¿Qué más se puede pedir?




¿Qué se le puede reprochar a este Chile? Que no tuvo tanto gol como merece su volumen ofensivo; que haya marcado cuatro en la Copa Confederaciones, ninguno de ellos en los últimos dos partidos, no es un dato para pasar por alto.

¿Qué más? Que no tiene abanico para elegir a jugadores como Alemania, que, tal como ese tuit que daba vueltas en las redes sociales en estos días, bien puede armar cuatro oncenas más o menos igual de competitivas.

Ya ¿Algo más?

La verdad, y camisetas aparte, no mucho.

Hay formas y formas de perder, y este equipo ha demostrado que venderá cara cada una de sus derrotas, sin importar quién esté al frente. La convicción de que puede imponerse a cualquiera es algo a lo que el fútbol chileno no estaba acostumbrado y eso no puede olvidarse, por más que esta vez no haya encontrado la manera de recuperarse de un error infantil de uno de esos que casi nunca se equivoca y que ha sido clave en el desarrollo de este equipo.

Marcelo Díaz se equivocó feo, su moral se vino al piso y una parte de la de sus compañeros también. Pero siguieron batallando. Cuando la Roja se quedó sin fútbol, sacaron el barrio desde adentro y lo llevaron a San Petersburgo, intentando superar como fuese a una escuadra ordenada y de enorme potencial.

No pudieron. Esa falta de gol se convirtió en una montaña insalvable.

Duele perder y tener que conformarse con hacerlo dignamente. La historia recuerda sólo a las ganadores, y es cierto. Pero remitirse sólo a eso es un error, más para un Chile que vive sus mejores años en un siglo y que debe sacar un millón de aprendizajes de lo que ha hecho este grupo.

El que vivió las épocas malas de la Selección, los castigos, las goleadas, sabe que esto de terminar metiendo en su arco a Alemania (a Alemania B, C o D, ¿importa?), de dejar en el camino justamente al campeón de Europa, que el mundo alabe tu esquema de juego y a tus futbolistas, no es habitual, sino que algo distintivo. Algo que este equipo ha conseguido por sobre sus defectos y a que el peso se lo han llevado un puñado de nombres que quién sabe si volverán a repetirse en el futuro.

¿Qué se le puede reprochar a este Chile? No mucho. Pero aún le queda algo. Rusia 2018 será su canto del cisne, aunque primero debe clasificar (con decisión del TAS a favor o en contra). ¿Qué más se le puede pedir? Nada más ni nada menos que una despedida a la altura de sus logros imborrables.

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