¿Qué pasa con el Servicio Electoral?




EL FALLO del Tricel que revierte de manera unánime lo resuelto por el Consejo del Servicio Electoral (Servel) respecto del partido Ciudadanos, viene a ratificar que la actual institucionalidad del Servel no está dando el ancho ante las reformas que han buscado perfeccionar nuestra democracia. El triste episodio de los 500 mil domicilios electorales cambiados, el errático comportamiento frente a las primarias municipales y la cantidad de errores frente a los nuevos partidos y el refichaje ratifican el punto (las cifras sobre Ciudadanos cambiaron cuatro veces en tres semanas). ¿Qué pasa con el Servel?

Las causas parecen ser varias. Primero, el tamaño de la institución, su presupuesto y capacidades técnicas no son acordes a la tareas de la ley 18556: 1)Administrar, supervigilar y fiscalizar la inscripción electoral, los padrones electorales y el acto electoral; 2)Supervigilar y fiscalizar el cumplimiento de las normas sobre campañas electorales y su financiamiento; 3) Supervigilar y fiscalizar el cumplimiento de las normas de los partidos políticos.

Segundo, la oportunidad que significaba la existencia de un órgano directivo superior colegiado, terminó capturada otra vez en la peor de las prácticas de los partidos políticos: un Consejo cuoteado y administrado en la lógica binominal, con pocos juristas especializados, que ha llevado al absurdo que algunos de ellos -sociólogos o los ingenieros - "cuestionen" estos días el fallo de los Tribunales de Justicia en sus argumentos jurídicos. El excelente desempeño de Patricio Santamaría o de algunos de sus miembros, solo son excepciones que confirman la regla: muchos de ellos están sentados ahí por orden y gracia de los partidos tradicionales.

Tercero, sus criterios de interpretación siempre han ido de frente a la naturaleza de nuestro orden constitucional: han sido restrictivos a la participación electoral y cercenadores de la libertad de asociación.

Es decir, entendiendo que su rol no es interpretar armónicamente el orden democrático, sino encontrar el obstáculo regulador. Y cuarto, parece irracional que un servicio acumule funciones de tan diversa naturaleza. No tiene lógica que el órgano encargado de supervigilar el padrón electoral, sea el mismo que regula el funcionamiento de los partidos políticos y fiscaliza el gasto electoral. Digamos que todo esto no es exclusiva responsabilidad del Servel: la obsesión de los partidos tradicionales por tener una ley que cuidara sus privilegios concluyó en una norma extraña y que requiere exégetas para interpretar reglas tan absurdas como la existencia de militantes "suspendidos" por no reficharse. Casi delirante. ¿Cómo avanzar? lo primero parece idílico: pedirle a los partidos tradicionales que no degraden su funcionamiento a través del cuoteo de sus nombramientos y convencer al Servel que entienda que su rol debe ser fomentar la ciudadanía -facilitar el derecho a elegir y ser elegido- no limitarlo. Segundo, hacer cambios institucionales profundos. El gobierno y el Congreso deben hacer reformas a la brevedad. Estos cambios deben avanzar en pasar de la autonomía constitucional del Servel a la creación de dos órganos constitucionales: el primero una Superintendecnia de Partidos Políticos, encargada de la regulación, fiscalización y funcionamiento de los mismos, y del control del gasto electoral y financiamiento de los partidos políticos. Y un segundo órgano encargado del Padrón Electoral y la supervigilancia de los procesos electorales. Ambos con directivos superiores independientes, nombrados con la participación de los tres poderes del Estado y con un perfil profesional adecuado al cargo.

El Servel no le es indiferente a nadie. Básicamente porque del sistema electoral y de la forma en que se organizan los partidos políticos, depende el Estado Democrático de Derecho. Y no podemos darnos el gusto de seguir fallando.

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