Hoy Lollapalooza vuelve tras dos años de ausencia. No será en el Parque O’Higgins como fue costumbre desde 2011, sino que en el Parque Bicentenario de Cerrillos. Aunque cambió el recinto, el ambiente, la multitud y la energía será similar: 110 espectáculos se repartirán en siete escenarios distintos y los miles de espectadores disfrutarán de tres días de rock, rap, música electrónica y urbana.

De toda esta fiesta es parte Cristián Olavarría (66), dueño de Olavarría Sonido, encargado de instalar una parte importante de los equipos de audio que se utilizan en el festival, desde que arrancó hasta la fecha. A través de sus parlantes e implementos de sonido han sonado The Killers, Fat Boy Slim, Armin Van Buuren y The Weeknd, entre otros. Para la versión 2022 de Lollapalooza, el repertorio del que estará a cargo va desde la chilena Flor de Rap, pasando por el punk rock de Marky Ramone, el reggae de Cultura Profética y Rawayana, hasta los estadounidenses Doja Cat y A$ap Rocky.

Son apenas una pincelada de todos los artistas y eventos en los que ha estado Olavarría con sus sistemas de sonido y su equipo de profesionales. Una pincelada de lo que ha hecho en 43 años de trayectoria. Con orgullo, recuerda las veces que estuvo a cargo de proveer los equipos en los conciertos de Iron Maiden, The Police, Rogers Waters, Paul McCartney, Bon Jovi y Rush.

Son tantos que a Olavarría a ratos se le pasa algún nombre, alguna banda, alguna fecha. Ni qué decir de la cifra de escenarios en los que ha estado: estima que en promedio trabaja en unos 150 al año, lo que a lo largo de su trayectoria significaría unos seis mil eventos. Por eso recurre a su computador y comienza a bucear en las carpetas de las que tiene registro, nombra algunos escenarios del Lollapalooza en los que ha estado, conciertos en los que participó y remarca uno, su predilecto: el de Rogers Waters en 2012 en el Estadio Nacional.

Cristian Olavarría ha dispuesto los equipos de sonido en cientos de conciertos en el Estadio Nacional. Uno de sus favoritos: el de Roger Waters en 2012.

La genialidad musical y el espectáculo del fundador de Pink Floyd le quedaron grabados: la virtuosidad de los músicos interpretando Another Brick in the Wall, Hey you y Comfortably Numb; la parafernalia pirotécnica; el avión que cruzó el estadio de norte a sur y derribó un muro y, por supuesto, el inmenso despliegue de audio que incluyó, recuerda Olavarría, seis torres alrededor del recinto, con equipos por todos lados que dieron una sensación única en la que los ruidos de disparos y de helicópteros sonaban reales y cercanos.

“Fue un montaje espectacular, no te imaginas la cantidad de parlantes puestos en las graderías de arriba. El sonido daba vuelta por todo el estadio. Espectacular”, resume.

Pero Olavarría Sonido no solo ha estado presente en los eventos musicales. También en cambios de mando presidenciales –como el del Presidente Gabriel Boric o el de Patricio Aylwin, en 1990– y en uno en particular: la visita del Papa Francisco en enero de 2018.

Un tiempo antes lo llamó el productor general a cargo de la visita del Sumo Pontífice, lo invitó a su oficina y le contó todo el itinerario. Le subrayó que quería encargarle el sonido del espacio más importante, que sería el Parque O’Higgins, y le explicó qué significaba.

Olavarría no aceptó de inmediato. Para el 14 de enero tenía programado el concierto de Plácido Domingo en el Nacional y la logística era gigante. “Surgió la idea de que se podría cambiar y ahí me convenció un poco, pero finalmente nunca cambió”, recuerda.

Con el compromiso listo, tuvo que llegar con al menos dos semanas de anticipación al parque para instalar 23 torres de audio, hacer las conexiones de red e instalar los cables que recorrieron todo el recinto. Apenas terminó el show del cantante español empezaron a desarmar todos los equipos, a cargar los camiones y emprender rumbo hacia el Parque O’Higgins. Durante la noche agregaron lo que faltaba y el lunes 15 de enero estaba todo dispuesto para las más de 500 mil personas que llegaron a presenciar al Papa.

Un comienzo autodidacta

Cristián Olavarría atribuye la demanda que tiene su trabajo a dos factores: a su afán obsesivo, que ha cultivado desde sus comienzos, y al equipo de trabajo que lo ha acompañado a lo largo de los años. “Ahora no he ido al Lollapalooza, va mi gente no más, porque son todos extremadamente profesionales. Diría que el 100% del éxito tiene que ver con la gente que he elegido: todos técnicos espectaculares, de confianza y que he mantenido”, resume.

Olavarría, quien comenzó en este rubro en 1979, es un autodidacta. Sin formación base en el área, con los años fue realizando cursos y perfeccionamientos en distintos ámbitos. En esa época los equipos de sonido eran rústicos; los parlantes eran armados por él mismo, ya que adaptaba cajas para instalar los equipos de audio, y en los trabajos que tomaba también manejaba las consolas. Paulatinamente fue agregando a profesionales de distintas áreas a su equipo. La pasión por la música, el rock y el sonido lo impulsaban constantemente a explorar nuevas formas de armar las cajas y mejorar la calidad.

Olavarría enfatiza que la clave de su éxito ha sido la gente con la que trabaja. "Son todos técnicos espectaculares, de confianza y que he mantenido".

En los diez años siguientes realizó muchos eventos. Además de trabajar con Miguel “Negro” Piñera, recuerda con especial énfasis los conciertos de jazz que abundaban a finales de la década de 1980 y durante 1990. También el Estadio Chile –hoy Víctor Jara– repleto en el ciclo de The House of Viceroy, con Chick Corea y Jean Luc Ponty, y luego el teatro Caupolicán. “En ese tiempo Prodin era la productora de moda, y me empecé a ganar las pegas importantes cuando no había mucha competencia. Era interminable la cantidad de conciertos que hacíamos”.

En 1989, cuando Rod Steward dio el puntapié al comienzo de los megaconciertos en el país, hubo un punto de inflexión para el fundador de Olavarría Sonido. Él no participó con sus implementos, ya que el artista traía todos sus equipos desde el Reino Unido. “Sin embargo, me invitaron como intérprete. Así, días antes del concierto, con mi equipo aprovechamos de abrir una caja de sonido y la copiamos. Sacamos unos modelos, vimos cómo estaban armados y los replicamos después. Sacamos muchas ideas”, detalla.

Un empujón tecnológico que precedió a los eventos de los que fue parte en las décadas siguientes. Un año después hizo su primer concierto grande: Silvio Rodríguez. El empresario Luis Venegas, quien en esa época se dedicaba a hacer muchos conciertos, pero en Temuco, un día llamó a Olavarría y le contó que lo había contactado el médico Fernando Meza –quien luego fue diputado–, que era amigo de Rodríguez y que había intercedido para que viniera a tocar al país.

“Fue de las primeras pegas grandes, fue un desafío muy grande y satisfactorio”, cuenta.

La proeza del Festival de Viña

Cristián Olavarría ha estado en importantes eventos, como el Festival de Viña y el Festival de Olmué. También se ha hecho cargo desde 2008 de todos los conciertos que se han realizado en la cúpula del Parque O’Higgins, por donde ha pasado otra tonelada de artistas de primer nivel mundial y nacional.

En el caso de Viña, comenzó en los 90 arrendando los equipos para el festival, pero sin realizar ningún otro servicio. En 1994, cuando el evento cambió de casa televisiva, de TVN a Mega, Televisa se hizo cargo de todo: los técnicos, los equipos, la luz y el sonido; todo llegó desde Estados Unidos. Olavarría fue a ese festival, pero porque trabajaba junto a Myriam Hernández, y como sonidista le tocó trabajar en las consolas con los norteamericanos.

“Estaban locos, nunca se imaginaron lo que era este festival; ellos venían a otra cosa, no sé. No habían dormido, estaban muchas horas allá y lo único que querían era irse. Un día me tiraron una consola y me dijeron ‘arréglatelas’. Fue terrible en lo personal”, recuerda.

Al año siguiente lo llamaron del canal para explicarle que los norteamericanos no vendrían bajo ningún punto de vista. Que si aceptaban lo harían por el doble de dinero, porque era demasiado trabajo. Entonces le ofrecieron a Olavarría, quien no tenía nada en comparación a los equipos que se habían usado a lo anterior. “Puedo hacerlo, pero ‘a la chilena’”, les contestó. “No se puede. Quedó muy alta la vara”, replicó la organización.

Olavarría proporciona los equipos de amplificación y sonido en conciertos, shows y ceremonias. Ha trabajado en la visita del Papa Francisco y en cambios de mando presidenciales.

En esa disyuntiva, y con la clara intención de trabajar en la Quinta Vergara, Olavarría recordó un viejo contacto de Brasil que había conocido en el Rock in Chile, donde había estado Eric Clapton, Bryan Adams y David Bowie. Recuerda que se había tomado un café con el dueño de la empresa Gabisom, que hacían mega eventos allá: “Lo llamé y le dije lo del festival, lo que necesitaba, y me dijo que tenía todo y mejor que los estadounidenses”.

Así llegó en 1995 al Festival de Viña de la mano de esta empresa brasileña, con quienes estuvo hasta 2018. “Eso sí, con los años les pedía cada vez menos cosas, porque aprovechaba de comprar mis propios equipos. Si el primer año tuve 10 consolas arrendadas, al siguiente pedí ocho porque ya me había comprado dos. Después les dije que no trajeran parlantes, porque ya tenía los míos. La última vez necesitaron apenas una camioneta para trasladar todo”, evoca Olavarría.

Aunque no estuvo en 2002, 2003 ni 2019, volverá a la edición de Viña 2023.

Construir toda esta trayectoria, asume, ha significado un enorme sacrificio para él. Personal, económico y profesional. A las 8 de la mañana ya está sentado respondiendo correos y cotizaciones, mientras que durante el resto del día cierra negocios. Un domingo no es sinónimo de descanso para él: “Ahora estuve mandando los contra rider –el documento con todas las necesidades técnicas– de Marky Ramone y Nicky Nicole. Así ha sido siempre, ha sido una vida complicada, muy sacrificada”.

En 2019, Cristián Olavarría se compró los mejores sistemas line array –unidades que van acopladas entre sí– disponibles en el mercado mundial. Viajó a Francia y gastó una pequeña fortuna en todos los equipamientos, pero como muchos espectáculos se cancelaron producto de la situación social de país y la crisis sanitaria, ha tenido que rebuscárselas para pagar el crédito que le permitió realizar esta inversión. “Son de primer nivel, los mismos que ocupan en Coachella. Así ha sido siempre, invertir e invertir, porque siempre aparecen cosas mejores, y sufrir. Pero al menos no estoy metido en iluminación; esos están peores, porque cambian cada seis meses”, reflexiona entre risas.