Voces

Fernando Milagros, la creatividad en curso

Marcelo Contreras

periodista, crítico musical

@marcelotreras


No goza aún del renombre de Manuel García ni el entusiasmo suscrito a Gepe o Nano Stern, pero debiera ser un asunto de tiempo, porque sus argumentos resultan elocuentes. Fernando Milagros presentó su cuarto disco, Nuevo sol, la noche del jueves en el Club Chocolate, y mientras avanzaba el estreno oficial con abundante público, se impuso la certeza de que su figura y música merecen más notoriedad. Veámoslo así: si Gustavo Cerati hubiera acuñado un cariz latino y folclórico en su pop rock de cepa británica y ambición electrónica, quizás habría sonado y lucido como hoy lo hace este músico nacido en Talcahuano, paradigma del indie chileno en el más amplio sentido del término.

Fernando Briones, su verdadero nombre, atiende el cuadro completo. Muy probable que su oficio como diseñador teatral sea el motivo. Ya sea el uso de la iluminación, los videos e imágenes proyectadas, o el vestuario que consideró un cambio de ropajes al turno de Abuelo -detalles que no abundan en la escena nacional-, contribuyeron a una experiencia artística con múltiples ángulos y atractivos. Con el apoyo de tres músicos y una serie de instrumentos incluyendo distintas piezas de percusión, sintetizadores, máquinas de ritmos, guitarras eléctricas, acústicas y un cuatro, más variados invitados contando a Rubén Albarrán de Café Tacuba para el single Puzzle, Milagros ofreció con gracia y fluidez sus canciones rítmicas y melancólicas, la misma fórmula que da particularidad a los sonidos del altiplano.

Cuando cita a Los Jaivas -lo hizo con Indio hermano y Mira niñita-, la referencia no se limita a versionar, sino que en gran parte de su material renueva la lección de los viñamarinos: combinar folclor latinoamericano, sonoridad eléctrica, pulsaciones pop, y creatividad desde la percusión, todo con rúbrica de pleno siglo XXI. No es revivalismo del sonido o estilo Jaivas, para nada, sino seguir la senda de cruzar elementos del rock y géneros autóctonos.

Cada influencia que asoma en Milagros, incluyendo un afelpado sonsonete dylaniano, finalmente llevan su firma orgullosa, un relato propio. Restan detalles. Las líneas vocales necesitan más opciones de abordaje, soltar amarras, porque a ratos las canciones se confunden. El saldo de todas formas ofrece una obra sólida, de múltiples influencias, chilenísimo, latino y universal a la vez.

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