¿Podríamos tener nuestro propio Donald Trump?




En los próximos días se decidirá la elección en Estados Unidos y Donald Trump, conforme a la información disponible, tiene opciones de llegar a la Casa Blanca. Que éste haya sido un candidato competitivo, a pesar de ser un mal prospecto, es algo que no deja de ser paradójico ya que muy poca gente se había tomado en serio su postulación a la precandidatura republicana.

Entonces, ¿por qué se da el fenómeno Trump? No creo que la respuesta esté en las especiales características del candidato, que sobresale por su peculiar forma de ser, sino más bien tiene que ver con una cierta sensación de inseguridad política y económica que se percibe en la mayoría de las democracias. Y el parangón entre Chile y Estados Unidos, a este respecto, no es menor.

En el caso norteamericano, la desafectación con la clase política está fuertemente influida por un castigo hacia los republicanos, dada por su mal manejo económico y la desconfianza en la forma de abordar los problemas del 11 de septiembre, por una parte, y la guerra contra Irak, por otra. Esto ha llevado a los demócratas a ganar las dos últimas elecciones presidenciales.

Sin embargo, a estas circunstancias se suma ahora la incredulidad hacia las políticas estatales promovidas por la administración del Presidente Obama y una mala percepción de lo que representa la clase política, como clase profesional exitosa. En otras palabras, se percibe como una clase privilegiada y la alternativa a ello es: el voto de castigo.

Este fenómeno no nos es ajeno, desde que en Chile los electores también desconfían del establishment. Ello explica la simpatía que generaba la presidenta Bachelet, que se la evaluaba como ajena a la política.

El otro fenómeno que ocurre en Chile y EE.UU. es el relacionado con la corrupción. En este ambiente enrarecido, la ciudadanía está dispuesta a castigar con su voto a los candidatos que se perciban como corruptos, tal como sucedió en las elecciones municipales. A este respecto, la pregunta que se deba hacer es: ¿cómo estos dos fenómenos pueden influir en las elecciones presidenciales?

La respuesta es simple. La elección de candidatos tradicionales no necesariamente será exitosa, a pesar de lo que señalen las encuestas, por las siguientes razones. Primero, en primera vuelta el voto será difuso, es decir, podríamos encontrarnos con tres o incluso cuatro candidatos, entre los cuales no haya una gran diferencia de voto. El segundo factor es un eventual voto de castigo hacia la Nueva Mayoría -dado su evidente mal gobierno-, pero también hacia Chile Vamos, debido la percepción de ser parte del establishment. Finalmente, en este escenario será de vital importancia elegir candidatos que sean intachables.

Este análisis debe ser fundamental dentro de cada uno de los grandes bloques de nuestra política a la hora de elegir precandidatos presidenciales, porque un eventual Trump chileno seguramente jugará por fuera de las coaliciones y puede resultar sorprendentemente competitivo.

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