Una pésima idea




Después de estas tres últimas semanas, ¿habrá alguien que sensatamente apoye los balotajes? Son una muy mala idea. El gobierno aprovecha para entrometerse donde no debe. Los nervios se ponen de punta, la espera es interminable. Los candidatos cometen errores estúpidos. A mayor tiempo que se destine a la segunda vuelta, aumenta el riesgo de que cualquier hecho inesperado sirva de "tipping point" (¿qué pasaría si tuviésemos un terremoto o incendios entremedio, distorsionaría la voluntad soberana?).

En el fondo, se termina inflando mayorías efímeras (instrumentales, como el "todos contra Piñera" que no sirve como programa de gobierno), además de alterar el resultado inicial de la primera vuelta que es una muestra más realista de cuánto apoyo efectivo concitan los candidatos. Se ofrece un espectáculo a cambio: los dos candidatos, de hecho derrotados, mendigando votos, mientras la supuesta carta triunfadora (el Frente Amplio) no figura en la papeleta final; es decir, el balotaje solo mediría falsas expectativas. Al menos los genios que idearon este mecanismo no hicieron, como en otros países, que la elección se volviera a repetir con todos los candidatos en segunda vuelta (Navarro y Artés de nuevo, imagínese).

El sistema está hecho para realzar la importancia de una presidencia de la República que importa electoralmente cada vez menos (ni siquiera la mitad del electorado vota). Se llega a la presidencia con una mayoría que no es tal, desinflada inmediatamente después que cesa el conteo. Sin embargo, se le otorga un tremendo poder de chantaje a quien hace posible la diferencia (el PC el 2000 y 2006, ahora el FA, entren o no al gobierno). Y eso que, insisto, las mayorías no pesan. Bachelet con menos del 20% de apoyo, según sondeos, hizo lo que quiso, y eso que tenía menos apoyo que Allende en la mañana del 11S. Poderoso poder el manejo del Estado desde La Moneda.

¿Qué habría pasado si nos hubiésemos quedado con los resultados del 19N? Piñera habría tenido que armar gobierno, aceptar la realidad (37% de apoyo a su persona),  debiendo reconocer sus malos cálculos previos; es decir, habría ganado sin triunfalismo. Goic y la DC no estarían R.I.P. sino negociando con Piñera un gobierno de unidad nacional. Esto es, no habría sido necesario tener que mirar ávidas caras de gente no confiable (Ossandón y el FA), llevándolos a una mesa de negociación más pública y exigiéndoles que se dejaran de chantajes. La atención estaría puesta en la coalición, no en la figura de Piñera que entusiasma cada vez menos.

Tendríamos un régimen más parlamentarista y realista, habiéndose reducido algo la prepotencia de una presidencia magnificada fuera de toda proporción, y nos habríamos evitado cuatro semanas de un show deprimente que hace presumir cómo va a ser el próximo gobierno, quien sea que "gane".

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