Debate apenas




Era la última oportunidad para un debate que nunca se dio a plenitud, donde los espectadores se encontraron más bien con ocho entrevistas en paralelo, y donde el intercambio de opiniones serio, respetuoso y con altura de miras, brillo por su ausencia. En términos generales, no se escucharon anoche ideas muy novedosas y originales, salvo quizás la libreta de ahorro previsional para los niños planteada por Carolina Goic; pero en la medida en que los candidatos no estuvieron dispuestos a correr grandes riesgos, no hubo tampoco grandes sorpresas.

Sebastián Piñera, el candidato que ostenta los mayores apoyos en las encuestas y, por tanto, quien tenía más que perder, mostró un desempeño correcto, sin errores visibles, y logró esquivar los cuestionamientos de sus contrincantes. En rigor, sorteó esta última valla sin grandes costos y dejó una imagen de solidez que de algún modo viene a consolidar la posición que hasta ahora mantiene en los estudios de opinión.

Su principal contrincante -Alejandro Guillier- fue sin duda quien más sufrió con las preguntas de los entrevistadores y, sobre todo, con la dura arremetida en su contra de Marco Enríquez, circunstancia que terminó siendo el momento más memorable de la contienda. En síntesis, el candidato del PRO reiteró que, a su juicio, el abanderado oficialista está inhabilitado para ser candidato, debido a los presuntos vínculos de su proceso de recolección de firmas con el narcotráfico. Pero la nota alta de la noche fue la denuncia sobre una presunta amenaza de muerte en su contra, que habría sido efectuada por el diputado radical Fernando Meza, quien está vinculado a la campaña del candidato oficialista. Dicha denuncia sirvió al final para reforzar los cuestionamientos a la integridad de Alejandro Guillier, a quien Marco Enríquez le dio a través de este expediente el golpe más duro del evento.

En lo que respecta a los demás, el curso del debate fue dejándolos en una inevitable trastienda, sumidos en la bruma de cierta irrelevancia, condicionada por el hecho de que la disputa real y determinante corre por el carril fraguado por los candidatos que tienen más opciones de pasar a segunda vuelta. En efecto, la evaluación de los candidatos no puede hacerse al margen de la posición y el nivel de respaldo que exhiben en la ciudadanía. Por tanto, es inevitable también que la participación de cada uno de los candidatos se haga en función de los efectos sustantivos que sus expresiones tienen y tendrán en el proceso electoral y político.

En definitiva, el debate de Anatel realizado anoche concluyó con Sebastián Piñera saliendo sin daño de su última gran prueba pública. En contraste, Alejandro Guillier quedó marcado por la brutal descalificación realizada por Marco Enríquez, circunstancia que refuerza las dudas respecto a la viabilidad de un acuerdo o, al menos, un acercamiento para el balotaje. En lo que respecta a los demás, con evaluaciones seguramente disímiles respecto a sus desempeños generales, lo que queda como corolario es que no hubo anoche nada lo suficientemente relevante como para modificar el escenario cristalizado hasta antes de esta última contienda.

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