Voces

ONU, Virus Zika y Aborto

Rosario Vidal

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El 5 de febrero, el Alto Comisionado de la ONU, el Príncipe Zeid Ra’ad Al Hussein de Jordania, realizó un llamado a los países latinoamericanos para que permitieran el aborto en caso de embarazadas contagiadas con el virus Zika. Sin embargo, éste, además de obviar que el interpretar la Declaración de Derechos Humanos y tratados en favor de un supuesto derecho al aborto está fuera de su competencia, pasa por alto parte importante de lo que esta crisis ha revelado con respecto a las mujeres: el abandono que sufren mujeres embarazadas de hijos diagnosticados con microcefalia por parte de su pareja y el cómo muchas asumen la maternidad en soledad, como una alternativa que se ve menos dolorosa y difícil que la de abortar o renunciar a su hijo cuando, a diferencia de los hombres que las abandonan, ya tienen un vínculo con él.

 Y es que la pretensión del aborto como derecho a elegir, invisibiliza que la maternidad comienza mucho antes del momento del parto. Lejos de cumplir el supuesto objetivo de dar opciones en favor de las mujeres, un llamado de esta naturaleza pone de manifiesto la banalización del acto abortivo, invalidando que las mujeres tengan un vínculo maternal con su hijo aunque esté enfermo o sufra una discapacidad, lo que finalmente más que empoderar a las mujeres en el ejercicio de la toma de decisiones, vuelve al aborto imperativo:  ¿Cómo no elegir el aborto en medio de la amenaza de abandono, precariedad y adversidad, si se plantea como una simple elección frente a opciones de igual valor, el continuar con la maternidad o ponerle fin con la muerte del hijo en gestación?

Por otra parte, desde la perspectiva de la salud de la mujer, instar al aborto en casos de microcefalia, implica la realización de abortos tardíos, pues la mayoría de los diagnósticos se realizan en el tercer trimestre de embarazo, requiriendo necesariamente ser corroborado después del nacimiento – o incluso años después- lo que conlleva  un  riesgo evidente en salud mental y física para la mujer. No parece razonable combatir las inciertas consecuencias del Zika, impulsando a la toma de un riesgo efectivo en la salud asociado al aborto. Tampoco parece una causa humanitaria, promover la muerte prenatal de quienes se han visto afectados posiblemente con el virus.

Desde una perspectiva de derechos humanos – la cual debiesen representar los organismos que los promueven y protegen- no es comprensible que se pierda de vista  lo que significa un aborto en sí. Si nos alejamos de la teoría de los grupos de presión, según la cual el aborto es el ejercicio de un derecho en materia sexual y reproductiva, y nos acercamos a la realidad, el aborto -legalizado o no- se manifiesta sobre todo  como un signo de vulnerabilidad  y no de empoderamiento de las mujeres. Esto en parte se ve demostrado en cómo muchas de las ideas imperantes respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, condicionan ésta, a la inexistencia o relego de la maternidad, donde tal pasa a ser causal de exclusión; y con ello son afectadas todas las  mujeres -pues cada una es potencialmente madre-, más aún cuando la maternidad no cumple con el estándar de lo “óptimo” (maternidad adolescente, maternidad al cuidado de  hijo o hija con discapacidad, etc), resultando el aborto una forma de prolongación de las injusticias. Injusticias que, por cierto, no sólo afectan a las mujeres. El aborto también  refleja la discriminación subyacente contra individuos y grupos humanos. Por esto, resulta inaceptable que el Alto  Comisionado de la ONU no haya tenido en cuenta que el llamar a la legalización del aborto en Latinoamérica  por la posible discapacidad  en niños y niñas que nacen con microcefalia, resulta en el impulsar una política eugenésica y contraria a Convención sobre los Derechos de Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, que señala  en su artículo 10 “Los Estados Partes reafirman el derecho inherente a la vida de todos los seres humanos y adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar el goce efectivo de ese derecho por las personas con discapacidad en igualdad de condiciones con las demás”. Con este llamado está desconociendo los esfuerzos de varias organizaciones en el mundo que defienden los derechos de las personas con  discapacidad, entre las cuales está el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la misma ONU, que en razón de hacer efectivo el derecho a la vida y terminar con la discriminación, han solicitado a  estados de países donde el aborto es legal que suscriben a la Convención, terminar con la diferenciación respecto a causales y plazos de aborto por discapacidad.

Asimismo,  no deja de ser un hecho preocupante que el Alto Comisionado reconozca que no existe una relación causal comprobada entre el Zika y microcefalia, a la hora de hacer  este llamado; pero no ponga en perspectiva que, mientras en ningún país afectado por el virus, fuera de Brasil, los nacimientos de niños con microcefalia se han visto aumentados, existen datos que hablan de causas diversas que pudieran provocar este aumento en el nacimiento de niños y niñas con microcefalia en Brasil, tales como desnutrición y uso indiscriminado de pesticidas, posibles causas que dicen de la vulneración sistemática de derechos, en que los gobiernos tienen el deber de intervenir

En suma, la declaración del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, lamentablemente evidencia más la ansiedad de ONGs y grupos de presión insertas en el aparato burocrático de la ONU en pos de la consecución de políticas en favor del aborto como prestación de salud en Latinoamérica, que preocupación por la promoción del respeto de todos los derechos humanos y un genuino llamado en favor de las mujeres.

 

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