ahora, sin duda habría también diferencias entre las mujeres y entre los hombres.

-La comunidad trans critica que todos debamos ser clasificados entre hombres y mujeres, hablan del “binarismo de género”.
-Si el género está en un espectro, tiene lógica decir que no pueden existir sólo dos categorías para definirlo. De hecho, muy pocas personas están en un extremo del espectro, de cualquier espectro: tú no tienes sólo gente bonita o fea, estúpida o inteligente. Todos los aspectos biológicos los encontramos en un espectro, insisto. Otro ejemplo: la ciencia del desarrollo genital. Hay un set de estructuras que son “bi-potenciales”, eso significa que pueden desarrollarse por un camino u otro, pero en inicio todos estamos programados para tener genitales femeninos, acaso que haya una señal que reescriba eso. A veces, en ese proceso, el desarrollo de los genitales no queda en un extremo del espectro u otro, y así les he explicado a muchas personas los genitales ambiguos o intersex.

-La ciencia del desarrollo genital es fácil, ¿pero la ciencia del transgenerismo?
-No lo sabemos realmente. Sabemos que la biología juega un rol, que hay ciertas correlaciones, pero nadie sabe cuáles genes… Además, no hay suficientes estudios, y los que hay son bastante controversiales, no muchas personas quieren financiarlos.

-¿Por qué?
-Primero porque frente a una cantidad limitada de recursos, muchos argumentan que debería priorizarse investigar cómo ofrecer mejores cuidados médicos a las personas trans. Segundo, porque, para otros, investigar la biología de la condición trans puede ser un arma de doble filo. Alguna gente puede mirar eso y decir “¿Ven? Encontramos algo que causa esto, significa que podemos curarlo”, y terminar patologizando la condición.

-¿Y cómo se hace cargo en sus charlas de esa arma de doble filo?
-Siempre que doy una charla sobre esto, agrego unas palabras de introducción explicando por qué creo que es importante hablar de eso, pero por qué también puede ser mal utilizado.
El doctor Rosenthal es un convencido de que las charlas que ofrece son igual de relevantes que el trabajo que realiza en su clínica. Les habla sobre todo a las personas no transgénero, que son las que más necesitan entender. Recuerda especialmente una conferencia que dio a los directivos del Consejo de Universidades Cristianas de Estados Unidos. “La presidenta me dio las gracias por ayudarlos a entender mejor a sus estudiantes transgénero y por supuesto eso tiene ramificaciones, porque ellos crean las políticas de esas universidades”.
Entender a los niños

-¿Sabe que muchas organizaciones y padres de trans abogan porque los niños acepten y amen sus cuerpos tal cual son, sin intervención médica?
-Sí, claro. La verdad yo estaría encantado si eso pasara más, incluso si me significara recibir menos pacientes. Pienso en eso todo el tiempo, en que si la gran mayoría de las personas está en algún punto del espectro, hay mucha más gente afuera que no viene a vernos que la que sí lo hace. Pero lo concreto es que las personas que van a nuestra clínica sienten la necesidad de cambiar sus cuerpos y están sufriendo, pero no porque sean transgénero.

-¿Por qué sufren, entonces?
-Antes solía pensar: si el entorno donde yo me muevo parece cada vez más tolerante a la diversidad, ¿por qué algunas personas siguen sintiendo esa necesidad de cambiar sus cuerpos? Pues bueno, ellos sienten tal discordancia, tal falta de congruencia entre cómo ellos se perciben a sí mismos y la forma en que ellos perciben que el mundo los ve, que se sienten incomprendidos en su género, desalineados entre como ellos se conocen y se ven. Por eso creo que buscan hacerse esos cambios, sobre todo, para reducir el estrés de no ser reconocidos con el género que perciben como suyo. Sienten que así pueden “mimetizarse” mejor con la sociedad, y mi tarea como profesional de la salud es apoyarlos, no juzgarlos por esa decisión.

-Hay polémica respecto a darles medicamentos a los niños para retrasar o detener su pubertad.
-No tenemos un montón de estudios, son limitados, pero son de buena calidad y podemos aplicar esa información sobre los potenciales efectos de los bloqueadores. Basados en la evidencia indirecta, sabemos que estamos ocupando una droga que en un contexto clínico distinto tiene buen perfil de eficacia. No puedo decir “Ok, no voy a ocupar esto hasta que tenga 30 años de experiencia”. ¿Cómo logras esa experiencia si no la ocupas? Los pacientes deben tener claro que les ofrecemos el mejor cuidado que podemos, tratando siempre de aumentar nuestro conocimiento y optimizando los tratamientos en la medida que avanzamos.

-¿Hay un cambio en la perspectiva de los padres?
-Creo que sí, que están más abiertos y receptivos a aprender, al menos los que llegan a la clínica. Ahora, para acceder a un tratamiento, además de contar con el apoyo y aprobación de sus padres, los chicos deben pasar por una evaluación sicológica. Si el paciente nunca ha tenido una evaluación, insistimos en que eso pase, solicitando el informe de un profesional de la salud mental, especializado en temas de género. En ese sentido somos “conservadores”, pero no con un enfoque de restringir o sobreproteger.

-¿Cuál es el enfoque, entonces?
-Dada la complejidad de la adolescencia y la co-recurrencia de los trastornos del espectro autista en las personas trans -que no sabemos por qué ocurre-, no puedes llegar y entregarle una receta de hormonas a un chico. Tenemos que aplicar un enfoque multidisciplinario.

-Pareciera que la condición trans es cada vez más visible. Asumo que usted recibe más pacientes que hace diez años. Algunos dicen que esto es una moda; otros, que las personas transgénero se están atreviendo más a expresar su identidad de género. ¿Qué piensa usted?
-Creo que más lo segundo. En agosto pasado hubo una gran polémica por un paper donde algunos padres reportaban que sus hijos adolescentes expresaban repentinamente inquietud con el género que declaraban hasta ese momento, lo que la autora llamó “disforia de género de inicio rápido”. Hubo muchas críticas a la metodología de esa publicación, primero porque se entrevistaba sólo a los padres y no a los chicos; segundo, por los sitios de dónde se había reclutado a esos padres, que quizás no eran lo más “abiertos” en temas de diversidad sexual. Mi punto es que para los padres era algo completamente nuevo, pero… ¡yo mismo supe que era gay muchos años antes de decírselo a mis padres!

-Usted dice que ahora los chicos se están atreviendo más.
-En la medida que ven a sus pares atreverse, claro. Por supuesto, si en un grupo pequeño de jóvenes la mitad anuncia súbitamente que es transgénero, hay que mirar eso con más cuidado, pero necesitamos entender mejor ese fenómeno y no rechazarlos a todos por la complejidad del mismo. Efectivamente, algunos no tomarán conciencia de lo que les pasa hasta la pubertad, o incluso a más avanzada edad.

-¿Y qué pasa con los que desisten de su transición?
-Hay poca información al respecto. Aun así, se calcula que de cien chicos que transicionan, cinco van a querer revertir esa transición, lo que es poco. Y sabemos que restringir el tratamiento es más dañino que ofrecerlo, porque incluso aunque “de-transiten”, la mayoría no se arrepiente de haberlo hecho: ven la transición como un camino en su reafirmación de género.

-¿Qué señales deben mirar los padres en sus hijos que manifiestan disconformidad de género?
-Hay ciertos predictores y yo me apegaría a tres elementos: consistencia, insistencia y persistencia. Un niño que empuja por una transición social, pidiendo un cambio de nombre, de forma de vestirse y verse. Que le dice a sus papás “yo soy niño, no niña”, mostrándose además estresado si no puede hacer los cambios deseados. Ahí hay una expresión del niño que es consistente. Después, es realmente insistente en ese discurso, y que además de ser repetitivo, persiste en el tiempo, no se le olvida.

-¿Qué ha aprendido usted tratando a estos pacientes?
-Uf, es difícil, he aprendido tanto. Médicamente hablando, en el área que me desempeño uno aprende a desenvolverse y trabajar en cierta incertidumbre. Cuando a veces no hay mucha información objetiva, eso puede casi paralizarte, porque sientes que te falta información para respaldar tu decisión y optas por esperar. Hay que aprender a navegar en esa situación y seguir adelante con tu juicio clínico y experiencia, pensando en lo que tus pacientes necesitan.

-¿Los médicos tienen miedo de equivocarse?
-Todos tenemos ese miedo, y todos los médicos batallamos con esa idea. Pero por el miedo a tratar a un niño que tal vez no debe ser tratado, creo que muchas veces presionamos a los chicos trans en una forma que no lo hacemos con los otros chicos. Si un niño transgénero te dice “soy un niño”, tú le preguntas, ¿estás seguro? y buscas confirmar lo que está diciendo, porque, claro, hay consecuencias, como darle a ese paciente una hormona. Sin embargo, no sometemos a los niños cisgénero a ese mismo cuestionamiento, y creo que en ese sentido tenemos que aceptar que estos niños son simplemente niños, no distintos de los otros. Me parece que nos falta reflexionar ahí y dar un paso atrás: tomar la información que tenemos de las personas cisgénero y aplicarla en nuestra aproximación general a las personas trans. Eso es algo a aprender.

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